PARASHAT EMOR 2024: Los rostros de la interioridad

Siempre hay un rey sobre un caballo

en las viejas ciudades.

los custodian las fuentes y los niños

y un insólito pájaro.

 

Cuando los veo pienso que la muerte

mira de las estatuas,

armada hasta los dientes

con sus ojos de bronce clausurados.

 

Si pregunto por ellos me responden

galopes y batallas,

nunca el caballo libre en las praderas

ni al señor en su casa.

 

Todos cuentan la historia por las guerras

en las viejas ciudades

y por más que pregunto nadie sabe

describir la morada

donde amasaba pan el panadero

y su mujer hilaba.

 

La historia que nos cuentan

es historia de una que otra batalla,

pero jamás nos dicen que entre tanto

el labrador sembraba.

 

Y que segando el trigo de la vida

los jóvenes se amaban

mirándose a los ojos

como miro la paz en tu mirada. Fragmento de “Ronda en las viejas ciudades” de Armando Tejada Gómez y Ángel Ritro

¿Qué contará la historia de los tiempos demenciales que estamos viviendo como humanidad? ¿Quedarán memoriales con listas de muertos? ¿Quedarán estandartes que justifiquen el odio? ¿Qué historia contaremos y qué historia contamos? Contamos sin parar la historia de la muerte que nos ha clausurado los ojos como en el bronce de las estatuas. Pero ya nadie habla de quien hila la tela o amasa el pan; porque los titulares simplistas de una narrativa que necesita absolutos más allá de cualquier razón no incluyen a la gente común en su vida cotidiana, no repara en la delicadeza de los gestos mínimos ni, por supuesto, se ocupa de un pensamiento complejo que incluya más de una variable. En medio de esta guerra sumado al odio sin precedentes de reivindicaciones sin ninguna racionalidad ni sensatez, hay parejas que se eligen, hay miradas de amor cómplices, hay brazos que hacen dormir a un niño, hay un horno que se enciende cada mañana para llenar la casa con olor a hogar. La historia de la humanidad está siendo narrada en un paradigma triunfalista en el que uno gana si el otro pierde/desaparece/ es humillado/ profanado. Pero hay otra historia, otras historias que son parte de un relato silenciado; las manos del labrador agrietadas de tanto remover la tierra para cosechar su siembra, la voz de una abuela que susurra una canción de cuna para adormecer a su nieto, la charla de dos amigos que se cuentan hasta el infinito sus alegrías y pesares, la mirada de un soñador sobre un libro de poesía…

Hoy vamos a darnos un respiro. Y vamos a hablar del pan.

Tenemos que volver a hablar de pan. Pan presente en nuestra parashá. Pan sagrado; tan sagrado como el candelabro de oro, y el altar de oro, y el incensario de oro. Tan sagrado como las ofrendas comunales más importantes. Tan sagrado como el día más sagrado del año. Pan. Sí. Pan que debía estar allí, para que esa tienda se transforme en Santuario.

וְלָקַחְתָּ סֹלֶת–וְאָפִיתָ אֹתָהּ, שְׁתֵּים עֶשְׂרֵה חַלּוֹת; שְׁנֵי, עֶשְׂרֹנִים, יִהְיֶה, הַחַלָּה הָאֶחָת. ו וְשַׂמְתָּ אוֹתָם שְׁתַּיִם מַעֲרָכוֹת, שֵׁשׁ הַמַּעֲרָכֶת, עַל הַשֻּׁלְחָן הַטָּהֹר, לִפְנֵי יְהוָה.  ז וְנָתַתָּ עַל-הַמַּעֲרֶכֶת, לְבֹנָה זַכָּה; וְהָיְתָה לַלֶּחֶם לְאַזְכָּרָה, אִשֶּׁה לַיהוָה.

“Tomarás harina selecta y cocerás con ella doce panes, dos décimas de medida por cada pan. Y los pondrás en dos hileras, seis en cada hilera, sobre la mesa limpia delante del Señor. Y en cada hilera pondrás incienso puro, para que sea porción memorial del pan, una ofrenda encendida para el Señor.” Vaikrá- Levítico 24:5-7

Para recordar de qué pan están hablando, doce panes en dos hileras, “porción memorial de pan”, ofrenda a Dios, tenemos que ir al libro de Shemot- Éxodo cuando se da la orden de construir esta mesa.

 וְעָשִׂיתָ שֻׁלְחָן, עֲצֵי שִׁטִּים:  אַמָּתַיִם אָרְכּוֹ וְאַמָּה רָחְבּוֹ, וְאַמָּה וָחֵצִי קֹמָתוֹ.   וְצִפִּיתָ אֹתוֹ, זָהָב טָהוֹר; וְעָשִׂיתָ לּוֹ זֵר זָהָב, סָבִיב.(…) וְנָתַתָּ עַל-הַשֻּׁלְחָן לֶחֶם פָּנִים, לְפָנַי תָּמִיד.

“Harás asimismo una mesa de madera de acacia; su longitud será de dos codos, y de un codo su anchura, y su altura de codo y medio. Y la cubrirás de oro puro, y le harás una cornisa de oro alrededor.  (…) Y pondrás sobre la mesa el pan de la proposición (LEJEM HAPANIM) delante de mí continuamente.” Shemot- Éxodo 25: 23-24, 30

Estos panes son llamados “lejem hapanim”, el pan de la proposición, en inglés “showbread”, y en su traducción literal- que elijo para este comentario- el pan de LOS ROSTROS.

Pan. Delante de Dios. Pan. Alimento básico. Lo que hacemos todos los días en el anonimato, en la intimidad de nuestras familias. Lo que ponemos en la mesa como la más delicada ofrenda, porque el amor de las manos de quien lo amasa hace de ese pan un alimento sagrado.

En el Talmud, Menajot 11:4 “Ben Zoma dice (que está escrito): “Y pondrás sobre la mesa los panes de la proposición [lejem hpanim] delante de Mí siempre” (Shemot- Éxodo 25:30). (El término) lejem hapanim (indica) que debe tener lados (bordes verticales) [panim] (en lugar de una forma redondeada).

Es imaginable un pan de molde con sus lados cuadrados. Más allá de las especificidades técnicas es un pan que registra diversidad de facetas, lados, rostros. El objeto en cuestión se ve diferente de acuerdo con el ángulo que lo mires. Un símbolo extraordinario para incorporar en el espacio más sagrado. La mirada múltiple. La visión amplia. La cotidianidad y todas sus posibilidades.

Y el Targum Yonatán (Yonatán ben Uziel s.I) primera traducción del texto bíblico al arameo entiende que en lugar del “panim” podríamos leer “pnim”, el pan de la interioridad. Entonces me atrevo a completar mi pensamiento diciendo que en el momento en el que uno se anima a la maravillosa aventura de “los rostros”, en plural, accede a la belleza de la interioridad, de saltear la apariencia, el estigma, el prejuicio o la etiqueta y descubrir que hay allí dentro.

Y ¿Qué hay dentro? Cuando miramos los rostros más allá de los discursos de la política, la manipulación de los medios, los odios heredados, las heridas que deciden mantener abiertas para que nada sane, lo que encontramos es la obra del panadero en su masa, la paciencia de la que hila su tela, el amor que se respira cuando dos jóvenes se miran y la paz de aquel labrador que segando el trigo de la vida sueña con cosechar paz.

Rabina Silvina Chemen.