PARASHOT BEHAR-BEJUKOTAI: La única adquisición

Las leyes de la Torá están enraizadas en el éxodo de Egipto.
El suceso justifica la demanda de fidelidad de Dios. La redención trae consigo un contrato social. El vínculo es afirmado a menudo relacionando una serie de mandatos legales con la aseveración histórica de que fue Dios que liberó a Israel de la servidumbre. Los Diez Mandamientos son resonantemente introducidos con la declaración: “Yo soy el Señor. Tu Dios que te saqué de la tierra de Egipto de la casa de servidumbre” (Éxodo 20:2)

Nos encontramos con la misma ratificación en la parashá de la semana pasada donde un elevado código de conducta personal que incumbe a cada israelita culmina invocando al éxodo: “Yo soy el Señor vuestro Dios, que os saqué de la tierra de Egipto. Guardaréis pues todas Mis leyes y todos Mis decretos y los cumpliréis. Yo soy el Señor (Levítico 19:36-37). Y así también en nuestra parashá. Ésta abre con un cuerpo legal que sienta estándares para los sacerdotes que trabajan en el santuario acerca de cómo deben realizar el culto y cierra uniendo la ley con la narrativa. “Vosotros, pues, habéis de guardar Mis mandamientos y cumplirlos. Yo soy el Señor. Y no profanéis Mi santo nombre, antes bien, Yo he de ser santificado en medio de los hijos de Israel. Yo soy el Señor que os santificó, y que os he sacado de la tierra de Egipto, para ser vuestro Dios. Yo soy el Señor.

La recurrente vinculación capturó la imaginación de los místicos medievales y dio origen a un inspirado despliegue de exégesis bíblica. El trasfondo literario es el círculo de discípulos alrededor del maestro de Cabalá, Rabi Shimon ben Iojai. El más joven en el grupo Rabi Iose se dirige a él gravemente. “Tengo una pregunta que me preocupa profundamente, pero temo hacerla, porque bien podría ser castigado si la hago. Pero si no la hago me seguirá obsesionando.” Rabi Shimon le otorgó permiso. Entonces, Rabi Iose preguntó “¿por qué Dios se sentía obligado a recordarle a Israel repetidamente que fue Dios Él que los había sacado de Egipto? ¿Acaso Dios no le había prometido a Abraham hacer precisamente eso? ‘Sabe con seguridad que tu simiente será extranjera en tierra ajena, donde la reducirán a servidumbre y la oprimirán durante cuatrocientos años. Mas también a la nación a quien hubieren servido Yo la juzgaré: y después de esto saldrán ellos con grande riqueza.’” (Génesis 15:13-14). “De modo que ¿cuál es el objeto,” preguntó Rabi Iose, “de afirmar lo que ya sabemos? Dios estaba obligado a cumplir lo que Dios le había prometido a Abraham.”

Rabi Shimon replicó que lo que Dios había prometido era sólo redimir a Israel de su sojuzgamiento físico, pero no de su sojuzgamiento espiritual: “Ciertamente en Egipto Israel se había desviado hacia la idolatría se habían contaminado completamente, hundiéndose a través de cuarenta y nueve puertas de polución. Pero el Santo Bendito Sea también los liberó de su sojuzgamiento por estos poderes y los guió a través de cuarenta y nueve puertas de sabiduría. A Abraham, Dios le había estipulado solamente sacarlos de Egipto. Pero en realidad Dios les había prestado una ayuda de pura bondad amorosa. Y por eso es que encontramos en la Torá la mención del éxodo de Egipto exactamente cincuenta veces para mostrar la gracia que Dios había derramado sobre Israel. Además, empezando el segundo día de Pésaj contamos no sólo siete semanas sino también cuarenta y nueve días para conmemorar el pasaje de Israel de la impureza a la pureza” (Zohar Jadash Itró, al comienzo).

La primera cosa que notamos acerca de este hábil y místico midrash es que nos propone un punto de vista decididamente negativo de nuestros antepasados en Egipto. De la Hagadá estamos acostumbrados a pensar que éramos totalmente virtuosos. Fueron a Egipto a la fuerza no tenían ninguna intención de quedarse, y a medida que su número creció mantuvieron su identidad. Pero el Zohar, basándose en Ezequiel (cap. 20) y otros midrashim (ver Rashi acerca de Éxodo 10:20) y 13:19), no pensaba igual. La degradación física erosionó las defensas del espíritu e Israel pronto se encontró empantanado en las abominaciones de Egipto. La redención vino por virtud de la gracia de Dios y no porque Israel la mereciera. La actitud descarriada de Israel le había quitado todo merito. Lo que pasa en el éxodo no es tanto el recuerdo de la obligación divina como un fluir de gracia divina libremente dada. Así que la a menudo repetida proclamación de Dios como autor del éxodo es para destacar la no apreciada gloria del amor inmerecido de Dios.

En segundo lugar, la reconceptualización del Zohar transmuta un solo acontecimiento en un proceso gradual. La redención no convirtió a los esclavos en santos. Es por eso, dice el Zohar en otra parte, que no recitamos un Halel completo los últimos seis días de Pésaj, para simbolizar el estado inconcluso del proceso de emancipación. (Zohar, Emor, 97a ) La libertad física no es lo mismo que la pureza espiritual. La revelación en el Monte Sinaí tenía que espera el ascenso de Israel, y sólo entonces estuvo preparado para entrar en un pacto con Dios que imbuiría a la libertad con la santidad.

Finalmente, nuestro midrash reviste al ritual de contar el ómer con un significado primordial. El mito tiene la capacidad de agregar vigor a la práctica religiosa y elevarla. Vincular a Shavuot con Pésaj y la revelación con la redención nos posibilita escalar las alturas que nuestros antepasados escalaron una vez en su ascenso hacia la perfección espiritual. Cada día de la cuenta del ómer nos recuerda que el significado no viene con el bienestar material.

A medida que combinamos el pasado y el presente en un ritual de enumeración sin adornos hacemos aún otro esfuerzo para llegar a la plenitud en nuestras vidas.

Shabat shalom u mevoraj!
Rab Schorsch