El capítulo 23 del libro de Vaikrá es el resumen del calendario de festividades del año judío en tiempos bíblicos. Comienza así:
“Habló el Señor a Moshé, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Las fiestas solemnes de El Señor, las cuales proclamaréis como santas convocaciones, serán estas…” (23:1-2)
Y acá comienza el listado con sus detalles.
Primero el mandamiento del Shabat- día del reposo para Dios. (23:3)
La primera de las festividades será la convocatoria sacra de Pésaj. (23:4-8) y seguidamente la prescripción de la cuenta del Omer- el paso de 7 semanas entre Pésaj y Shavuot, que se inicia con una ofrenda de harina de cebada mecida, al finalizar el primer día de Pésaj (23:9-16) y una cuenta que evoca dicha ofrenda hasta llegar al día 50 con la festividad de Shavuot- donde se agradecerán las primicias y se harán las ofrendas correspondientes (23: 17-21).
Lo que debería suceder es que la lista continúe con la festividad de Yom Zijrón Truá (el día del recuerdo del sonido del shofar)- es decir, lo que nosotros llamamos Rosh Hashaná (que en aquellos tiempos era el primer día del séptimo mes). Sin embargo, el capítulo nos sorprende interrumpiendo esta enumeración con el siguiente texto:
“Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo El Señor vuestro Dios.” (23:22-23)
Inmediatamente después de estos dos versículos sigue la lista. Yom Zijrón Trua (Rosh Hashaná) (23:24.25), luego Yom Hakipurím, el décimo día del séptimo mes (23:26-32) y finalmente la fiesta de los Tabernáculos (Sucot) a los quince días del mismo mes (23:33- 43)
Y finaliza así:
וַיְדַבֵּ֣ר מֹשֶׁ֔ה אֶֽת־מֹעֲדֵ֖י יְהֹוָ֑ה אֶל־בְּנֵ֖י יִשְׂרָאֵֽל
“Así habló Moshé a los hijos de Israel sobre las fiestas del Señor.” (23:44)
Queda clarísimo que este capítulo está totalmente dedicado a recordar el calendario ritual/festivo del pueblo de Israel, con sus correspondientes días de reposo, sus ofrendas y motivaciones. Moadei Adonai- Fiestas de Dios, dedicadas a Dios, propuestas por Dios, inspiradas en Dios…
Volvamos a la pregunta: ¿Qué hace este versículo en medio del calendario de festividades?
“Cuando segareis la mies de vuestra tierra, no segaréis hasta el último rincón de ella, ni espigarás tu siega; para el pobre y para el extranjero la dejarás. Yo El Señor vuestro Dios.” (23:22-23)
Dos mitsvot hay en estos versículos. Peá- no cosechar el campo completo, sino dejar las esquinas (en hebreo peá) para que luego de terminada la labor, aquellos necesitados, -sin tierra, pobres o extranjeros- puedan tomar de lo que la tierra produjo sin tener que humillarse delante de los que tienen recibiendo migajas. Y la otra mitsvá es la de “leket”: cuando se cosecha un campo, todo aquello que cae en el suelo no debe levantarse. Es también derecho del que no tiene, de tomar de lo que los brazos del cosechador no dieron abasto para llevarse consigo.
Mitsvot que no tienen que ver únicamente con el trabajo de la tierra sino con una posición ética en la vida, cuando la mirada de uno no termina en el borde de su casa, su trabajo, su comodidad, sino que la sola conciencia de que hay otros que están “del otro lado del cerco” nos interpelan a asumir una responsabilidad. No llevarnos más de lo que nuestras manos pueden recolectar. No ser insensibles a los otros que están parados allí, frente a nosotros, aunque juguemos a invisibilizarlos detrás de muros de contención o seguridad. Dedicar una “esquina” de nuestra producción a no tomarla sino a compartirla como mensaje de dignidad y respeto hacia el otro y hacia nosotros mismos. Mitsvot que a mí me conmueven por su simpleza y su verdad. Y créanme que no sólo se beneficia el que tomas las espigas caídas en el campo…
Pero volvamos a nuestra pregunta. ¿Por qué en medio de las solemnes festividades, convocatoria sacra para el Señor?
El Midrash Sifra (compilación de interpretaciones del libro de Vaikrá- Levítico) también se pregunta lo mismo. Y así lo responden:
«Y proclamarás en este mismo día un llamado santo… Y cuando recojas la cosecha de tu tierra, no dejes ni un rincón de tu campo en tu siega, ni espigues tu cosecha.» (Vaikrá 23:21-22 ) Rabí Avardimos bar Rabí Yossi dijo: ¿Por qué la Escritura consideraron apropiado insertar esto (las mitsvot de peá y leket) en medio de las festividades —Pésaj y Shavuot, por un lado, y Rosh Hashaná y Yom Kipur por el otro? Para enseñar que a quien da leket, peá y shijejá (una tercera mitsvá del orden de la justicia social que prescribe no volver a buscar lo que dejaste olvidado en el campo mientras lo cosechabas) y el diezmo de los pobres, se le cuenta como si el Templo existiera y ofreciera sus sacrificios en él. Y a quien no lo da, se le cuenta como si el Templo existiera y no ofreciera sus sacrificios en él.”
Es una interpretación muy poderosa. Los sabios del Midrash comprenden que todos los sacrificios, ofrendas y prácticas rituales son equiparadas a acciones sociales que devuelvan la dignidad a los que menos tienen. Se vuelve a erigir simbólicamente el Templo de Jerusalem a quien tiene la grandeza de no volver por un par de espigas caídas cuando su granero está colmado. No hay fiesta, ni libertad de Pesaj, ni festejo de primicias, ni sonido de Shofar, ni ayuno de Kipur, ni celebración de la travesía por el desierto bajo las cabañas que tenga sentido si del otro lado de la reja de mi casa, hay gente que no puede disfrutar de algo de lo mío, para seguir viviendo. No hay religiosidad verdadera sin compromiso social.
No nos llenemos la boca de plegarias, ni cumplamos a rajatablas las leyes de nuestras tradiciones si no acompañamos nuestra ritualidad con nuestros gestos concretos hacia los que menos tienen. Es legítimo tener una posición acomodada, aspirar a una vida feliz, llenar la casa para los festejos. Todo eso es el Templo de Jerusalem que vuelve a poner de pie- sólo si cerramos la puerta de casa para nuestros festejos después de haber tendido la mano, ofrecido el pan de la dignidad, y la oportunidad para quienes no pueden acceder por sí solos.
¿Qué culpa tengo yo- me dirán algunos- de que haya pobres en mi ciudad? Culpa, ninguna- en la mayoría de los casos. Responsabilidad, toda. Porque elegimos pertenecer a una tradición de fe que no concibe el derecho de festejar -y menos evocando el nombre de Dios- si es sólo para beneficio propio, desconociendo el dolor de otros.
Por eso nos recuerdan, en el medio de la algarabía, que todo tiene sentido si moldea nuestra sensibilidad amorosa de no desproteger más los desprotegidos de un sistema desigual e injusto.
Esta semana fue liberado Edan Alexander que estuvo secuestrado en Gaza dese el 7 de octubre de 2023. Una gran alegría para su familia y amigos. Un muchacho que mostró los brazos lastimados de tanta tortura- a pesar de su sonrisa y su caminata hacia sus queridos. Es motivo de celebración. Sin embargo, del otro lado del cerco están las familias de los otros 58 secuestrados- vivos y muertos- que ven la injusticia de no poder acceder a ese abrazo tan anhelado de cuerpos que no sabemos en qué condiciones están. No puedo terminar de festejar una liberación cuando tengo en mi corazón los ojos y los rostros ajados de dolor de todos los que ven cómo el tiempo se acaba mientras la virulencia y la indiferencia de la política los deja de lado.
De eso se trata. De que de una vez por todas se comprenda que no hay sociedad, comunidad, religión que se pueda sostener mientras del otro lado estén los que poco a poco dejan de ser visibles, porque de este lado, la fiesta les obnubila la mirada y la conciencia.
Rabina Silvina Chemen
