PARASHAT ITRO: UNA MIRADA POÉTICA SOBRE EL SHABAT

Los que comparten lo que escribo semana a semana intuirán cuánto amo las palabras, cuánto gusto de jugar con ellas, de encontrarles las combinaciones que mejor expresen emociones y sentidos.

Estoy repasando un libro que me regaló una querida amiga: “Y dijo” del escritor italiano Erri de Luca, en el que, como se define en la contratapa es una historia, entre tantas otras historias que esconden los siglos, desborda los límites humanos. Porque nunca basta con llegar a la tierra prometida. Porque siempre están, como compañeros de camino, el vértigo de lo alto y la palabra sin genealogía conocida.

Erri de Luca va a recorrer uno a uno los 10 mandamientos, que leemos en la parashá de esta semana desde una poética inigualable. Y cuando lo tomé en mis manos, para inspirarme en el mensaje de esta semana, sentí que traicionaba su pluma si deshacía la escritura de De Luca, para hacerla mía. Porque el contenido no está desligado de la forma en el que se lo dibuja.

Así que esta semana, me doy el permiso – y espero que Uds. lo disfruten-, de transcribir algunos pasajes acerca de cómo entiende este autor el propósito del cuarto mandamiento:

זָכוֹר אֶת-יוֹם הַשַּׁבָּת, לְקַדְּשׁוֹ. Recuerda el día de Shabat para santificarlo. Shmot 20:7

Y más allá de nuestras prácticas personales, familiares o comunitarias, todos compartimos una misma intuición: el Shabat es un día particular, ofrece una vivencia que escapa a la lógica, nos propone algo que definitivamente es bueno aunque a veces no sepamos cómo lograrlo; porque lo asociamos a prácticas que a veces no nos identifican, porque lo ligamos a restricciones, porque el entorno no nos acompaña… en fin… el Shabat es algo bueno y Erri de Luca nos sumerge en una lectura bella acerca de este precepto: recordar y santificar el día del Shabat.

Los dejo ahora con su escritura:

“Recuerda el día del sabbat”. Por supuesto que lo recuerdo, lo espero durante toda la semana, pensó alguno, todavía dolorido por los turnos agotadores de Egipto e incapaz de creerse aún que ya estaba libre de los trabajos forzados.

La divinidad no se refería a eso. Quería decir: recuerda el primer día del sabbat del mundo, cuando Elohim concluyó su obra. ¿Cómo poder recordarlo? La célula inicial de la especie humana estaba allí. Los dos primeros, Adán y Hawa, escucharon el repentino silencio de la interrupción. Se retorna mediante el recuerdo al estupor y al desconcierto. Era el día sexto de la creación, pero para ellos era el día primero. Hubo tarde y silencio, se abrió de par en par la noche y se acostaron bajo ella. No sabían si aparecería otro día con su luz. Todo era nuevo para ellos y todo estaba ya dispuesto a su alrededor. Supieron que cada cosa los había precedido, la vida entera existía ya antes que ambos. Supieron en aquella primera oscuridad que eran huéspedes.

Había concluido la obra, pero para completarla y perfeccionarla se necesitaba otra jornada, la séptima, que en música se llama la dominante. El mundo había sido creado al modo de una adaptación musical, sus reglas tenían que ver con la combinación de tiempos, tonos, diesis y bemoles. La pareja, nacida en último lugar, percibía las más amplias frecuencias, el bajo continuo de la creación.

Aquella tarde el mundo se interrumpió, al igual que comienza la sordera en el oído. Se parece a lo que experimenta uno que pasa a la penumbra desde una intensa luz. Lentamente distinguieron el silencio del primer sabbat del mundo. Era bonanza en el mar, follaje que deja de mecerse, vapor que sube enhiesto desde los hocicos de los búfalos, sus ojos serenos. También para los animales aquel era el primer sábado, pero ellos lo esperaban.

Recuerda la primera noche de nuestros dos primeros, mezclándose el amor con el miedo, la respuesta con la pregunta. Estaban desnudos, se protegieron abrazándose los cuerpos, la cabeza en el hombro del otro, en el hueco acogedor entre el omóplato y el cuello. Descubrieron el encaje que permite a dos cuerpos alcanzar la unidad.

Fue el primer descubrimiento del conocimiento, sin distinguir todavía entre el bien y el mal. Aquella primera noche se mantenía la fragancia de la creación acabada. El amor aceleraba la experiencia, hacía que todo sucediera en una noche. Y qué noche la primera. No habían sido niños, el amor fue su primer juego…

… Recuerda el día sábado, iniciado la tarde del sexto, prolongado durante el insomnio amoroso, en el breve sueño reparador, en el despertad del día festivo. Eso es el Sabbat, de eso harás memoria. A los pies del Sinaí las mujeres miraron a los maridos, los hombres se volvieron hacia ellas, atraídos por aquellos ojos. ¿Qué día es hoy? Hagamos que sea ya el sexto, que esta tarde es Sabbat.

Recuerda la felicidad de la mañana siguiente, la luz en los párpados al despertar. Era el día perfecto, el punto culminante colocado como firma de la obra maestra. Sabbat, la interrupción, el sonido seco de un fruto que cae, la palma de una mano que se cierra en la palma de la otra.

No era la invitación a salir de paseo, de acampada, era el zumbido de un interruptor general. Ni siquiera se permitía la luz y el fuego. Olvídate, es sabbat, no es tuyo, es de la tierra, que haya un día sin pisadas, liberado de ti. No hará tú ni harás hacer a nadie por ti: ni a tu hijo ni a tu hija, ni a tu siervo ni a tu sierva, ni al ganado. Ni siquiera al extranjero que está a tus puertas. El sábado es igualdad.

Tú lee, estudia, canta, reza, juega, saborea la mesa y la compañía…

“No harás por ti obra alguna”: esto te servirá para recordar que el primer sabbat del mundo, el cuerpo te enseñará interrumpiendo.  No es lo contrario de hacer, es dar cumplimento a un recuerdo, a cuando sin anuncio ni signo alguno se paró la creación del cielo y de la tierra. No es que esté concluida la obra: la renovación continúa. Había parado la música: aquella noche los animales miraron hacia arriba, lo mismo hizo nuestra pareja. “El cielo es mi trono, la tierra es mi escabel” hace decir a Isaías. Buscaban con los ojos el lugar donde estaba el músico.”

Erri de Luca, “Y dijo”, Ediciones Sígueme, Salamanca, España, 2016

Hoy más que nunca, y sin más para agregar.

¡Shabat Shalom umevoraj!

Rabina Silvina Chemen.

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