Tishá be’Av, motivos por los cuales se destruyó el Bet Hamikdash

Idolatría, asesinato, y adulterio
Dice la Guemará[1] que el Bet Hamikdash se destruyó por tres actos muy graves que se hacían en esa época, que estos son: Idolatría, asesinato, y adulterio.
Sabemos que estos tres pecados son muy graves, hasta el grado que es necesario dejarse matar y no traspasar por ellos.
El Maaral, explica porque estos tres pecados son tan graves. La persona yehudí, tiene tres partes dentro de sí, que son: Sejel (intelecto), Nefesh (alma), Guf (cuerpo físico).
La idolatría, es un pecado del intelecto, ya que confía en un ídolo que no es capaz de hacer nada.
El adulterio, es un pecado del cuerpo, ya que se impurifica su cuerpo con infidelidad.
El asesinato, es un pecado del alma, ya que le quita el cuerpo y automáticamente el alma ya no vive con ese cuerpo.
Por eso cuando la persona hace uno de estos tres pecados, está quitándose de él, el nombre “persona”, ya que esas tres partes forman a la persona.

Tisha be'Av

No le dieron la debida importancia a la Torá.
Por otro lado, vemos que la Guemará[2] menciona otro motivo por el cual se destruyó el Bet Hamikdash, que es debido a que no le dieron la debida importancia a la Torá.
Dice la Guemará, que le preguntaron a todo el mundo, incluyendo los sabios, los jajamim, hasta a los ángeles, por qué se había destruido el Bet Hamikdash y nadie supo la respuesta. Hasta que llegó el mismo Hashem y dijo: Por cuanto que no bendijeron por el estudio de la Torá. Explican los jajamim, que el hecho que no bendijeron por el estudio de la Torá, eso manifestaba que no le daban tanta importancia a la Torá y que no merecía una berajá especial.
Dicen los jajamim, que Hashem estaba dispuesto a anular el decreto de la destrucción del Bet Hamikdash si estudiaban Torá con amor y con importancia; pero debido a que no le dieron la importancia suficiente, se destruyó el Bet Hamikdash.
Ocho motivos por los cuales se destruyó el Bet Hamikdash
En otro lugar dice la Guemará,[3] que hubo ocho motivos por los cuales se destruyó el Bet Hamikdash. Y estos son:
Ya que profanaban el Shabat.
Por cuanto que anularon el Kriat Shemá de shajrit y arbit.
Porque se anuló el estudio de Torá de los niños.
Ya que no se tenía pena con el compañero. Eran desvergonzados con el prójimo.
Por cuanto que los chicos y los grandes querían igualarse.
Por cuanto que no se reprochaban los unos a los otros.
Ya que despreciaban a los Jajamim.
Ya que se terminaron los hombres de Emuná.
Vamos a tratar de explicar cada uno de estos motivos, ya que a simple vista, no son tan graves como los pecados mencionados anteriormente. ¿Acaso se puede comparar el hecho de nos decir el Kriat Shemá con hacer idolatría? ¿Acaso
Trataremos de reforzarnos en lo que sea posible.
Ya que profanaban el Shabat.
El Shabat es la relación entre el yehudí y Hashem. Cuando el yehudí cuida Shabat, está teniendo una unión y conexión directa con nuestro creador.
Así como dijo el Maguid de Mezdrich: “Shabat” proviene de la palabra “Hashabá” – “Regresar” es decir, la persona regresa en sí a su parte espiritual en Shabat; ya que toda la semana no tuvo esa conexión directa con Hashem, y en Shabat, regresa su interior al contacto directo con Hashem. Así como un niño se puede olvidar de su padre durante unas horas y comenzar a hacer travesuras; y al extrañar a su padre, lo busca y lo encuentra, el niño regresa a tener esa linda conexión con su padre y deja todo lo que estaba haciendo.
Esa es la escencia del día de Shabat. Después de trabajar toda la semana y hacer esas “travesuras” toda la semana, el día de Shabat conecta el interior del yehudí, con el creador y la única persona que lo puede sentir, es quien lo ha experimentado alguna vez en su vida.[4]
Debemos darle más importancia al día de Shabat. Debemos honrar a Shabat con las mejores ropas, con los mejores, zapatos, con los mejores manjares. No permitamos que la sociedad o el lugar nos impidan darle el honor a Shabat como se lo merece.
¿Qué más bello que una mesa de Shabat con la familia, y una mesa hermosa que prepare la mujer? Nada en el mundo se compara con esa satisfacción y alegría.
Por cuanto que anularon el Kriat Shemá de shajrit y arbit.
Debemos entender cuál es el mensaje del Kriat Shemá.
Hay cinco puntos básicos que debemos pensar al decir el Kriat Shemá.
a) Único creador.
b) Supervisor.
c) Todo es su voluntad.
d) Todo poderoso.
e) Lo atribuimos todo a Él.
Cuando decimos el Kriat Shemá, debemos entender este mensaje. Debemos entender que Hashem es:
a) Único creador. Hashem es el único creador en el mundo. No como dice la ciencia que el mundo fue creado desde las bacterias y fue evolucionando. Hashem es el primero y será el último.
b) Supervisor. No podemos pensar que Hashem sólo nos trajo al mundo y nosotros podemos hacer lo que queramos. Hashem nos mira cada segundo de nuestras vidas. Hashem supervisa cada acto que realizamos.
c) Todo es su voluntad. Todo lo que pasa en el mundo, es controlado por Hashem. No hay casualidades en este mundo. No podemos pensar que Hashem no se fija en alguien; Hashem hace todo en este mundo y todo es para bien.
d) Todo poderoso. Hashem es capaz de todo. Muchas veces se nos olvida llevarlo a la práctica. Seguro que sabemos que Hashem es capaz de hacer cualquier cosa que quiera, pero se nos olvida en el momento de la práctica. Por ejemplo, si una persona está enferma, lo primero que hace es marcarle al doctor y luego le pide a Hashem que lo cure. Si entendemos realmente que Hashem es capaz de hacer todo, debemos pedirle primero a Él que nos ayude y luego podemos llamarle al doctor.
e) Lo atribuimos todo a Él. No hay nada ni nadie que pueda hacer algo en nuestras vidas. Todo lo que nos sucede, es controlado por Hashem. No hay casualidades en esta vida.
Después de entender estos puntos, debemos explicar por qué el Kriat Shemá se debe leer en la noche y en la mañana.
Ahora que ya entendemos que la escencia del Kriat Shemá es el reconocimiento que Hashem es el único, supervisor, todo es su voluntad, todo poderoso y todo lo atribuimos a Él, debemos arraigar eso en cada momento de nuestras vidas. Y no sólo en la mañana y en la noche; sino un mensaje más grande.
El día representa la luz, lo bonito de la vida. En esos momentos de la vida debemos reconocer a Hashem todos esos puntos. Y no sólo eso, sino también en la noche, donde a veces vemos las situaciones de la vida negras y oscuras.
Una persona que fue secuestrada, contó su historia en el día de la seudat hodayá (seudá de agradecimiento).
En la mañana del día del secuestro, estaba en el Bet Hakneset en la tefilá de shajrit. Se encontraba ahí un jajam que vino a juntar tzedaká para su yeshibá.
Esta persona, decidió ayudar a este jajam con una tzedaká y el jajam le regaló un libro de Torá que se escribió en su yeshibá.
Esta persona lo abrió pero no entendió casi nada, ya que el libro trataba de temas difíciles y complicados de Guemará. Esta persona decidió poner el libro en su cajuela al salir del bet hakneset.
En el transcurso del día, lo secuestraron y lo encerraron en un cuarto. Los secuestradores, buscaron en el coche para ver qué podían robar. Vieron este libro y decidieron dárselo al hombre secuestrado, para que tenga en qué entretenerse.
Este hombre por supuesto que sintió que era un mensaje de Hashem y día con día trataba de entenderle al libro, hasta que en un día leyó algo que le cambió su mentalidad y su visión dentro del secuestro.
Contó este hombre que dentro del libro estaba mencionado el siguiente versículo:
“Leaguid baboker jasdeja, be’emunatejá balelot” – “Proclamar por la mañana tus favores y con fe por las noches”.[5] Y la explicación que daba el libro era la siguiente:
Si dentro de un cuarto hay mesas y sillas, aunque la luz del cuarto se apague, y no se vea absolutamente nada dentro del cuarto, las mesas y sillas seguirán ahí. Igualmente pasa con el favor de Hashem: El favor de Hashem siempre existe, pero tal vez en la oscuridad no se ve cómo Hashem nos ayuda.
Este hombre se dijo a sí mismo: Hashem siempre está conmigo, incluso que ahora que es de noche y no lo veo, pero se que aquí está y está junto a mí. Después de leer esto, el yehudí sintió un apoyo dentro de esa oscuridad tremenda que vivía.
Así debe vivir un yehudí, con esta Emuná en Hashem, que aunque a veces no lo vemos, él siempre está junto a nosotros ayudándonos.[6]
Porque se anuló el estudio de Torá de los niños.
Debemos entender que la mejor educación que podemos darle a nuestros hijos es la Torá. Hasta el grado que es uno de los motivos que se destruyó el Bet Hamikdash. El hecho que se anuló el estudio de Torá de los niños.
Los niños son el futuro y la continuación de nuestra sagrada Torá. No basta con un pequeño tiempo para estudiar Torá, sino una vida llena de estudio de Torá. Sólo así podrá continuar nuestra cadena que ha permanecido cientos de años atrás.
Ya que no se tenía pena con el compañero. Eran desvergonzados con el prójimo.
Por cuanto que los chicos y los grandes querían igualarse.
Por cuanto que no se reprochaban los unos a los otros.
Existe una Mitzvá en la Torá que es “reprochar al prójimo” por los actos incorrectos que tenga el compañero. Así como está escrito en el versículo: “Ojeaj tojiaj et amiteja” – “Reprochar, reprocharás a tu compañero”.[7]
Dice la Guemará. “El que ve a su compañero que está haciendo algo incorrecto, deberá reprocharlo”.[8]
Explica el Minjat jinuj,[9] que la persona debe reprochar a su compañero, ya sea porque no se comportó correctamente, o hizo algo erróneo con su compañero o hizo algo incorrecto en alguna Mitzvá o hizo algún pecado.
Dijo Rab Shimshon Rafael Hirsch: “Toda persona que tenga habilidad o tacto para hablar o escribir, deberá hablar con la gente para reprocharlos de los actos incorrectos que hagan”.[10]
Cuando vemos a nuestro compañero que está haciendo un pecado o está en camino a pecar, debemos reprocharlo para que se abstenga de hacerlo. No es correcto decir: “Por cuanto que yo no peco, no me importa lo que hagan los demás”.
Dice el Rambam:[11] “La persona que ve a su compañero que pecó o está en un camino negativo (ideologías incorrectas[12]), es mitzvá reprocharlo y decirle que está pecando… se deberá hablar con él en una manera suave y decirle que lo está reprocharlo para su bien, para llevarlo al mundo venidero. Dice la Guemará: “Kol Israel arebim ze laze” – “Todo el pueblo de Israel depende uno del otro”,[13] por cuanto que todos dependemos de todos, es decir, todo Israel tiene parte de la misma neshamá,[14] por eso debemos hacer que todo el pueblo de Israel cumpla con la Torá que Hashem nos pide, ya que nuestro compañero es parte nuestro.
La persona que no reprocha a su compañero, se considera como si él está pecando, así como dice el versículo: “Reprochar, reprocharás a tu compañero, para que no cargue el pecado”.[15] Por cuanto que podía reprochar y no lo hizo, se considera como si él también pecó.[16]
Dice la Guemará, “la vaca de Rabí Eleazar Ben Azariá salía a la calle cargando una cuerda” (es prohibido que salga a la calle en Shabat cargando). Pregunta le Guemará: ¿Acaso Rabi Eleazar Ben Azariá tenía una vaca? A Rabí Eleazar Ben Azariá le nacían 120,000 vacas anualmente, entonces por qué dice que “la vaca de Rabí Eleazar Ben Azariá” cargaba en Shabat? Contesta la Guemará, por cuanto que Rabí Eleazar Ben Azariá tenía un vecino que su vaca sí cargaba en Shabat y él nunca lo reprochó, por eso el pecado se lo cargaron a él. Cabe la pregunta: Rabí Eleazar Ben Azariá tenía cientos de miles de vacas, ¿acaso se debe fijar en 1 sola vaca de su vecino? La respuesta es sí. Si Rabí Eleazar Ben Azariá hubiera visto y hubiera hablado con su vecino, le hubiera hecho caso y ya no hubiera cargado en la calle. Por cuanto que Rabí Eleazar Ben Azariá tenía esa fuerza para convencer a su vecino y no lo hizo, le cargan el pecado a él.[17]
Dice el Jafetz Jaim, que la persona puede llegar al juicio celestial y recibir castigos porque se rasuró con rastrillo o porque comió comidas taref. La persona se va sorprender ya que él nunca lo hizo. Pero en el juicio le van a decir que realmente él nunca lo hizo, pero sí lo hicieron sus amigos o vecinos o conocidos y nunca los reprochó.
Toda persona que puede reprochar a su casa y no lo hace, los pecados de su casa se los atribuyen a él; el que puede reprochar a su ciudad y no lo hace, le atribuyen los pecados de la ciudad a él; y así con todo el mundo, si podría reprochar a todo el mundo y no lo hace, le atribuyen todos los pecados del mundo a él.[18]
Ya que despreciaban a los jajamim.
Está escrito en la Torá: “Col hanoguea behar, mot yumat” – “Todo el que toque el monte (de Sinai), tendrá pena de muerte”.[19]
De este pasuk, el Jafetz Jaim nos enseña cuánto debemos valorar a los jajamim. ¿De dónde lo aprende?
El Jafetz Jaim lo aprende de un estudio: “Kal vajomer” – “Con mayor razón”. Y esta es la explicación.
Si un monte que no tiene comprensión ni sentido, se santificó por medio de recibir la Torá (sólo por el hecho de haber recibido ahí la Torá), así como está escrito: “Col hanoguea behar, mot yumat” – “Todo el que toque el monte (de Sinai), tendrá pena de muerte”;[20] “Con mayor razón” quien estudia la Torá y se esfuerza en ella y tiene comprensión y sentido. Podemos aumentar, que los jajamim no reciben la Torá de gratis, sino la adquieren, con mayor razón que esos jajamim tienen una santidad mucho más grande que el Har Sinai donde fue recibida la Torá.
La Guemará cuenta que la tierra en una ocasión escupió 4 veces.[21] Una de las veces que escupió, fue a una persona: Ish Zojó Ish Kfar Bar Kai; que se respetó a él, y despreció cosas del Shamaim.
Esta persona era Cohen, y tenía que hacer muchos sacrificios; y se ponía guantes para que no se ensucie las manos con sangre. Existían dos problemas; el primero que no se puede hacer esos trabajos con guantes, ya que tiene que se directo con las manos, y segundo ¿cómo puede pensar que esa sangre de korbanot es sucia? al contrario: es mitzvá ¿como puede abstenerse de hacerlo como se debe?
Una vez, hubo una discusión entre el rey y la reina, y la pregunta era: ¿cuál de las carnes es mejor, la de gdi o kebes? La reina decía kebes, y el rey, gdi. Decidieron que Ish Zojó Ish Kfar Bar Kai iba a decidir, por cuanto que era Cohen, tenía mucha experiencia en animales, e iba a tomar la mejor decisión.
Le preguntó el rey ¿cuál es mejor de las carnes? y le contestó en una forma de burla y moviendo la mano con desprecio: seguro la de kebes, ya que el Korban Tamid era kebes, y por cuanto que el Korban Tamid era kebes, seguramente es más especial.
Pidió el rey, que le corten la mano con la que hizo el desprecio. Y por cuanto que iba a tener un defecto, ya no podía hacer los trabajos de los Cohanim.
Fue este Ish Zojó Ish Kfar Bar Kai, con el verdugo, y le pidió que le corte la mano izquierda, ya que es más fácil manejar la derecha que la izquierda. Y así se hizo, le cortaron la mano izquierda. Cuando escuchó eso el rey, ordenó que le corten también la mano derecha; entonces Ish Zojó Ish Kfar Bar Kai se quedó sin manos y aparte le quitaron todo su dinero.
Pregunta el Ben Yehoyadá (el Ben Ish Jay): ¿por qué le cortaron la mano izquierda? Se entiende bien el motivo de porque le cortaron la mano derecha; ya que en esa mano se ponía el guante, ¿pero la mano izquierda?, contesta el Ben Ish Jay con otra pregunta: ¿quién le puso el guante a la mano derecha? ¡La mano izquierda! Y por cuanto que la mano izquierda trabajó antes, ya que le puso el guante a la derecha, por eso se la cortaron primero la izquierda.
Hoy en día, cuánta gente dice: ¿Qué tanto dicen los jajamim?, ¿cuántas halajot nuevas hay?, ¿Qué tantas cosas nos piden? Y todo esto, con señales de desprecio.
Aprendemos de aquí que debemos de cuidar mucho la manera que nos referimos a los jajamim y a sus reglas que nos ponen.
Ya que se terminaron los hombres de Emuná.
Debemos entender los tres principios básicos de la Emuná, que son:
1) Todo lo que pasa en el mundo lo manda Hashem.
2) Todo lo que pasa en el mundo que lo manda Hashem, es para bien. No existe el mal en el mundo. No es posible que Hashem mande algo malo.
3) Todo lo que pasa en el mundo que lo manda Hashem y es para bien, tiene una finalidad específica para cada uno de nosotros.
Muchas veces nos quejamos por detalles que no son de nuestra voluntad y a eso se le llama estar inconformes. La persona es inconforme, ya que piensa que debe tener lo que él quiere y no acepta lo que Hashem le manda. La raíz del problema es, que la persona mira a su alrededor y se fija en lo que los demás tienen.
Dice la Guemará, que la persona no debe hacer diferencias con sus hijos. Entendemos que es algo lógico y si viéramos a un padre que hace diferencias, lo veríamos mal.
Pero hay un padre que sí hace muchas diferencias con sus hijos. Ese padre en Hashem.
Vemos que mucha gente tiene muchas casas y otras personas ni una.
Otras personas tienen muchos hijos y otras personas ninguno.
Hay gente sin dinero y gente con muchos millones.
Vamos a explicar el comportamiento de Hashem y la gran enseñanza.
Si un padre tiene varios hijos y quiere ser igual con todos. Digamos que un hijo tiene la necesidad de ponerse un aparato en la muela, y ese padre quiere ser igual con todos los hijos, ¿Acaso es lógico que ese padre le ponga aparato a todos los hijos? O si un hijo de Zinder necesita llevar a la escuela una caja de zapatos, ¿Acaso el padre que quiere ser igual con todos, les dará una caja de zapatos para la escuela, incluso el de preparatoria?
La respuesta es, que según la necesidad de cada hijo, el padre se lo da. La necesidad de cada uno de nosotros es diferente. No debemos pensar que lo que tiene una persona lo debe tener otra. Hashem sabe y conoce perfectamente nuestras necesidades y debemos saber que si tuviéramos lo que tiene el compañero, no seríamos felices. Así explica el Rambam.

Notas:
[1] Masejet Yomá 9b.
[2] Masejet Nedarim 81a.
[3] Masejet Shabat 119b.
[4] Yená Shel Torá.
[5] Tehilim 92, 3.
[6] Escuchado de R. Jorge Davidson.
[7] Vayikrá 19, 17.
[8] Masejet Berajot 31b.
[9] Minjat Jinuj Mitzvá 239.
[10] Rab Shimshon Rafael Hirsch en Maagalé Hashaná 3, 189).
[11] Rambam Deot 6, 7.
[12] Así explica el Rab Meir Kaplan sobre las palabras del Rambam.
[13] Masejet Sanedrín 27b.
[14] Radbaz Halajot Mumarim 2, 4.
[15] Vayikrá 19, 17.
[16] Masejet Shabat 54b.
[17] Masejet Shabat 54b.
[18] Masejet Shabat 54b.
[19] Shemot 19, 12.
[20] Shemot 19, 12.
[21] Pesajim 57.
Autor: Rav Salomón Michan. Fuente: Judaismohoy

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