PARASHAT SHELAJ LEJÁ 2024: La vuelta de los espías

Parashat Shelaj Lejá es a menudo conocida como la parashá de los “espías”. Siempre me resultó interesante cómo opera la memoria colectiva que, más allá de que Moshé enviara 12 representantes, uno por cada tribu, a explorar la tierra, el común de la gente los recuerda como espías. Espiar nada tiene que ver con explorar. ¿Qué nos pasó en nuestra memoria narrativa que ganó la versión de esos hombres infiltrados o informantes y no la de los buscadores o investigadores? ¿Será acaso que ambas definiciones produjeron las dos respuestas, tan antagónicas, de los 10 que dijeron que era imposible esa tierra “que se come a sus habitantes” y los otros que animaban a su pueblo a seguir con confianza la palabra de Dios?

Ésta era la consigna:

“Cuando Moshé los envió a explorar la tierra de Canaán, les dijo: “Subid allí al Négueb y a la región montañosa, y ved qué clase de país es. ¿Las personas que habitan en él son fuertes o débiles, pocas o muchas? ¿El país en el que habitan es bueno o malo? ¿Las ciudades en las que viven están abiertas o fortificadas? ¿El suelo es rico o pobre? ¿Es arbolado o no? Y esforzaos en traer algo del fruto de la tierra”.  Bemidbar – Números 13:17-20

Entiendo que era su intención que exploren con qué se encontrarían después de la ardua y eterna caminata por el desierto. Cómo ayudarlos a imaginar la buena vida que los esperaría en su tierra de promesa… contándoselos con las voces y las miradas de sus compañeros.

Allí fueron.

Pero, como estamos acostumbrados desde entonces, no es lo que es, ni lo que vemos, sino lo que queremos decir de lo que vemos, lo que construye realidades. Y tal como lo venimos explicando semana tras semanas, ya casi no tiene importancia lo que está delante de los ojos, lo que se cuenta en los anales de la historia, la experiencia concreta, testimoniada, y vivida, sino lo que la agenda de turno nos hace decir, y replicar y multiplicar hasta el hartazgo.

‘Miente, miente, que algo quedará’, dijo una brillante mente perversa del siglo XX.

¿Cuál fue el discurso de quienes decidieron dejar su rol de exploradores y transformarse en espías?

Y hablaron mal entre los hijos de Israel, de la tierra que habían reconocido, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra que traga a sus moradores; y todo el pueblo que vimos en medio de ella son hombres de grande estatura. También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos. Bemidbar – Números 13: 32-33

¿Por qué digo que acá se transformaron es espías? Porque presentan una visión sesgada, robada de la mirada amplia de una tierra. Porque miran por el ojo de una aguja y pretenden en ese sesgo generalizar una descripción que engloba a todos. Porque es mucho más rápido y fácil sembrar el miedo con imágenes incomprobables pero llenas de terror que generar confianza y voluntad para la construcción.

¿Y qué sucedió?

“Toda la comunidad prorrumpió en fuertes gritos y el pueblo lloró esa noche.” Bemidbar – Números 14:1

Y los gritos, el llanto, el miedo a morir fagocitado por los monstruos ‘que te cuentan’ que están del ‘otro lado’, en general nos hacen tomar decisiones equivocadas. Nos tenemos que sacar de encima al enemigo para sobrevivir. O pedirle, como pasó en la Torá, de volver a Egipto, el idilio de un Egipto inexistente, -sin reconocer que fueran sus esclavizadores y opresores-, antes de abrir sus ojos para comprobar lo que les esperaba por delante.

Y si nos convencen de que ellos son gigantes y nosotros somos como langostas, qué importancia tiene la verdadera estatura. Lo único que queda es librarse al liderazgo de aquellos que nos van a salvar de tamaño peligro.

Y no es así como se resuelven los conflictos.

Ni con espías. Ni con sembradíos de terror. Ni con absolutismos que no dejan un intersticio para pensar otra salida. Ni con la distorsión o la banalización de la historia. Ni con la posición totalitaria de que es uno o el otro.

Nada bueno puede suceder si los discursos que nos rodean son como los de aquellos diez que, vaya a saber por qué motivos, no se animaron a explorar modos de ver desde la complejidad, la buena fe, la esperanza, la confianza. Fue necesario sólo una frase de estos diez para destruir lo construido por Moshé y Dios mismo durante tanto tiempo.

Los fatalismos venden.

La guerra eterna, vende.

Las marchas por la paz, por una negociación, por un camino que no proponga la destrucción de unos u otros, no venden. Se los tilda de ‘tibios’. Como a los dos; Yehoshúa y Kalev, que vinieron confiados y así lo expresaron, por lo que sus ojos vieron.

Estamos llenos de espías en este tiempo de horror para nuestro pueblo. Y de gente que compró su mensaje; sesgado, falto de realidad, lleno de imágenes perturbadoras, contando una narrativa totalmente funcional al daño que quieren justificar. Estamos llenos de miedo. Y los que nos odian, también. Y no vemos la salida. Estamos en el desierto. No podemos volver. No podemos avanzar. ¿Cómo recuperar las voces de Yehoshúa y Kalev que nos animen a encontrar otra salida? ¿Cómo transformarnos en exploradores de acuerdos de paz, de educación por la convivencia y el respeto mutuo, de escuelas de liderazgo por el amor y el respeto? ¿Cómo explorar los caminos para recuperar a esta humanidad perdida por las murallas construidas en sus ojos, por las anteojeras que nos les permiten abrir su mirada? ¿Cómo contarles a los que ‘espían’ la historia por el ojo de una red social que la realidad es más compleja, más plural y potencialmente más hermosa que aquella que los alienta a llenarse la boca de odio y de epítetos que los cargan de ira y sed de venganza?

¿Quemar escuelas y sinagogas? ¿Escupir a un profesor universitario por ser judío? ¿Negar el alojamiento en un hotel a una pareja de israelíes?

¿A dónde vamos a parar en este desierto de infortunio en el que estamos sumidos?

Me quedo con las palabras de alguien que fue víctima de este odio en un tiempo del mundo que, les juro, jamás pensé revivir en mi existencia. Así escribía Etty Hilesium un diario que nos legó amorosamente, a pesar de su temprana muerte durante la Shoá:

«Sí, todo lo llevamos dentro de nosotros, Dios y el Cielo y el Infierno y la Tierra y la Vida y la Muerte y toda la historia. Lo externo es simplemente puntal; todo lo que viene: lo malo con lo bueno, lo que no significa que no podamos dedicar nuestra vida. para curar el mal. Pero debemos saber qué motivos inspiran nuestra lucha, y debemos comenzar por nosotros mismos, cada día de nuevo.»

Y así lo vamos a hacer.

Vamos a empezar cada día de nuevo. Vamos a encontrar motivos para seguir luchando por una humanidad en paz, con lugar para cada expresión sin distinción. Sabemos que somos capaces como seres humanos de lo peor, pero también de lo mejor. Hablaremos hasta el cansancio hasta que más personas como Yehoshúa y Kalev contagien con sus discursos una visión de la tierra que es pura posibilidad.

Moshé intercedió ante la ira de Dios pidiendo que se los perdone. Dios los perdonó.

Se necesitarán ríos de diálogo, de encuentro de negociación y de perdón para poder avanzar a una tierra de promesa.

Lo seguiremos intentando. No voy a volver a Egipto. Seré quien soy, orgullosamente libre, defendiendo la libertad de todos.

Rabina Silvina Chemen