PARASHOT MATOT MASEI 2024: de puntos de partida y destinos

«Recuerdo: sucedió ayer, o hace una eternidad. Un joven judío descubrió el Reino de la Noche. Recuerdo su desconcierto, recuerdo su angustia. Todo sucedió tan rápido. El gueto. La deportación. El vagón de ganado cerrado. El altar de fuego sobre el que se debía sacrificar la historia de nuestro pueblo y el futuro de la humanidad. Recuerdo que le preguntó a su padre: “¿Puede ser verdad? Estamos en el siglo XX, no en la Edad Media. ¿Quién permitiría que se cometieran esos crímenes? ¿Cómo podría el mundo permanecer en silencio?”. Y ahora el niño se vuelve hacia mí. “Dime”, pregunta, “¿qué has hecho con mi futuro, qué has hecho con tu vida?”. Y le digo que lo he intentado. Que he tratado de mantener viva la memoria, que he tratado de luchar contra aquellos que olvidarían. Porque si olvidamos, somos culpables, somos cómplices. Y luego le explico lo ingenuos que fuimos, que el mundo lo sabía y permaneció en silencio. Por eso juré no callarme nunca, cuando y dondequiera que los seres humanos sufran y sean humillados. Debemos tomar partido. La neutralidad ayuda al opresor, nunca a la víctima. El silencio alienta al torturador, nunca al torturado. A veces debemos intervenir. Cuando las vidas humanas están en peligro, cuando la dignidad humana está en juego, las fronteras nacionales y las sensibilidades se vuelven irrelevantes. Dondequiera que los hombres y las mujeres sean perseguidos por su raza, religión u opiniones políticas, ese lugar debe convertirse, en ese momento, en el centro del universo”.

Elie Wiesel, sobreviviente del Holocausto, Premio Nobel de la Paz

Lecciones de vida de alguien que resurgió de la indignidad humana en su máxima potencia y decide enarbolar la bandera de la memoria como legado para las próximas generaciones.

Esta introducción me sirve para entrar en el comentario de estas dos parashot con las que terminamos el libro de Bemidbar – Números; Matot – Masei. Matot significa tribus y Masei son las paradas/estaciones que marcaron toda la travesía por el desierto.

Estamos a punto de entrar a la tierra de la promesa. Para ello tenemos que saber quiénes somos (Matot) y cuál fue el camino recorrido para alcanzar la meta (Masei): esa es la función de la memoria: significar el pasado como insumo para vivir el tiempo presente y también tomar posición del futuro. Me dirán que quizás no era necesario volver a aquella salida de Egipto y todos los pormenores y contramarchas que vivimos como pueblo. Me dirán que es un dato de la melancolía quedar fijados en los sucesos de la historia. Sin embargo, es imprescindible.

Un dato interesante es el lugar que estas dos parashot tiene en el orden de lectura litúrgica. Si bien los judíos que vivimos en la diáspora y los que viven en la tierra de Israel leemos los textos bíblicos en el mismo cronograma, a veces se produce un desfasaje dado que las festividades judías fuera de Israel tienen en general un día más, (y cuando llegan las festividades, la continuidad de la lectura se interrumpe para leer párrafos especiales). Sin embargo, todo se amalgama cuando llegamos a estas dos parashot Matot-Masei que reparan esta brecha. Saber quiénes somos; Matot- tribus, familias, diversidades, todos parte de un mismo pueblo. Y saber de dónde venimos, Masei- todo lo que hemos atravesado, cada instancia en la que pudimos establecernos o tuvimos que movernos, cada pelea, cada miedo, cada confirmación. Todo es lo pasamos juntos. Sin distinción.

Hoy estamos viviendo un momento de extrema delicadeza, como pueblo judío en el mundo, y en el estado de Israel en particular. Es tal la perplejidad que sentimos, la desolación por un conflicto que parece no llegar jamás a un acuerdo de paz y tranquilidad, de sorpresa por haber creído que el odio había sido desarraigado de los corazones que hoy salen a clamar por nuestra desaparición de la faz de la tierra, que no sabemos cómo continuar.

Matot- no olvidarnos de quiénes somos. Y la única posibilidad que tenemos es la de ser todos juntos. Diversos y unidos. Garantes los unos de los otros.

Masei- registraremos cada momento por más doloroso que sea, afrontaremos las tormentas, como lo hicimos tantas veces, mientras seguimos creyendo fervorosamente que luego de esta huracán llega la promesa. Promesa de paz, de libertad, de fraternidad, de entendimiento, de derechos plenos y de serenidad.

En la nómina de las 42 estaciones por las que pasaron nuestros antepasados durante esos 40 años en el desierto, aparece un versículo que hoy necesito más que nunca.

¿Cómo se redacta este viaje? De dónde salieron y a dónde llegaron. Y así en una suerte de lectura acompasada vamos saliendo de un lugar y llegando a otro. En el capítulo 33:25

וַיִּסְע֖וּ מֵחֲרָדָ֑ה וַֽיַּחֲנ֖וּ בְּמַקְהֵלֹֽת׃

Y salieron de Jaradá y acamparon en Makhelot.”

Como en los otros tantos versículos, podríamos no detenernos en los nombres de sus proveniencias y destinos. Sin embargo, estos lugares tienen nombres que, a su vez, son palabras con significado. Salieron de Jaradá- en hebreo; miedo, pánico y llegaron a Makhelot- en hebreo; dos posibilidades: makhelá que significa “coro” o kehilá, cuya traducción es “comunidad”.

El autor de Kitzur Baal Haturim, Rab. Yaakov ben Asher (Toledo, España s. XIII/XIV) explica que estos nombres son simbólicos.

“Jaradá significa “miedo” y representa el terror que experimentaron los Hijos de Israel cuando los egipcios los perseguían.

Makhelot está relacionado con la palabra hebrea קְהִלּוֹת (kehilot, grupos o comunidades). El nombre de este lugar representa a los Hijos de Israel reuniéndose en grupos para cantar canciones.”

El miedo por la persecución. Y el pueblo unido, cantando al sentirse liberados del pánico por sus vidas que peligraban. Salir del miedo para llegar al canto comunitario.

El Jatam Sofer (Bratislava s XVIII- XIX) continúa leyendo las paradas por las que pasó el pueblo de Israel.

«Y partieron de Jaradá, y acamparon en Makhelot, y partieron de Makhelot, y acamparon en Tajat» (Bemidbar- Números 33:24-25) … Esto es «viajaron desde Jaradá [חרדה]» – no tenían necesidad de tener miedo [lehajrid להחריד], ya que «acamparon en Makhelot» [que puede significar «en comunidades»] – en unión. Pero después de esto, «viajaron desde Makhelot, y acamparon en Tajat» [תחת] – en el piso más bajo [tajtoná תחתונה en hebreo significa lo más bajo], hasta que regresaron y acamparon – y después de esto, [versículos más adelanta vendrán lugares como] en «Mitká» [מתקה] (Bemidbar 33:28) y en «Yotvata» [יטבתה] (Bamidbar- Números 33:34) – dulce [matok מתוק] y bueno [tov טוב].”

Disculpen el embrollo de palabras en el que los meto, pero se los traduzco.

Salieron de un lugar de miedo (Jaradá) y dejaron de tenerlo porque sabían que su norte era estar unidos en comunidad  (Makhelot). Luego las vicisitudes los volvieron a sumergir en lo más bajo (tajat) para resurgir en lo dulce (mitká) y lo bueno (Yotvatá).

En tiempos de miedo y de bajezas impensadas, vuelvo a leer el texto que me brinda esperanza; saldremos del abismo, volveremos a probar la dulzura y el bien, dejaremos atrás el pánico y volveremos a cantar. Elie Wiesel vivió las peores indignidades humanas. Y nos enseña que rememorar el pasado por más doloroso que sea nos da la fuerza que nos impulsa para no quedarnos en la atrocidad.

La narrativa de lo que estamos viviendo ya es parte de nuestra historia. Aún no encontramos las palabras porque la herida nos ha tapado la boca. Sin embargo, la mejor reacción que podemos tener es seguir caminando, del miedo a la unión, del pozo a la dulzura y el bien. Y lo vamos a hacer por nosotros y por los que cayeron en el camino. Por nuestros hijos y también por los hijos de aquellos que portan palabras de destrucción en sus corazones. A nadie lo salvará el odio, la violencia y el exterminio. Nosotros lo hemos aprendido desde parashat Masei hasta nuestros días.

Vamos a salir. Vamos a llegar a ese tiempo en el que todos necesitamos creer. Un tiempo de promesa.

Terminamos el libro de Bemidbar. Jazak, jazak venitjazek – seamos fuertes, seamos fuertes, seamos fuertes!

Rabina Silvina Chemen