PARASHAT BERESHIT, esencia con matices

Bereshit bará Elokim et hashamaim veet haaretz”. “En el comienzo creó D’s los cielos y la tierra”. Así comienza el libro de la Torá más apasionante, más conocido, más estudiado, y quizás más polémico. Polémico, pues especialmente en los últimos dos siglos, judíos abiertos a nuevas pruebas científicas, se sintieron en la obligación de demostrar que científicamente es imposible que el mundo tenga 5761 años, y que no hay forma de que haya sido creado un solo hombre y que de su costilla fue creada una mujer. Y ni hablar de las contradicciones en las que cae el texto del génesis entre el primero y el segundo capítulo.

Entonces estos judíos, estudiosos de la Torá, pero críticos de la misma, comprometidos con el pueblo e Israel, y participantes de las actividades comunitarias en los países en donde vivan, reciben por su puesto una reacción de otros grupos, judíos también, pero que defienden a la Torá como un libro de verdades científicas, aceptando la creación del mundo en seis días, etc.

Y lamentablemente, estas dos formas de ver la Torá, por supuesto, con todos los matices y grises que hay en el medio de este espectro de extremos, en lugar de cohabitar pluralmente y pacíficamente bajo el alero del judaísmo, producen separaciones artificiales dentro del pueblo de Israel, provocando, lamentablemente, un debilitamiento de nuestro pueblo, en lugar de su fortalecimiento.

La Torá comienza con la palabra Bereshit, en el comienzo. La primera letra de esta palabra, por lo tanto, la primera letra de la Torá, la cual está escrita en un tamaño mayor la las demás letras de la Torá, así como los diarios ponen más grande la primera letra de algún artículo importante, es la Bet, que en realidad es la segunda letra del abecedario hebreo. Y nuestros Sabios se preguntaron, ¿no hubiese sido más lógico que la Torá hubiese comenzado con la letra Alef, que es la primera del abecedario?

Dicen los Rabinos que desde el comienzo mismo de la Torá, desde su primera palabra, desde su primera letra, D’s nos enseña que la marca de la Torá será siempre el dos, el plural, pues desde su definición como tal, la Torá fue dada para toda la humanidad. El pluralismo fue coronado con el privilegio de estar al principio de la Torá.

No hay nada más alejado del espíritu de la Torá que creerse el único entendedor de la voluntad Divina, creerse ser el único dueño de la verdad, provocando divisiones y rivalidades.

Es cuestión de analizar la historia de la humanidad, para ver lo lejos que se puede llegar en aras de una defensa hasta las últimas consecuencias de una verdad “única”: Cruzadas, guerras santas, atentados suicidas, etc.

Estos en cuanto a la historia de la humanidad en general. Pero nosotros como pueblo judío, estamos cometiendo los mismos errores, y somos testigos de divisiones al interior de nuestro pueblo que parecen ser cada vez más irreconciliables, cuando nuestro deber como pueblo es preservar la unidad a pesar de nuestras diferencias, pues allí radica nuestra fortaleza.

Cuando D’s va creando cada día, dice al final: “y vio D’s que era bueno”. Exceptuando dos oportunidades: el 2º día y luego de crear al hombre.

El segundo día D’s separó las aguas de por debajo del firmamento de las aguas de arriba del firmamento.

Al respecto dijo Rabí Janiná: “D’s no pudo decir que fue bueno porque hubo división. División entre las aguas de arriba y las de abajo”

A lo que agregó Rabí Tabiomi: “Si una división imprescindible para el normal funcionamiento del mundo, no va acompañada de la frase ‘Y vio D’s que era bueno’, Kal Vajomer, con más razón todavía, cualquier división menos fundamental, de aquellas que crean conflicto, menos aún le gusta a D’s”

Entonces, no nos debe sorprender que cuando crea al hombre tampoco diga “Y vio D’s que era bueno”, pues el hombre tiene la capacidad de provocar divisiones y de crear conflictos, de separar y de descalificar al otro. Así es que depende de cada uno de nosotros que finalmente D’s nos vea y diga “es bueno”.

La Torá comienza con un mensaje de pluralismo, desde su primera letra. La creación en sí, nos enseña que las divisiones nunca son buenas, por lo tanto, sería bueno que reflexionemos sobre nuestras propias divisiones, sobre nuestros propios prejuicios…