PARASHAT NASÓ: Mucho más que palabras de bendición

Parashat Nasó me lleva siempre a estos 3 versículos a los que cada año le vuelvo a encontrar nuevos mensajes. Será que Birkat Kohanim, la bendición sacerdotal es una de las prácticas que se perpetuó en el tiempo, será que no quiero quedarme con una comprensión literal, será que necesitamos aprender palabras de bendición para nuestras vidas… no lo sé.

Así que un año más revisaremos juntos el contenido de esta brajá:

Que Adonai te bendiga y te guarde.
Que Adonai haga resplandecer su rostro sobre
ti y tenga misericordia de ti.
Que Adonai vuelva su rostro hacia ti
y te conceda paz
.” Bemidbar 6: 24-26

Todo comenzó como una fórmula a ser pronunciada por Aharón y sus hijos para bendecir al pueblo. Los kohanim- sacerdotes oficiaban de intermediarios, de vehículos que unían, de algún modo, la presencia divina- una experiencia de fe que estaba comenzando a construirse- y el pueblo.

Se entiende esta intermediación desde la perspectiva de una modalidad que se está iniciando en nuestro pueblo; comprender que nuestro Dios, invisible, inaudible e intocable, torna su rostro hacia nosotros, nos protege y nos regala así su paz.

Cada vez que la escuchamos o la pronunciamos recuperamos en sus palabras quizás la historia más antigua de nuestra liturgia.

Arqueólogos han encontrado esta brajá grabada en rollos de plata en tumbas del siglo VII a.e.c. (o sea propiamente en el período bíblico).

Ya en el Talmud se registra el uso diario de esta brajá en la época del segundo Templo.

En la Mishná, masejet Tamid 5: 1 está escrito:

(Después de que los sacerdotes terminaron de colocar las partes de la ofrenda diaria en la rampa)…, “Y” (los miembros de la guardia sacerdotal) “recitaban una bendición”, (y luego) “recitaban los Diez Mandamientos, el Shemá, Vehaia im Shamoa y Vaiomer”. (Además), “bendecían al pueblo con tres bendiciones”. (Estas bendiciones fueron:) “Emet Veiatziv”, (la bendición de la redención recitada después de Shemá); “y” (la bendición del servicio del templo) “Avodá”, (que también es una bendición recitada en la oración de Amida);” y la Bendición Sacerdotal”, (recitada en forma de oración, sin el levantamiento de manos que suele acompañar a esa bendición).

Sé que es compleja la lectura de este párrafo sobre todo porque agregué entre paréntesis lo que necesitamos para reconstruir el escueto texto del Talmud, pero así y todo, lo puse para que imaginemos en esta ritualidad tan atávica y alejada de nosotros, que cada mañana la ofrenda matutina estaba acompañada por estas palabras, que hoy nosotros las seguimos evocando.

Resabios de esta antigua tradición quedaron en nuestros días en algunas congregaciones en los que personas que tienen apellidos que rememoran aquella casta sacerdotal, se quitan los zapatos, se cubren con sus talitim y pronuncian la bendición ante la comunidad.

Hoy quiero compartir algunas curiosidades que aparecen en el Talmud sobre esta práctica, que puede arrojarnos nuevos significados para nuestras vidas.

Estamos en el tratado de Sotá 38b donde está escrito:

“… Todo sacerdote que bendice es bendecido, y el que no bendice no es bendecido, como está dicho: ‘Y bendeciré a los que te bendigan’ (Bereshit 12: 3).”

Primera conclusión. Recitar una bendición, tener palabras de bendición en nuestras bocas, elegir palabras que abracen a otros, que refuercen la esperanza, que auguren buenos momentos le hace bien al que las recibe pero se transforman en una bendición para nosotros mismos. Llenarnos de bien-decir hoy es un acto de resistencia y de preservación ante tanto discurso de odio y de violencia, que tan fácilmente se vehiculiza en todos los entornos

Sigamos con esta página de Talmud que tiene mucho más para sorprendernos.

“En una sinagoga compuesta enteramente por sacerdotes, todos ascienden a la plataforma (para recitar la Bendición Sacerdotal. La Guemará pregunta: si toda la congregación está compuesta por sacerdotes), ¿para quién pronuncian la bendición? Rabí Zeira dice: (Dicen la bendición) para sus hermanos que están en el campo.”

Me emocionan estas disquisiciones talmúdicas que llevan la situación hasta un extremo casi irreal pero nos confrontan con aspectos muy valiosos. ¿Y si todos son sacerdotes y no hay a quién bendecir? No todos pueden llegar, muchos trabajan en el campo, muchos no tienen medios. La bendición es ese estado en el que uno se liga no sólo con los que tiene cerca, con los que lo rodean. Quien es agente de bendición se conecta con quien está lejos, con quien no puede o no sabe cómo acercarse, con el que más lo necesita aunque no lo conozcamos. Traerlos cerca en nuestras intenciones es hacer también un compromiso con aquellos que están fuera de nuestro inmediato alcance pero que tanto necesitan de nuestra buena palabra y nuestra buena acción.

Y por último, veamos algo más.

“… Abba, hijo de Rav Minyamin bar Hiyya, enseña que las personas que están de pie detrás de las espaldas de los sacerdotes no están incluidas en bendición sacerdotal… “

La bendición comienza cuando uno no da la espalda. Cuando nos animamos a poner al otro delante, cuando su mirada nos responsabiliza. Cuando nos preocupamos porque nadie quede detrás, relegado en posibilidades y oportunidades.

Sólo así podremos pedir que Dios torne su rostro hacia nosotros; cuando el nuestro se torne hacia el semblante de nuestro prójimo.

Entonces se entiende mejor el final de este texto:

Cuando aprendamos a llenar nuestros pensamientos y emociones con palabras que construyan y alienten,

Cuando incluyamos en nuestras vidas a los que hemos dejado en las márgenes, invisibilizados a la distancia,

Cuando no ocultemos nuestros rostros a los que por algún motivo quedaron relegados detrás de nosotros;

veiasem leja Shalom”- Dios nos concederá la paz.

Paz que necesitamos en este mundo más que nunca.

Paz que es el resultado de seres humanos que se miran a la cara y encuentran, en el rostro del otro a la humanidad toda. Paz que deviene de un trabajo mancomunado para luchar contra la inequidad. Paz que surge de palabras que bendicen y manos que abrazan sin límites.

Que Dios nos bendiga y nos cuide
Que Dios haga resplandecer su rostro y tenga misericordia de nosotros.
Que Dios vuelva a mirarnos, y nos conceda la paz.

Shabat Shalom umevoraj,

Rabina Silvina Chemen.