SHABAT HAGADOL/JAG HAPESAJ: La verdad tiene que tener voz

El año pasado, para Iom Hashoá vehagvurá, escribí acerca de algunas obras del artista alemán Jochen Gerz. Hoy, en este Shabat Hagadol, me viene a la memoria un mensaje que impartió en el año 1990, cuando le encargaron en Alemania un monumento contra el racismo para la ciudad de Sarrebruck, próxima a la frontera de Francia. Eligió la calle, de dos manzanas adoquinadas que, desde el centro de la ciudad termina en el castillo donde la Gestapo había instalado, durante la guerra, su cuartel general. Gerz averiguó cuántos cementerios judíos había a fines de 1939, en territorio alemán. Encontró que eran 2146 cementerios, algunos declarados y otros clandestinos. Entonces extrajo del empedrado secretamente, junto con los estudiantes de la Escuela estatal de Bellas Artes, 2146 piedras al azar y les grabó, a cada una, el nombre de un cementerio y luego las volvió a su lugar. ¿Cómo puso las piedras? Con el grabado hacia abajo. Su monumento estaba allí aunque no se veía. El Municipio obviamente se quejó: habían pagado por algo que no existía. ¿Qué iba a pensar la gente?

Gerz explicaba que la tragedia representada figurativamente se gasta, nos cansa, pierde valor simbólico y de representación. Él escondió los nombres de los cementerios para que no se gasten. La dimensión de la masacre pide respeto, reverencia. El único modo de entablar contacto con 2146 piedras es conversando, rememorando, acordándose del momento en que el artista vino y lo materializó.

Y ¿por qué les estoy contando todo esto? Porque es Shabat Hagadol. El Shabat anterior a Pésaj se llama así, Shabat Hagadol; uno de los dos Shabatot en el año en el que los rabinos debemos dar una «Drashá» o sermón explicando con detalle las leyes y tradiciones de Pésaj.

Hay que hablar detalladamente sobre las leyes de Pésaj.  Tenemos que hablar de Pésaj.

La pregunta que hoy nos hago es cómo observar profundamente esta fiesta. En tiempos en los que todavía no podemos reunirnos y llenar de bullicio nuestras casas. ¿Qué queda de Pésaj cuando el festejo se reduce? ¿Qué queda de la vida cuando los estímulos externos se achican? ¿Dónde estaba puesto el sentido?

Bejol dor vador… en cada generación tenemos que salir de Egipto, nos hace decir la Hagadá. Tenemos que volver a preguntarnos por cómo opera la memoria.

Y así como con la obra de este artista maravilloso, lo único que nos va a salvar del olvido es seguir hablando.

Vehigadeta Lebinjá… “- Y le contarás a tu hijo; nos pide nuestra tradición. Y esto supone dos cosas:

Tenemos que hacernos tiempo para contarles a nuestros hijos.

Y tenemos que tener qué contarles.

Porque Pésaj no es sólo la evocación de una historia pasada con cierto final feliz.

Hablamos con cierta distancia de los procesos que esclavizaron a nuestro pueblo. Preferimos quedarnos con la epopeya de la salvación y de un plumazo, atravesamos 210 años de opresión y sojuzgamiento, porque la historia cuando no se la habla, comienza a hacerse invisible.

Y es verdad que la memoria es selectiva. Por eso hay que hablar de memoria en este Shabat Hagadol.

Para que no queden las lecciones de la historia, escritas boca abajo sobre los adoquines que pisamos cotidianamente, sin vincularnos porque no lo vemos, porque no nos toca, porque no nos recuerda a nosotros mismos.

Heschel escribió en 1970 que “la oración no tiene sentido a menos que sea subversiva, a menos que busque derrocar y arruinar las pirámides de la insensibilidad, el odio, el oportunismo y las falsedades.” Frase fuerte para este Shabat Hagadol.

El ritual da forma. Ordena. Organiza. El ritual es una parte, un lenguaje con el que nos aproximamos a lo que esta festividad pide de nosotros. Lo que pasó en la historia, tantos miles de años atrás, se sigue contando porque en la noche de Pésaj no serán ellos los que saldrán de Egipto sino nosotros.

Tenemos que hablar de nosotros. Tenemos que hablar con nosotros sobre la defensa de nuestras libertades.

Tenemos que hablar del lugar de la memoria en nuestras vidas. Tenemos que pensar qué le diremos a nuestros hijos acerca de los faraones que hoy nos esclavizan (más sofisticadamente)  y nos hacen habitar pirámides que nos hacen cada vez más insensibles.

Tendremos orgullo al hablar de milagros. Pero no podremos quedarnos sentados esperándolos. Nuestra tradición cuenta que el pueblo de Israel, la noche anterior a la salida, tuvo que ofrendar un cordero y comerlo de modo tal que no quede nada sobrante. Fue por eso que se juntaron entre varias familias para cumplir con este mandato. Tendremos por tanto que pensar con quiénes compartimos, a riesgo de guardar menos. Y ligar los discursos de la libertad, con los de la generosidad, la responsabilidad y el cuidado.

Tendremos también  qué decidir cómo llevamos a cabo el ritual de las plagas, en el que vaciamos nuestras copas gota a gota, mientras las nombramos porque, además del vino, deberemos pensarnos y decirnos cuántas veces hoy, para conseguir algo, ya que nos hacemos indiferentes al sufrimiento de otros.

Tenemos mucho por hacer a partir de este Shabat Hagadol y en la festividad de Pésaj porque la verdad es algo que debe tener voz, como decía Gerz.

Estos días son para buscar las mejores palabras y gestos que le pongan contenido a una memoria que, si no, está condenada a hacerse invisible. Para que a la historia no se la trague la tierra y no se quede muda tenemos que aportarle nuestro decir, nuestro compromiso con una experiencia que trascienda una o dos noches rituales.

Es nuestra posición en la vida sobre los temas que mueven al mundo: la libertad, la opresión, la invisibilidad, el odio, el destierro, la desconfianza, el acostumbramiento, la explotación, el silencio, la complicidad y la complacencia, entre tantos…

Ma nishtaná” cantarán los más pequeños: ¿Por qué en esta noche algunas cosas cambian…?

Pero la pregunta del Shabat Hagadol es “Ma hishtaná”, qué hicimos de diferente para no quedarnos impávidos ante tantas realidades que nos vuelven a llevar a Egipto y nos reeditan imágenes de tanta injusticia.

Hashatá avdei”- este año somos esclavos, “leshana habaa benei jorin”, el año que viene seremos libres. Lo decimos todos los años.

¿Seremos libres?

¡Shabat Shalom y Jag Sameaj!

Rabina Silvina Chemen