Si nos corriéramos del texto bíblico y les contara que se produce un enfrentamiento por la codicia del poder, que provocan una total desazón; que la gente común no sabe cómo comprenderlo y adhieren casi a ciegas a una causa de contenido difuso, cuyos líderes no pueden llegar a un espacio de mediación o acuerdo y que todo se resuelve con una tierra que se abre y se los traga, quizás alguno me diría que es una resolución demasiado fatal a una controversia, por más contenido que tenga. Otros me dirían que, conociendo la historia de Koraj, es un lenguaje metafórico que habla del castigo divino que no tolera la insurrección de un grupo frente a Moshé y Aharón.
Quiero que vayamos juntos a investigar los términos con los que en la Torá se resuelve esta confrontación. Repasemos los hechos.
Koraj, de la misma tribu de Levy, primo de Moshé, Aharón y Miriam, organiza en medio del desierto un motín enfrentando el liderazgo de Moshé y en desacuerdo con la asignación de la familia de Aharón a cargo del sacerdocio. No conforme con ello, convencen a gente de la comunidad y juntan un número importante de sublevados contra la autoridad que los está guiando por el desierto.
Moshé desconcertado, le pide ayuda a Dios y se resuelve en una escena típica en la Biblia que es una especia de prueba para confirmar a quién elige Dios. Ofrecen inciensos. Por su puesto que Dios elige el de “sus elegidos” y los que pierden la compulsa son tragados por la tierra.
Leamos el texto que es estremecedor:
“Y tomó cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, y echaron en ellos incienso, y se pusieron a la puerta del tabernáculo de reunión con Moshé y Aarón. Ya Kóraj había hecho juntar contra ellos toda la congregación a la puerta del tabernáculo de reunión; entonces la gloria de Dios apareció a toda la congregación. Y Dios habló a Moshé y a Aarón, diciendo: Apartaos de entre esta congregación, y los consumiré en un momento. Y ellos se postraron sobre sus rostros, y dijeron: Dios, Dios de los espíritus de toda carne, ¿no es un solo hombre el que pecó? ¿Por qué airarte contra toda la congregación? Entonces Dios habló a Moshé, diciendo: Habla a la congregación y diles: Apartaos de en derredor de la tienda de Kóraj, Datán y Abiram.” Bemidbar – Números 16: 18-24
La escena nos conmueve. En todo enfrentamiento, si la solución es uno u otro, todos corren el riesgo de caerse en el mismo abismo. Dios les dice a Moshé y Aharón que correrán el mismo destino si no se apartan de allí. Y también, con un coraje inmenso, Moshé y Aharón cuestionan a Dios diciendo que finalmente Kóraj era el que debería ser castigado, por qué todos recibirán la punición. Y esto no pasó sólo en esta escena. Todos caen, cuando los liderazgos llevan a su gente a abrazar causas violentamente, sin ninguna otra salida más que el exterminio del oponente. En síntesis; todos pierden en una compulsa por el poder absoluto, y todos caen cuando los líderes conducen a su gente hacia ese abismo.
Y luego la Torá cuenta:
“Y aconteció que cuando cesó él de hablar (Moshé) todas estas palabras, se abrió la tierra que estaba debajo de ellos. Abrió la tierra su boca, y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Kóraj, y a todos sus bienes. Y ellos, con todo lo que tenían, descendieron vivos al Sheol, y los cubrió la tierra, y perecieron de en medio de la congregación.” Bemidbar – Números 16: 32-33
Los traga a ellos, a sus casas, a sus conocidos y hasta sus bienes. Y dice que descendieron vivos al Sheol (en español lo escriben Seol porque no han encontrado traducción para esta palabra) y que la tierra los tapó.
Desgarrador. Y una gran pregunta. ¿Qué es el Sheol?
La palabra Sheol no significa sepultura. En hebreo el término usado es kevurá קְבוּרָה que viene de la raíz “kavar” (קָבַר) que significa enterrar.
Tampoco significa pozo. La Biblia hebrea usa la palabra “bor” (בּוֹר).
Sheol es, algo así como “la morada de los muertos”. Y si quisiéramos encontrarle alguna explicación a esto podríamos inferir que viene de la raíz shaal (שָׁאַל), que significa preguntar. El lugar en el que se alojan aquellas preguntas que jamás podremos responder, la incertidumbre más oscura como la describe Job- Yiov en el capítulo 10: 21-22
“…antes que me vaya, para no volver, a la tierra de tinieblas y sombras profundas; tierra tan lóbrega como las mismas tinieblas, de sombras profundas, sin orden, y donde la luz es como las tinieblas.”
Donde la luz es como las tinieblas.
Y eso es lo que nos está pasando en este tiempo, especialmente desde hace 9 meses. Las vidas siguen, el calendario marca diversas celebraciones, nacionales o familiares, los proyectos se crean, pero aún en la luz estamos como en tinieblas.
Metidos en un enfrentamiento que nos arrastra a todos a sentirnos, aún vivos, en el abismo más oscuro, arrastrados con todos nuestros “bienes”, porque lo bueno se tiñe de tragedia al ver que esta situación no se resuelve y que cada día es un nuevo capítulo en el que la tierra se abre cada vez más.
El odio hace que la tierra se trague a las víctimas del mismo y a sus perpetradores por igual. No hay solución en una compulsa que pretenda que unos acaben con los otros. No hay discurso de odio que resuelva siglos de prejuicios y operaciones políticas que necesitan siempre de un chivo expiatorio. No hay líderes que queden indemnes cuando lo que proponen es el exterminio. No hay tierra que aguante el peso de tanta bronca, tanto desprecio, tanta mala intención, tanto grito, tanta violencia, tanta locura. Se abren las fauces del Sheol porque nos sume a todos como humanidad en un sin salida.
¿Cómo salimos de esto?
Más adelante, contando se hace un censo en el capítulo 26 aparece el siguiente versículo:
וּבְנֵי־קֹ֖רַח לֹא־מֵֽתוּ׃
“Y los hijos de Kóraj no murieron”. (26:11)
Rashi (S XI) va a explicar lo siguiente:
“Originalmente estaban en el complot, pero en el momento en que estalló la rebelión tenían pensamientos de arrepentimiento en sus corazones; Por lo tanto, les cercaron un lugar alto y se quedaron allí.”
Los hijos de Kóraj pueden pensar con sus propios criterios y decidir de qué lado de la historia quieren estar. Se ponen en un lugar alto, se arrepienten, no siguen acríticamente la locura de su padre. Eligen qué posición tomar. Y la Torá los rescata: ellos no mueren. Quizás porque mueren física o espiritualmente todos aquellos que se dejan arrastrar por el sinsentido de la confrontación, encubiertos por la causa de unos pocos que sólo rapiñan poder.
Y la guemará agrega un dato para mí conmovedor:
“Con respecto al versículo: “Y los hijos de Kóraj no murieron”, se enseña en una baraita (un texto de la época de la Mishná) que en nombre de nuestro maestro, los Sabios dijeron: … se sentaron en él y recitaron canciones de alabanza.”
Los hijos de Kóraj decidieron cambiar el grito por la melodía, el insulto por la poesía.
¿Cómo se sale de esto? Educando a las generaciones que están siendo testigos de esta locura que hay oportunidades de transitar las diferencias y las conflictivas históricas más allá de la fatal resolución de exterminarse unos a otros, porque todos, como lo estamos viendo, estamos perdiendo.
Y se sale con creatividad, con la apelación al aspecto más profundo de nuestro ser como lo es la posibilidad de hacer música, de encontrar palabras que rimen, de sentarse a ofrecer espacios de alabanza.
No vamos a entrar en ese Sheol porque vamos a darle pelea a la oscuridad.
Buscando lugares altos.
Decidiendo a quién seguir para no ser arrastrados.
Buscando con quiénes sí podemos hablar, compartir, debatir, llorar y darnos un tiempo para permitirnos cantar. Cada uno su partitura, pero quizás consiguiendo componer una melodía armónica. Quizás. Ojalá. Ojalá.
Rabina Silvina Chemen.
