PARASHAT MASEI: Caminar los procesos

Estas son las marchas de los hijos de Israel que salieron de la tierra de Egipto, según sus ejércitos (o sus agrupaciones), bajo la dirección de Moshé y Aarón”. Bemidbar-Números 33:1

Moshé anotó, por mandato de Adonai, los puntos de partida de sus marchas. Éstas son sus marchas, según sus puntos de partida: “Viajaron desde Ramsés el día 15 del mes primero…, Entonces los hijos de Israel partieron de Ramsés y acamparon en Sucot…” Bemidbar-Números 33:1, 2, 3, 5

Marchas y puntos de partida. Movimiento y referencia. Lo desconocido y el origen. Así comienza la última Parashá del libro de Bemidbar-Números: Parashat Masei.

Hay dos puntos de referencia en una historia de 40 años en la nada del desierto. Mitzraim y la tierra de la promesa. Salir de Mitzraim y dirigirse a la tierra de la promesa fue una hazaña que amerita ser visualizada en su totalidad antes de alcanzar la meta.

¿Era necesario?, se preguntarán algunos, una vez superados tantos escollos, una vez enterrados a todos los muertos, una vez experimentados los milagros más poderosos del cielo, una vez superadas las diferencias… la lista de los logros y las frustraciones que se vivieron en el desierto sería innumerable. Pero ya estábamos allí, por entrar, terminando “bemidbar”, terminando “en el desierto”. El líder para continuar la marcha ya está asignado, la tierra repartida y las leyes entregadas. Hay que dar el último paso y cruzar la frontera con la que culmina el recorrido. De Mitzraim a la tierra de la promesa. Y sin embargo, no. Hay que volver a esperar para hacer un recuento, pasar la “película” hacia atrás y recorrer una a una las 42 paradas que hizo el pueblo de Israel en el desierto, desde el día en el que dejó atrás la tierra de esclavitud.

Y así el capítulo 33 del libro de Bemidbar relata el itinerario completo, “Estas son sus marchas, según sus puntos de partida…” Cada marcha, cada llegada, remite a un punto de partida. Esta es una de las enseñanzas antes de entrar a una nueva realidad. No hay entrada a ninguna promesa si no hay conciencia del lugar de la salida. No hay logro que se consiga olvidando desde dónde iniciamos el desafío.

Cada marcha según su punto de partida. Cada llegada según su salida. Porque los espacios que conquistamos son nuestros en tanto reconocemos de dónde venimos y qué hicimos para obtenerlos. Inclusive la tierra de Israel, que la recibimos en heredad, tuvimos que merecerla. Y para ello hubo que caminar, construir, disentir, reparar, aprender, defender, escuchar…

No hay solución si no hay verdadero reconocimiento del problema. No hay satisfacción real si no hay una vuelta a la necesidad que experimentamos alguna vez.

No hay valoración de lo que tenemos si no reconocemos lo que nos dolía no tener. No hay reconocimiento de lo que somos, si no damos vuelta la cabeza hacia atrás y miramos lo que nos costó ser quienes queremos ser.

Y este itinerario entre Mitzraim y la tierra de la promesa tiene una característica muy particular. Salimos de Mitzraim, que en castellano es el equivalente a la tierra de Egipto. Pero qué interesante la lengua hebrea y sus significados… Mitzraim es una palabra en plural. Quizás para que entendamos que los orígenes de nuestras travesías son plurales.

Nadie sale de un solo lugar hacia un solo lugar. Nuestros puntos de partida son plurales. Mitzraim representaba un conjunto complejo de situaciones, valores y experiencias diversas, que se transformaron en el punto de partida hacia el nuevo horizonte: la tierra de la promesa.

Por lo tanto si el origen es plural, el camino no se presentará como único y lineal. También el camino será un conjunto complejo de marchas y contramarchas, de aciertos y errores en los que nos veremos desafiados a tomar decisiones, también plurales y diversas. Cada marcha según su punto de partida. Por eso no nos podemos olvidar de la pluralidad de Mitzraim, cada vez que le exijamos al camino una sola posibilidad. Cada vez que nos cansemos de armar y desarmar campamentos. Cada vez que tengamos sed o nos aceche la plaga.

Decimos en Pesaj –y luego muchos lo olvidamos durante el año– “Bejol dor vador, en cada generación cada uno debe verse a sí mismo como sí uno hubiera salido de Egipto”. Y no es sólo para celebrar la festividad de la libertad. Es para que aprendamos a caminar los desiertos que median entre Mitzraim y las tierras de promesa.

Todos salimos –en pasado– y salimos –en presente–, de una pluralidad de Mitzraim y nos aventuramos al camino de la existencia que se presenta con múltiples geografías. Y aún cuando el trayecto se presente sencillo, parashat Masei nos pide que no dejemos de mirar el origen, el punto del cual partimos y que no dejemos de reconocer la importancia de cada parada, de cada episodio, feliz o no, con el que nos topamos en nuestra travesía.

Sólo así, la línea del horizonte se transformará en la verdadera meta, la tierra de la promesa. A la que podremos cruzar cuando antes hagamos un alto en el camino y nos tomemos el tiempo necesario para valorar la historia que nos condujo hasta acá.

Shabat Shalom,

Rabina Silvina Shemen