Tajanún (súplicas)

La repetición de la Amidá (Hazará) es seguida del “Viduy” (confesión de los pecados) por el cual se realiza un precepto positivo de la Torá (Levítico V:5). Durante los días de la semana ordinarios se recita el Tajanún “súplica”. La palabra hebrea proviene de la raíz “jen” que significa “gracia”, ya que Tajanún es una plegaria especial para que Dios perdone en forma generosa a la persona de sus pecados, aún cuando parezca que no lo merece. La oración de Tajanun es relativamente breve, pero los días lunes y jueves por la mañana es incrementada con una serie más larga de súplicas que comienza con las palabras Vehú Rajúm (El es misericordioso) y consiste en siete capítulos y un himno penitencial.

Tajanun

La palabra Tajanún procede de Daniel 9: 3: “Y volví mi rostro al Señor, D-os, buscándole en oración y súplicas…” (véanse también los versículos de Daniel IX: 17-20). La súplica era una forma de ruego personal diferente de la plegaria común ya establecida. Lo mismo aparece en Reyes l 8: 54, donde se dice: “Como acabó Salomón de rezar a Dios toda esta oración y súplica”.

De acuerdo con el Nusaj Arí, el Tajanún diario incluye la plegaria “confesional” Ashamnu “somos culpables”. En algunas congregaciones sefarditas, sin embargo, esta plegaria se dice tan sólo los lunes y los jueves, mientras que en la mayoría de las organizaciones ashkenazim esta plegaria no se incluye en el servicio diario y se dice tan sólo durante “Selijot”, los días de Ayuno.

Es un mandamiento de la Torá que una persona debe reconocer sus pecados ante Dios y buscar el perdón. Esto se hace de manera general en el Shemoné Esré, en la sexta bendición. De cualquier manera, el Rab Arí insistió en que la plegaria “Ashamnu” debería decirse cada día de la semana (tanto en Shajarit como en Minjá), siempre que se dice Tajanún. Esto se basa en el Zohar (obra fundamental de la Kábala), donde la importancia de recitar la confesión diariamente se enfatiza mucho. El Zohar declara que cuando una persona reconoce sus pecados, luego del Shemoné Esré, se coloca enteramente a disposición de Dios y se previene de un juicio muy severo: silencia al Yetzer Hará. Esto es bueno tanto para la persona como para el mundo en general, porque de esta manera, la cualidad de la Misericordia Divina se despierta, mientras que la del Juicio Severo (Din) se desvanece.

Dado que el texto bíblico parece indicar que la oración fue seguida siempre de súplicas, los sabios del Talmud desarrollaron el hábito de agregar un ruego personal a Dios después de haber concluido las oraciones obligatorias (Berajot 16b-17a). Los Sabios suplicaban a Dios para que mostrara especial clemencia y compasión en cuestiones hacia las cuales eran particularmente sensibles o que les afectaban mucho.

En el Talmud se mencionan los ruegos personales de once Sabios. Una de estas súplicas, la de Mar hijo de Raviná, se convirtió con el tiempo en la plegaria de clausura de la Amidá silenciosa. Otra, la de Rabí Yehudá Ha’Hasí, fue incluida en las primeras bendiciones matinales. La oración de Tajanún se desarrolló de acuerdo a esta tradición.

En forma gradual muchos fieles fueron desarrollando la costumbre de agregar sus propias palabras de súplicas personales después de la conclusión del servicio de oraciones (Berajot 31a). Durante muchos siglos estas rogativas o súplicas improvisadas fueron totalmente espontáneas, discrecionales y sin estructura fija. Cada uno expresaba lo que predominaba en su mente y lo que más le pesaba en el corazón. Recién después del siglo XlV de la era común, comenzó a cristalizarse el texto formal de Tajanún que se introdujo como parte integral del servicio de oraciones de la congregación. Este texto consistía en capítulos recolectados del Tanaj. El Tajanún cotidiano corto consiste actualmente en el Salmo 6 con una breve introducción, un himno al Guardián de Israel y un párrafo de clausura.

El salmo 6

Este salmo con su introducción es particularmente significativo para toda persona que, como en el caso del rey David, está en dificultades o apremios, o está enferma. La postura que se asume al recitar esta parte del Tajanún cotidiano es estar sentado, encorvado sobre sí mismo, con el rostro bajo apoyado en el antebrazo izquierdo. Para que se pueda leer el texto correspondiente del libro de oraciones, éste debe sostenerse debajo de los ojos. En el servicio matinal, cuando se usan los “tefilín” en el brazo izquierdo, se baja la cabeza sobre el antebrazo derecho. Esta postura simboliza lo que se practicaba en el Templo de Jerusalem, donde el pueblo se prosternaba y se inclinaba hasta tocar el piso con el rostro, gesto éste de absoluta humildad e incluso auto-humillación que indica total sumisión a Dios.

Debido a la postura singular que se adopta para esta oración, Tajanún es conocida también con el nombre de “Nefilát apáyim” (abatirse sobre el rostro). La forma modificada en que la persona se “abate sobre el rostro” actualmente, tiene precedentes en el Talmud: “Dijo Rabí Jiyá bar Abín: ‘ He visto a Abaya y a Rava suplicando ‘, lo cual es interpretado por Rashí como “inclinados sobre el costado, pero sin abatirse sobre el rostro” (Rashí, Meguilá 23a, Berajot 34b).

En el período Post-Talmúdico sobrevino otra modificación llegándose así a la postura que se asume en nuestros días. Cuando se dice Tajanún en un lugar donde no hay Arca Sagrada, no se asume esta postura. Ello responde al espíritu del versículo de Josué (7:6) donde se dice que Josué “postróse en tierra sobre su rostro delante del Arca del Señor“.

La Biblia describe a Moisés en tres posturas de oración: “Y estuve sentado en el monte” (Deuteronomio 9:9); “Y estuve de pie en el monte” (Deuteronomio 10:10); “Y postréme delante del Señor” (Deuteronomio 9:18).

El último capítulo de Tajanún que comienza con las palabras “Veanájnu lo nedá ma naasé” (Y nosotros no sabemos qué debemos hacer) señala que se han agotado todas las soluciones, y que “no sabemos lo que hemos de hacer” (Crónicas ll, 20:12). Lo que esto significa en última instancia es que la persona ha agotado todas las formas de oración en busca de la ayuda de Dios. Se ha estado sentado rezando (durante el Shemá y sus bendiciones); se ha estado de pie rezando (durante el Shemoné Esré), la persona se ha “abatido” sobre su rostro (durante estas súplicas). Lo que queda hacer por ahora, es concluir las súplicas con: “Ayúdanos, Señor, auxílianos por la gloria de Tu nombre; y sálvanos, perdonando nuestros pecados por amor a Tu nombre”.

En la liturgia sefardita se recita el Salmo 25 en lugar del Salmo 6. Las congregaciones sefarditas y algunas congregaciones ashkenazim preceden el Tajanún con una forma abreviada del “Vidui”, la plegaria confesional (Ashamnu) y un pasaje de la Biblia (Éxodo 34:6), que describe los trece atributos de Dios.

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