El patriarca Yaakov transita en esta parashá uno de los momentos más complejos de su vida. El desenfreno por llegar a la cúspide – no importa por qué medios-, el deseo vehemente de ser reconocido como el mejor, la avidez de la tajada más grande de la herencia. En esa maraña de equivocaciones chantajea a su hermano, engaña a su padre, se complota con la madre quien también traiciona a su hijo mayor. ¿Qué necesidad? Nada bueno puede esperarse después de haber obtenido ilegal y arteramente lo que no le correspondía. Y, de hecho, de nada le sirvió. Porque jamás lo disfrutó y nadie se lo reconoció.
El resultado fue es destierro, la huida ante un hermano furioso por el robo de su rol en la familia, y quizás, quiero creer yo, la vergüenza de no poder mirar a su padre anciano de frente luego de lo sucedido.
Se escapa, solo. Y más que una fuga, en esa soledad comienza su gran aprendizaje. Con las bendiciones recibidas de su padre de forma engañosa, con la culpa de haberse dejado arrastrar por su avidez y soberbia, termina solo, cansado, y se acuesta a dormir sobre un montículo de piedras.
Imagino sus pensamientos, sus reproches, su angustia, su bronca, mientras daba cada paso. Una introspección necesaria para revisar conductas y quizás darse la oportunidad de elegir otro modo de vivir.
Y es acá, en este instante de íntima interioridad, que Dios aparece con un mensaje. No antes. Sino cuando él está dispuesto a abrir su conciencia a lo trascendente. Allí, en medio de un hermoso sueño, aparece el mensaje divino:
וַֽיַּחֲלֹ֗ם וְהִנֵּ֤ה סֻלָּם֙ מֻצָּ֣ב אַ֔רְצָה וְרֹאשׁ֖וֹ מַגִּ֣יעַ הַשָּׁמָ֑יְמָה וְהִנֵּה֙ מַלְאֲכֵ֣י אֱלֹהִ֔ים עֹלִ֥ים וְיֹרְדִ֖ים בּֽוֹ׃
“Él tuvo un sueño: una escalera estaba apoyada en el suelo y su extremo tocaba en el cielo (roshó maguía hashamáyima), y los ángeles de Dios subían y bajaban por ella.” Bereshit – Génesis 28:12
Él, que peleó por llegar a las alturas máximas sin éxito, ahora sueña con un elemento que lo ayuda a pensar lo que significa verdaderamente ascender; una escalera. Los pies en suelo, y su extremo superior en el cielo. Y ¿quién le muestra el camino? Los ángeles. Que suben y bajan, como invitándolo a entender que las alturas no “llegan de regalo” sino que es el resultado del esfuerzo de querer crecer en el camino del sentido. Los ángeles suben y bajan, como pidiéndole a él que, aferrado a su tozudez, nada podrá hacerlos subir a ningún privilegio.
Yaakov se despierta conmovido. Así lo relata el texto bíblico:
וַיִּירָא֙ וַיֹּאמַ֔ר מַה־נּוֹרָ֖א הַמָּק֣וֹם הַזֶּ֑ה אֵ֣ין זֶ֗ה כִּ֚י אִם־בֵּ֣ית אֱלֹהִ֔ים וְזֶ֖ה שַׁ֥עַר הַשָּׁמָֽיִם׃
“Conmocionado, dijo: «¡Qué imponente es este lugar! No es otra cosa que la morada de Dios, y esta es la puerta al cielo». Bereshit – Génesis 28:17
Es la casa de Dios -Bet El- y es la puerta del cielo, en hebreo: shaar hashaáyaim.
Creemos entender lo que dice… ¿entendemos lo que dice?
¿La casa de Dios? ¿La puerta del cielo?
Nos vamos a buscar si la “puerta del cielo”- “shaar hashamáyim” aparece en otro relato y…
Miren lo que encontramos…
El relato de la torre de Babel, cuando intentan construir un artefacto que conecte la tierra con el cielo…
וַיֹּאמְר֞וּ הָ֣בָה ׀ נִבְנֶה־לָּ֣נוּ עִ֗יר וּמִגְדָּל֙ וְרֹאשׁ֣וֹ בַשָּׁמַ֔יִם וְנַֽעֲשֶׂה־לָּ֖נוּ שֵׁ֑ם פֶּן־נָפ֖וּץ עַל־פְּנֵ֥י כׇל־הָאָֽרֶץ׃
“Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre cuya cúspide llegue al cielo (roshó bashamáyim) …”
Un proyecto de ambición de poder desmedida que termina en fracaso. El deseo de llegar la cielo para tener “un nombre”, ser como Dios, ser respetados por su jerarquía suprema. Un proyecto cruel, porque nada bueno sucede cuando el éxito de uno se piensa sobre el aplastamiento del otro.
Y ¿dónde está “shaar hashamáyim”, la puerta del cielo?
En la palabra Babel.
Si bien la Torá juega con el sonido Babel para decir que Dios como castigo “balal” confundió las lenguas, la palabra Babel según diccionarios etimológicos (yo consulté al Klein Dictionary) explican que בָּבֶל– viene de “Bab” (que significa puerta) e “ilu” que significa dios.
Dos puertas del cielo. ¿Cuál es la diferencia? Una fracasa y la otra marca el inicio de la recuperación de una vida y el comienzo de un pueblo.
Yaakov, con su sueño y cómo lo comprende redime de algún modo la historia de la torre de Babel. No hay puerta del cielo, no poder positivo, si los medios para llegar al objetivo son crueles y despiadados. Nada bueno sucedió ni sucederá con las puertas que en nombre de vaya a saber qué dios se pretenden conquistar.
Tenemos que ser cuidadosos con las historias que nos cuentan y que replicamos. ¿Será que estamos en tiempos en los que los ingenieros de la torres uniformes, unilaterales y despiadadas le ganaron a la posibilidad de construir puentes quizás más frágiles, pero que nos lleven a una puerta que abra el cielo y no el infierno?
Yaakov empieza su proceso de sanación en este sueño. Deja la torre, deja esto de que “un fin justifique cualquier medio” y se atreve a la humilde experiencia de hacerle lugar al sentido, al misterio, a aquello que es superior a las individualidades y apetencias. Entonces ve, que se puede subir y bajar, y transitar una escalera que nos lleve A TODOS a esa cúspide que hoy podríamos llamar serenidad, acuerdos, convivencia, oportunidades, reconstrucción, apoyos y por qué no … la puerta de la paz. Mientras haya gente -como cuenta el midrash- que obligados a sumarse al proyecto salvaje de la torre muera en el camino sin importarle a nadie, habremos perdido la oportunidad de recuperar esa escalera que hicimos añicos para que el verdadero mensaje de Dios llegue a nuestras decisiones y se haga parte de nuestras vidas.
Yaakov hoy sigue soñando con una humanidad que recupere la capacidad de creer que esa escalera pueda volver a aparecer en nuestros sueños.
Rabina Silvina Chemen
