PARASHOT BEHAR- BEJUKOTAI 2026: las bendiciones no llueven del cielo (las maldiciones tampoco)

Llegamos al final del libro de Vaikrá- Levítico y el texto bíblico sigue sorprendiéndonos con pasajes que, según nuestro estado emocional al leer, pueden asustarnos o conmovernos, paralizarnos o invitarnos a pensar.

Y sí, se deben advertir las consecuencias de elegir el camino que Dios y su ley han marcado y en contraposición, lo que sucederá (creo yo más que lo que “caerá del cielo cual maldición”) si se elige el camino opuesto.

Fíjense el comienzo de este párrafo que leemos en voz baja, para que duela menos:

“Pero si no me obedecen y no cumplen todos estos mandamientos; si desprecian mis preceptos y muestran aversión por mis leyes; si dejan de practicar mis mandamientos y quebrantan mi alianza, yo, a mi vez, los trataré de la misma manera: haré que el terror los domine –la debilidad y la fiebre que consumen los ojos y desgastan la vida…” Vaikrá- Levítico 26:14-16

Quisiera que noten lo primero que pasa cuando en lugar de elegir la paz, la igualdad, la justicia, el cuidado del prójimo, la misericordia y la santidad, se opta por la confrontación, la inequidad, la corrupción, la indiferencia, la maldad y el odio: “haré que el terror los domine –la debilidad y la fiebre que consumen los ojos y desgastan la vida…”

Este tiempo de un mundo que ha perdido todo pudor y respeto por lo humano nos ha llenado de miedo, nos ha enflaquecido las convicciones y nos ha enfermado nuestros modos de ver y nuestras ganas de creer que otra vida es posible.

Abraham Ibn Ezra (sXI) va a decir que el término “terror- (en hebreo) BEHALÁ” significa que “estarás aterrorizado y no sabrás qué hacer”.

Ese es el primer efecto que produce el miedo; la consternación y la inacción. No sabemos qué hacer y de tanta confusión creemos que no hay nada posible por delante.

Rashi (s. XI) comentando sobre el versículo 16 dirá que la fiebre que consume los ojos es: “שהעינים מצפות ואין רואות”- “los ojos que miran pero que no ven”.

Se nos ha anestesiado la mirada. Y ya no vemos, ni con claridad lo que estamos viviendo ni con ninguna posibilidad a futuro de que algo pueda cambiar.

Ovadia Sforno (s. XIV) agrega que ““Behalá es una especie de terror y debilitamiento del corazón.” Es tan cierto lo que explica este sabio italiano. Cuando nos habita el miedo nuestro corazón se debilita, y eso trae muchas veces -agrego yo- un corazón congelado a las emociones, que produce personas insensibles e indiferentes a los dolores propios y ajenos.

Y el rabino Jacob Milgrom (s. XX) comentando esta parashá escribe que “Behalá denota pánico, terror y desintegración psicológica que precede a la calamidad física.” Y más adelante: “La maldición comienza con un colapso interno antes de la derrota externa.”

Por lo tanto, adhiriendo a lo que enseña este erudito estadounidense las maldiciones no “llueven del cielo cual rayo mortífero” sino que son la respuesta a una decisión, a veces propia y muchas otras, decisiones de otros sobre nosotros a las que nos cuesta hacerles frente. Las maldiciones comienzan con un colapso interno y en muchas ocasiones no es un colapso material sino la decisión de abandonar la esperanza.

Les pido disculpas por traerlos a emociones que no suman, ni alegran nuestra lectura. Pero siento que es una radiografía que necesitamos que venga a sacudirnos de los discursos o sensaciones que compartimos de no respuesta, de falta de voluntad y de escasa confianza en nada ni nadie. Fuimos tomados por el virus de la incredulidad y la desesperanza, y hemos adoptado casi sin elegirlo, posiciones que fomentan el odio y la separación.

Y ninguna sociedad confrontada, que desprecia o humilla a otros por algún rasgo o definición, es una sociedad bendecida. Ningún colectivo humano que disfrute del insulto y el prejuicio, de la ventaja y la “justicia selectiva”, siente el aleteo de ninguna bendición.

Nos han llenado de miedo. Nos han achicado la mirada y empobrecido de palabras. Nos han dormido el corazón que ya juzga y odia sin siquiera darse la posibilidad de conocer a ese otro que nos han mandado a despreciar.

Pero todo esto lejos de ser castigo, es el resultado de una agenda que nos quiere débiles, derrotados, enfrentados y sin esperanza.

Y ¿saben qué? Quiero volver a la Torá y preguntarle qué es bendición.

Si ustedes viven conforme a mis preceptos y observan fielmente mis mandamientos, yo enviaré las lluvias a su debido tiempo, y así la tierra dará sus productos y las plantas del campo, sus frutos. Entonces el tiempo de la trilla se prolongará hasta la vendimia y la vendimia, hasta la siembra. Comerán pan hasta saciarse y habitarán seguros en su tierra. Yo aseguraré la paz en el país y ustedes descansarán sin que nadie los perturbe…” Vaikrá- Levítico 3-6

La lluvia a su debido tiempo no deja que se inunden hasta desaparecer las casas de los más pobres, ni que se arruinen los cultivos que mantienen a comunidades enteras. Y habrá ciclos que darán sus frutos, y la paciencia del trabajador de la tierra será un modelo que adoptaremos para volver a creer en los procesos de siembra, de estudio, de formación y de igualdad de oportunidades. Y habrá sustento para todos. Y cuando hay sustento la sensación de seguridad vuelve. Y así al odio responderemos con paz. Que no caerá del cielo. Sino que será el fruto de un trabajo que nos tenga a todos despiertos, serenos, con los ojos abiertos para no dejarnos arrastrar por la desidia, por el “no hay nada que hacer”; con los corazones fuertes para que nos alegren los logros y nos conmuevan las injusticias para salir a paliarlas con nuestros actos. Cuando elijamos el camino de la bondad y la confianza, dormiremos en paz. Y no porque tenemos las puertas blindadas y cerradas con siete llaves. Sino porque el espíritu estará calmo cuando habremos terminado nuestro día sin necesidad de agraviar a nadie para sentirnos superiores.

Elegir la bendición es un compromiso de gente fuerte que decide no doblegarse ante la locura y la desesperación.

Yo voto por ello, ¿quién me sigue?

Shabat shalóm!

Rabina Silvina Chemen