SHABAT HAGADOL: Los motivos para seguir creyendo en este día


El Shabat antes de Pésaj se llama Shabat Hagadol o el gran Shabat. ¿Cuál es el contexto histórico del cual toma su nombre?
La tradición explica que a este día se le atribuye un gran milagro. Recordemos que Dios ordenó ofrendar un cordero pascual antes de la salida de Egipto. El Shabat antes de la salida cada familia eligió un animal y lo ató a la cama. Nuestros sabios deducen que esto fue el 10 de Nisan y que el 15 de Nisán habría sido jueves. Cuando los egipcios veían esta escena, extraña, por cierto, preguntaban: «¿Qué es esto?» Y ellos respondían que su Dios les había mandado matar a ese animal. Los egipcios se enojaron porque iban a masacrar a sus dioses, pero no pudieron decir nada ni reaccionar. Se había producido un milagro. Por eso se llama Shabat Hagadol.
Rabí Moshe ben Abraham de Peremyshl (s. XVI) escribió por su parte:
“Y he encontrado otra razón más para el nombre Shabat HaGadol ofrecido en el libro Shibole HaLeket (del rabino Tzidkiahu ben Abraham Anav de Roma) que explica que en el Shabat antes de Pésaj, el pueblo judío debe quedarse hasta tarde en la sinagoga el sábado. mañana, estudiando las leyes de Pésaj y discutiendo los milagros y maravillas que Dios hizo por nuestros antepasados en ese día, basándose en este largo día en la sinagoga, lo llamaron GADOL; día grande”.
Quizás sea por esta última razón que nuestros maestros decretaron que hay dos Shabatot que los rabinos tenemos obligación de hablar; en Shabat Shuvá (entre Rosh Hashaná y Pésaj) y en Shabat Hagadol para contar todas las leyes de Pésaj al detalle.
Y me quedo acá. Con lo que debo hacer. Pero ¿qué podemos decir de esta festividad este año? ¿En qué leyes de Pésaj debo profundizar? ¿Qué reflexión sobre la libertad me convoca en este momento de nuestro pueblo con 133 secuestrados y una guerra infinita con un cielo amenazante y un futuro incierto? ¿Cómo alegrarse en la fiesta de la redención cuando estamos en el medio de la plaga de la oscuridad? ¿Qué hago con la pregunta Ma Nishtaná- el cántico que dice ¿Qué es lo que ha cambiado esta noche? Que nos lleva directamente a la respuesta inevitable que no quisiéramos dar: – Nada ha cambiado, nada.
Mi primera decisión es volver al motivo de este Shabat; el milagro de que la furia, el odio y el resentimiento de los egipcios no pudo actuar sobre nosotros. A pesar del escepticismo, el fogoneo y análisis eternos de 24 horas en los medios y las redes sobre el conflicto, el agotamiento y la tristeza; ante la mirada de los que no aceptan nuestra existencia; respondo con la cabeza erguida y confío; Dios nos pidió que seamos libres y vamos a serlo.
Este Shabat leeremos una haftará especial del profeta Malají (Malaquías) que también nos aporta un sentido al nombre de este día. El texto termina con el anuncio de la llegada de Eliahu el profeta antes de que llegue el día de Dios “grande (gadol) y temible”.
He aquí les envío al profeta Eliahu antes de que llegue el gran y temible día del Señor. Y hará volver el corazón de los padres hacia sus hijos y el corazón de los hijos hacia sus padres…” Malají- Malaquías 3: 23-24
Eliahu, el que anunciará ese gran día de Dios, “Yom Adonai hagadol”, vendrá a anunciar que las penurias acabaron, que la tragedia cesó. Y esa bella metáfora que es pensar la redención como un tiempo que llegará cuando los hijos amen, acepten, respeten las opiniones de sus padre y, a su vez, que los padres confíen, alojen y amen las vidas de su hijos hoy es un texto que necesito leerlo en su literalidad.
Estamos esperando que llegue el momento en el que los padres vuelvan a abrazar a sus hijos y los hijos a sus padres y que las familias se unan y la desesperación cese. Que los soldados vuelvan a abrazar a sus familias y el miedo se atenúe. Y que en esos abrazos los corazones rotos consigan algo de consuelo.
No podemos dejar de esperar ese momento. No debemos dejar de esperarlo.
Ese será nuestro pedido, que se encuentren los corazones y que se produzca el milagro.
Eliahu el profeta se enfrentó a los poderes más grandes de los falsos profetas, amigos de los poderosos, que convencieron a todos que eran los dueños de la verdad. A pesar de estar solo, en el Monte Carmel, se paró frente a todos, con su fe y su verdad, para demostrar que Dios, nuestro Dios, aceptaba su ofrenda.
A ese Eliahu quiero abrirle la puerta. No para que aparezca un viejito a tomar de una copa, sino que su espíritu, su convicción, su coraje y atrevimiento nos envuelvan para darnos fuerza en esta noche en la que estaremos todos juntos.
Desde Israel decidieron llamar a esta Shabat, Shabat Hagdolá, el Shabat grande y que lo dediquemos en Pésaj a encender luz. Todas las luces posibles, juntas, para que iluminen el camino de la vuelta a casa de los que están cautivos.
Por eso les propongo combatir los cielos que se cubren de luces de muerte con nuestras mesas llenas de luces de vida, de niños aprendiendo la historia, de cánticos que reconforten las almas apenadas.
Que no dejemos de comer el maror con un poco de jaroset, para que la amargura se suavice con la dulzura de los aspectos que nos sostienen a cada uno y en cada familia.
Que recordemos que el mismo pan de pobreza y aflicción se transformó en el pan de la libertad cuando tuvieron que salir corriendo del imperio opresor.
Y cuando busquemos el Afikomán, recemos por que los encuentren a todos.
Tantas veces salimos de Mitzraim en nuestra historia que llegará el día, grande y maravilloso que Eliahu volverá para asegurarnos que ya no corremos peligro.
Shlaj na et ami
¡Dejen salir a mi pueblo!
Silvina Chemen