Moshé, el líder más intachable de nuestra historia como pueblo tiene una de las frases más conmovedoras para mí desde un lugar de creyente:
“Entonces Moshé se volvió a Adonai, y dijo: Señor, ¿por qué afliges a este pueblo? ¿Para qué me enviaste? Porque desde que yo vine a Faraón para hablarle en tu nombre, ha afligido a este pueblo; y tú no has librado a tu pueblo”. (Shemot 5: 22-23)
Así termina la primera parashá de este libro fascinante que estamos comenzando. Una vez que asistimos al milagro de la zarza que arde y no se consume, a la aparición de Moshé como líder… quien nos guiará como pueblo durante 40 interminables años como pueblo, le pregunta a Dios, ¿por qué? ¿Por qué permites que esto suceda? ¿Por qué avalas el sufrimiento y la tortura?
El reclamo de Moshé es de lo más humano y valiente en toda la Torá. Una persona que conoce a Dios, cara a cara, que acepta una misión titánica, sabiendo que estaba protegido y garantizado por la presencia divina, en una de sus primeras conversaciones lo enfrenta a Dios con la eterna pregunta del ¿por qué?
Y resuenan otras preguntas que nos pueden remitir a la misma: ¿Por qué a mí? ¿Por qué a él? ¿Por qué se lleva a los buenos y los corruptos siguen vivos? ¿Por qué la Shoá? ¿Por qué, que no te entiendo, Dios? Lo más interesante y extraño es la respuesta.
Esta parashá termina en el versículo 1 del capítulo 6. Es decir, que en lugar de cortar con la pregunta de Moshé al final del capítulo 5, agregan su aparente respuesta. Y ¿por qué aparente? Porque lo que Dios dice no responde a la pregunta de Moshé.
“Dios respondió a Moshé: Ahora verás lo que yo haré a Faraón; porque con mano fuerte los dejará ir, y con mano fuerte los echará de su tierra”. (Shemot 6:1)
Extraña decisión de tomar un solo versículo de un capítulo que no va a agregar nada, en apariencia.
En la parashá siguiente, con la esperanza de buscar esa respuesta al por qué de Moshé, comienza la parashat Vaerá:
“Habló todavía Dios a Moshé, y le dijo: Yo soy Adonai. Y aparecí a Abraham, a Itzjak y a Iaakov como Dios Omnipotente, mas en mi nombre Adonai. no me di a conocer a ellos. También establecí mi pacto con ellos, de darles la tierra de Canaán, la tierra en que fueron forasteros, y en la cual habitaron. Asimismo yo he oído el gemido de los hijos de Israel, a quienes hacen servir los egipcios, y me he acordado de mi pacto. Por tanto, dirás a los hijos de Israel: Yo soy Adonai. ; y yo os sacaré de debajo de las tareas pesadas de Egipto, y os libraré de su servidumbre, y os redimiré con brazo extendido, y con juicios grandes; y os tomaré por mi pueblo y seré vuestro Dios; y vosotros sabréis que yo soy Adonai vuestro Dios, que os sacó de debajo de las tareas pesadas de Egipto. Y os meteré en la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Abraham, a Isaac y a Jacob; y yo os la daré por heredad. Yo Adonai. De esta manera habló Moshé a los hijos de Israel; pero ellos no escuchaban a Moshé a causa de la congoja de espíritu, y de la dura servidumbre.” (Shemot 6: 2-9)
Como podremos ver no sólo que no responde a la pregunta del por qué sino que lo que dice o promete, no puede ser escuchado por el pueblo. La Torá interpreta que no pueden escuchar por congoja de espíritu y dura servidumbre. No podían escuchar porque lo que necesitaban escuchar tanto Moshé, como el pueblo, como nosotros, es ¿por qué?
Y quizás la ausencia de respuesta sea toda la respuesta.
Quizás a Dios no se llega a partir de la respuesta al por qué de lo que “nosotros suponemos que hace o deja de hacer” de acuerdo con nuestras categorías limitadas para construir un concepto de fe que atraviese nuestra racionalidad.
La fe no se funda en dimensiones cognoscibles de lo divino. Nos trasciende el intelecto y nos invita a desarrollarla con otras capacidades que tienen que ver con el misterio, con el infinito, con nuestro lugar trascendente en la historia.
Moshé no dejó de cumplir con su misión de líder más allá de todas las vicisitudes, porque Dios no le haya respondido. No fundó su fe en un control absoluto de su conocimiento. Quizás comprendió que más que preguntar por el por qué de la historia corresponde preguntar acerca de nuestras acciones para afrontarla. Moshé no titubeó en su rol, a pesar de la aparente ausencia de respuesta de Dios a su pedido de explicaciones racionales. No dejó su misión, no dejó de intentar un vínculo con Dios, no dejó de acercar al pueblo de Israel a ese Dios sin respuestas. Sin respuestas tal como nosotros las pretendemos. Quizás todo el trabajo de la fe sea encontrarlas en otros formatos y en otros tiempos.
