Parashat Vaietsé: La trampa de la escalera

Pocas imágenes más hermosas que las de Yaakov y el sueño de la escalera. Nada más poético que pensar la revelación en un lugar inhóspito, después de un tiempo de crisis, la búsqueda existencial de un ser que intenta encontrar sentidos, desde sus propias oscuridades, y la generosidad de esa visión que le aparece en el medio de la noche. Con su simpleza y su hondura: una escalera con ángeles que suben y bajan. Y al despertar, un descubrimiento: Dios está aquí y no lo sabía.

Después de este encuentro con lo trascendente y con él mismo, la vida de Yaakov, nuestro patriarca, dará un giro absoluto.

Sueño, ángeles, Dios, lugar, revelación, escalera… una bella manera de retratar un momento místico.

Tan simple y tan clara es esta imagen que suscitó infinidad de interpretaciones, de preguntas que nos vuelven a ese momento y nos hacen preguntarnos a nosotros mismos qué hubiéramos hecho ante esa situación.

En esta oportunidad me quedé pensando en una pregunta que hace un midrash que quiero compartir con Uds.

Dios, en un momento del sueño le pide a Yaakov que suba él también a la escalera: “ahora, ¡sube tú también a la escalera!” Pero Yaakov tuvo temor. “Quizás,” dijo, “del mismo modo como estos ángeles descienden después de haber subido la escalera, también, Dios no lo quiera, tendré yo que descender si la subo.” (Midrash Tanjuma Vaietzé 2).

Acá me quedo.

El midrash continúa desarrollando el tema, pero lo que me inquieta a mí es esa posible e hipotética pregunta: ¿Por qué no subes? Y Yaakov, que conoce su “hechura”, que sabe de sus apetencias, que intenta huir de sus errores de buscar la cima a costa de la mentira y el engaño… no sube. No sube, según el midrash, porque tiene miedo de volver a bajar.

No ve que hasta los ángeles suben y bajan… porque la escalera es ese símbolo, de la posibilidad de subir y también de reconocer que de ella también se puede bajar. Y que subir, no necesariamente es perfecto. Y que bajar, no necesariamente es derrota.

¿Por qué no subes? Le preguntó Dios a Yaakov. Y no subió porque aprendió que la altura no la da la necesidad de trepar, sino la capacidad de soñar y encontrar ese lugar: Makom-Está Dios en este lugar y yo no lo sabía.

Y parece que, de ese encuentro revelador, de ese Makom –uno de los nombres más bellos con los que se lo llama a Dios–, poco se ha aprendido en este tiempo de esta historia.

Vivimos buscando escaleras, sin detenernos, sin soñar, sin aprender de nuestros errores. Vivimos buscando escaleras porque creemos que nuestro único lugar de prestigio es subir y subir y alcanzar ese peldaño ilusorio que nunca llega porque desde allá arriba siempre vemos que hay otros que nos superan.

Y ya ni miramos abajo: no sea cosa que tengamos que bajar porque dejamos algo o alguien olvidado en el camino, o que nos demos cuenta de que lo que dejamos allí abajo es mucho más interesante que lo que pretendimos encontrar en nuestra escalada.

¿Por qué no subes? Lo probó Dios a Yaakov. Y quiero pensar que acá comienza su patriarcado. Con esta negativa. Todavía un tanto intuitiva. Quizás no quiere volver a descender en este proyecto de encontrar un camino honesto que le dé orgullo de sí mismo. Quizás se sabe tentado por alturas que no le corresponden. Quizás teme fracasar… Sin embargo, decide seguir caminando y es en esta misma parashá que va a encontrar la mejor y más sublimes de las alturas acá en la tierra: se encuentra con Rajel, encuentra el amor y el sentido de construir una vida propia, de trabajar y pelear por lo que ama.

La imagen de la escalera nos invita a habitarla. Ni abajo, ni arriba. Sino en el desafío de las elevaciones y los infortunios, en la fortaleza de volver a armarnos para no abandonar la meta. No es el último peldaño el que nos espera como destino, sino la sabiduría de decidir cuándo emprendemos la subida, cuándo esperamos a que otros lleguen con nosotros, cuán amorosos somos con nuestros tiempos y posibilidades.

Si los ángeles de la escalera del sueño de Iaakov subían y bajaban, ¿quién nos hizo creer que la única dirección posible en esta vida tiene que ver sólo con la subida? Quizás descubramos que acá, en este plano, hay mucho por explorar. Y quizás, en lugar de subir frenéticamente a cuanto peldaño se nos proponga, decidamos caminar hacia adelante. Probablemente alguien nos esté esperando.

Shabat shalóm,

Rabina Silvina Chemen

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