JAG HASUCOT: Una celebración sin evento (o definamos evento)

Jag Hasucot es parte de la trilogía de las festividades de peregrinación – Shloshet Haregalim – , Pésaj, Shavuot y Sucot. El pueblo de Israel caminaba y se reunía en Jerusalem para su celebración.

Y si bien aparentemente serían equivalentes; hay un detalle que las distingue y que creo vale la pena sumergirse en él. Me refiero al evento que cada una de ellas evoca.

Pésaj, sin duda nos convoca a aquél momento único de la liberación de Egipto. Un gran suceso, rodeado de otros grandes sucesos como la partición del Mar de los Juncos, las plagas en Egipto, las pruebas ante el Faraón.

Luego, Shavuot. El momento más fuerte que la memoria colectiva registra. La Teofanía- Dios se revela y entrega la Ley que nos constituirá en Pueblo de Israel.

Sin embargo el evento que evoca Sucot, desde el mismo Talmud está en discusión. En Masejet Suká 11b leemos:

«Hice que los hijos de Israel residieran en sukot (cabañas)» (Vaikrá 23:43)».

Estas cabañas eran nubes de gloria (protección divina), ésta es la declaración del rabino Eliezer. Rabí Akiva dice: Ellos establecieron para sí mismos en sukot verdaderas, dijo Rabí Akiva.

El mismo motivo de celebración está puesto en duda.

¿Festejamos que vivimos debajo de cabañas endebles durante los 40 años de travesía por el desierto?

O ¿celebramos que la protección de Dios en forma de nubes (ananei hakavod- las nubes de Gloria) nos protegieron en lo inhóspito y riesgoso del desierto?

Pareciera ser que esta festividad no tiene un evento firme que conmemora. ¡Si los mismos rabinos en el Talmud discuten acerca de cuál es el contenido de esta fiesta!

No podemos abstraernos de otra diferencia: la salida de Egipto ocurrió en un tiempo determinado.

La entrega de la Torá sucedió en un momento preciso.

La caminata en el desierto no tiene una fecha en el calendario. Es un largo proceso de confusión e incertidumbre. El desierto, durante un extenso período de tiempo, no dio respuestas. La coyuntura que se vivía cada día llevó al pueblo de Israel a tener miedo muchas veces, a reclamar desesperadamente otras, a recuperar la fe a menudo. La sensación de vacío al mirar un horizonte difuso y los peligros del afuera que amenazaban su tranquilidad acrecentaban su experiencia de indefensión.

Entonces quizás podríamos volver a leer el pasaje del Talmud y no pretender una respuesta única: vivieron en sucot, en vivienda frágiles, techos que los acompañaban allí donde se instalaban por períodos cortos. Aprendieron a encontrar refugio en la simpleza. Valoraban la sombra ante el calor abrasador y las telas de sus paredes que resistían el viento.

También Rabí Eliezer tiene razón en decir que también celebramos la presencia divina sobre ellos. Porque no podrían haber soportado las tormentas de arena, los peligros externos y el clima del desierto si no hubieran percibido esa compañía protectora; si no hubiera vivido con fe, confiados en que no estaban solos, que se salvarían, que llegarían a la tierra de la tranquilidad y la promesa.

Este año, más que nunca, quiero celebrar Sucot, por estos dos motivos. Porque la pandemia que azota al mundo es nuestro nuevo desierto. Nuestras casas son nuestro mejor refugio, nos sentimos a salvo. Nos alejan de lo que nos podría hacer daño. Nos volvimos a enamorar del refugio, más que de la construcción. Y a su vez, nadie podría transitar todos estos meses de desconcierto si no hubiéramos cultivado la fe, la confianza que vamos a estar bien; si no creyéramos en el arduo trabajo de aquellos que buscan la sanación, si no nos hubiésemos aferrado a todas las experiencias comunitarias que nos dan fuerza y coraje para seguir adelante sin bajar los brazos.

Yo celebro Sucot porque le dedico los 8 días de la fiesta a disfrutar los procesos más que los sucesos. Y porque sé que si ellos llegaron a destino y pudieron respirar aire puro, nosotros también vamos a llegar, porque tenemos casas y porque estamos protegidos.

Les deseo Shabat Shalom y Jag Sameaj!

Rabina Silvina Chemen