PARASHAT REÉ 2025: la invitación a la mirada

 

Todo lo que necesito esta semana es leer los primeros versículos de la parashá y quedarme en silencio.

Mira, hoy pongo delante de ti bendición y maldición: la bendición si escuchas los mandamientos del Señor tu Dios que hoy te ordeno, y la maldición si no escuchas los mandamientos del Señor tu Dios y te apartas del camino que hoy te ordeno, siguiendo a otros dioses que no has conocido.” Devarím- Deuteronomio 11:26-28

No hay más nada que decir.

Desde tiempos inmemoriales es claro que somos humanos porque poseemos la capacidad, la responsabilidad y la obligación de elegir. Levantar la vista y ver, que delante de nosotros, siempre se presenta la posibilidad de decidir qué camino tomar. Y desde siempre sabemos que cada elección tiene una consecuencia.

Podría parafrasear este texto en nuestro lenguaje contemporáneo y decir:

Mira, hoy delante de ti, en la pantalla, en las redes que consumes, que miras frenéticamente cual, si fuera la realidad toda, se presentan narrativas de bendición y de maldición. Están aquellas que fomentan la convivencia, la reciprocidad, la belleza, la esperanza y aquellas que nutren al odio, la sinrazón, el exclusivismo y la cerrazón.

La bendición sucede cuando decides seguir el camino que, desde que nos constituimos en pueblo, nuestro texto sagrado nos ha mandado: tener sensibilidad por los que están en las márgenes, la viuda, el huérfano, el extranjero. Mostrarles a tus hijos que estás comprometido con un bien común que excede tus propios beneficios. Todo eso redundará en buenos ejemplos, en conversaciones constructivas y en una mirada abierta a la posibilidad.

Ahora, si eliges el otro camino, el de encerrarte en tus posturas fanáticas, en tus propios micro- mundos de iguales sin mirar por ninguna hendidura lo que sucede afuera, si eliges que otros “dioses” (entre comillas) -llámense líderes de opinión con una agenda marcadamente polarizada, gobiernos o ciertos círculos sociales- te lleven de las narices y te quiten la autonomía para pensar por ti mismo, lo que deviene es una maldición, un constante “mal- decir” que llena tu vida y tu casa de puertas que se cierran a cualquier posibilidad.

Ambos caminos están delante de nosotros. Y no depende de nadie más que de nosotros y de nuestra decisión de ser libres a la hora de mirar y leer la realidad, que está delante de nosotros porque es lo que estamos viviendo en este tiempo.

Tiempo de agotadoras encrucijadas, como pueblo judío y como humanidad.

La simpleza de este texto anuncia la profundidad de la propuesta.

Tenemos que volver a mirar con nuestros ojos. Siempre hay posibilidades de elegir qué pensar, cómo comprender, qué opciones hay y qué consecuencias asumimos al elegir tal o cual posición. No existe la neutralidad. La no opción. Aunque algunos jueguen a esconderse en sus madrigueras.

Mirar. Abrir los ojos con todo lo que esto significa.

Es interesante que el Dios pone “delante de ti”, en singular. Porque verdaderamente se necesita la conciencia de cada uno y no la de una masa amorfa a la que le embotan ideas enlatadas, cerradas y sin salida.

No importa tu formación ni tu rol social. Todos podemos y debemos elegir a partir de nuestras propias miradas. Todos, sin excepción.

Como dirá luego en Parashat Nitzavím: “Uds. todos están hoy en presencia de El Señor su Dios; los cabezas de sus tribus, sus ancianos y sus oficiales, todos los varones de Israel; sus niños, sus mujeres, y los extranjeros que habitan en medio de tu campamento, desde el que corta tu leña hasta el que saca tu agua…” Devarím- Deuteronomio 29:10-11

Si pudiera hablar con Moshé, sin embargo, le haría una observación a este maravilloso postulado de mirar los caminos que tenemos, porque son mucho más que dos. Ceñir todo a un par antitético: bendición o maldición, lo bueno o lo malo, lo mío o lo tuyo, unos u otros, nos deja sin opciones intermedias. Y hoy en día necesitamos volver a mirar con la mente dispuesta a la complejidad. En todo sentido. En todos nuestros ámbitos. Desde el más pequeño hasta el más global.

La rapidez con la que vivimos, la inmediatez que exige de nosotros lecturas veloces, titulares cortos, cuando se nos es imposible diferenciar una noticia real de una armada, nos ha debilitado la posibilidad de comprender la complejidad.

Y estamos transitando tiempos de extrema complejidad.

El filósofo francés Edgar Morin insiste con el paradigma de la complejidad. Y él dice:

“La visión simplista separa lo que está unido; la complejidad nos obliga a unir lo que está separado, a integrar incertidumbre, contradicciones y diversidad.”

Necesitamos volver a mirar con ojos de complejidad, no para ponernos en un bando o en otro sino para unir lo que está separado, aceptando las incertidumbres, las contradicciones y las diversidades que nos enriquecen el pensamiento y la visión. Para poder doler los dolores propios sin hacernos impermeables al dolor ajeno. Y cambiar la venganza por propuesta y el disenso por novedosas- aunque imperfectas- alternativas. Y transformar el infierno minado en posibles sembradíos, y el miedo en aire respirable.

En su novela “Un descanso verdadero”, el escritor Amos Oz escribe lo siguiente:

“Por eso he decidido que ahora, en mi nuevo cargo de secretario del kibbutz, me comportaré siguiendo el principio de la compasión. No seguiré hurgando en la herida. Para poner una nota más o menos religiosa diré que de los Diez Mandamientos de la Biblia, junto con los otros preceptos antiguos y modernos, nacionales y sociales, sólo me ha quedado uno: Ya hay suficiente dolor a nuestro alrededor como para seguir hurgando en la herida. Si es posible, hay que mitigarlo y no echar más sal en las heridas abiertas. Es decir: «No hagas sufrir» (por cierto, tampoco a ti mismo. Si es posible).”

Mira, delante de ti, hoy están los que sufren y los que sufren. No elijas ningún sufrimiento porque no es para ello que has nacido. Elige la vida, la tuya y la de todos.”

Rabina Silvina Chemen