PARASHAT MISHPATIM: la Santidad en toda su expresión

Parashat Mishpatim, como su nombre lo indica: “Juicios”, “Ordenanzas”, se asocia con la parashá de la semana pasada Itró, en la que aún recordamos los ecos de la voz de Dios en el Sinai, con la entrega de los 10 mandamientos.

Una rara sensación produce esta parashá, especialmente a continuación de la anterior. Porque en ella encontraremos un listado de leyes sociales, personales y comunitarias, que, podríamos comprenderlas comúnmente como de menor “rango”, asociadas a la experiencia celestial que supuso la recepción de Aseret Hadibrot.

Leyes que promueven el trato humanitario de los esclavos, leyes que hablan de las penas por asesinato, secuestro, asalto y robo; penas civiles por daños, las leyes sobre préstamos, las reglas que gobiernan la conducta de la justicia en las cortes, leyes advirtiendo contra el maltrato a extranjeros; la observancia de las festividades en las diferentes estaciones y las leyes de las ofrendas de la agricultura que debían ser llevadas al Templo en Jerusalem; la prohibición de cocinar carne con leche; el precepto de rezar.

Esta parashá contiene 53 mitzvot, un número importante de preceptos con un legado ético muy fuerte. Yo les recomiendo que abran el libro de Shmot- Éxodo entre el capítulo 2, versículo 1 al capítulo 24 versículo 18 para que disfruten del nivel de detalle y sensibilidad que se desprende de cada una de estas leyes. De lo pequeño transformado en mandato. De lo cotidiano que se legisla para acceder al mismo nivel de santidad que temas como las grandes ofrendas a Dios.

Veamos cómo comienza:

וְאֵלֶּה הַמִּשְׁפָּטִים אֲשֶׁר תָּשִׂים לִפְנֵיהֶם׃

Y estas son las leyes que explicarás delante de ellos.” Shmot 21:1

Aparentemente esta formulación no representaría ningún inconveniente. Sin embargo nuestros jajamím encontraron una pregunta.

¿Qué significa “Y estas son las leyes”? ¿Cuál es la función del nexo coordinante, “y” llamado copulativo, porque une a dos partes de la oración en un mismo nivel de igualdad? ¿No era suficiente hablar de “Estas son las leyes”? ¿Qué está uniendo ese “y”?

El midrash lo va a resolver diciendo que ambas parashot están unidas porque los Diez Mandamientos fueron entregados en el monte Sinai así como las leyes de esta parashá: “Rabí Ishmael dice: …así como las leyes de la parashá anterior fueron entregadas en el monte Sinai, así también las de nuestra parashá, ellas también fueron reveladas en el monte Sinai…”.

Es una posibilidad de resolverlo. Lo que une a ambas parashot es el lugar físico en donde fueron entregados ambos conjuntos de leyes por Dios.

Sigamos pensando.

Quizás esta “y” viene a explicarnos que no hay categorías de leyes o mandamientos. No hay instancias de cumplimiento superiores a otras. Que el mandamiento de “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás a ellas ni las honrarás; porque yo soy Adonai tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, Y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.” (Shmot 20 4-6) y lo que éste nos produce en términos de temor reverencial debe ser el mismo que nos despierta el mandamiento “Cuando se prendiere fuego, y al quemar espinos quemare mieses amontonadas o en pie, o campo, el que encendió el fuego pagará lo quemado.” (Shmot 22:6)

O “Si tomares en prenda el vestido de tu prójimo, a la puesta del sol se lo devolverás. Porque sólo eso es su cubierta, es su vestido para cubrir su cuerpo. ¿En qué dormirá? Y cuando él clamare a mí, yo le oiré, porque soy misericordioso.” (Shmot 22:26-27)

Las leyes que rigen la sociabilidad entre las personas, la ética del comportamiento hacia el prójimo tienen tanta vigencia y rigurosidad como los mandamientos que escuchó Israel de la voz del propio Dios. Que la equidad es tan sagrada como las manifestaciones de fe. Que oprimir a otro es equiparable a un asesinato.

Y esto me refuerza un pensamiento acerca de la hipocresía no sólo en el campo de lo religioso sino en todos los órdenes de la vida. Hay quienes visiblemente aparecen como grandes personajes, que encarnan las virtudes del bien, del cumplimiento de las normas más excelsas. Sin embargo en la intimidad, en aquellos espacios en los que no son mirados masivamente, no parecen las mismas personas. No encarnan los valores que muchas veces predican en público.

Hipócrita es una palabra cuya etimología estaría ligada al  griego: “hypo” que significa “máscara” y “crytes” que significa “respuesta”, por lo que la palabra significaría “responder con máscaras”. La inconsistencia entre lo que se defiende y lo que se hace. El mostrarse recto, impecable, noble en ciertas circunstancias y no ser del mismo modo “cuando las luces del escenario se apagan”.

La parashá de esta semana nos viene a advertir que la ética y la fe, que el culto y la vida cotidiana son instancias con el mismo nivel de santidad. Que así como nadie se atrevería a modificar, incumplir o relativizar uno de los diez mandamientos, así debemos ser de rigurosos y cuidadosos con el extranjero, con el necesitado, con aquél que nos pide dinero prestado, con el empleado, con la familia, etc. Es tan relevante el acto contrito de arrepentimiento en Iom Kipur en la sinagoga, como el pago a término y en regla de un empleado. Es tan importante una donación a una entidad de bien público, como el tiempo de dedicación a los hijos cuando uno vuelve del trabajo.

Y”, es la letra que une a toda la Torá, para decirnos que la vida pública y la privada, lo íntimo y lo comunitario, lo visible y lo de “puertas para adentro”, tienen el mismo status, fueron prescriptos en el mismo lugar, con la misma intensidad y validez.

Sin máscaras, ni disfraces. Así la vida tiene mucho más sentido.

Shabat shalóm!

Rabina Silvina Chemen