PARASHAT MIKETZ 2023: De pozos e imperios

Yosef es un personaje atípico entre los fundadores de nuestra genealogía. En primer lugar es quien tiene más capítulos en el libro de Bereshit y cuya vida transita en oscilaciones cíclicas: de la predilección y las alturas, al abandono y la oscuridad.

Nace de la mujer amada de su padre Yaakov. Goza del beneficio de ser le preferido entre sus hermanos. Lo hace notar entre ellos sin tapujos. La envidia y celos de ellos lo sumen en un pozo. Cierta conciencia lo salva de la muerte, pero es vendido como esclavo. Se destaca dentro de los esclavos de Potifar y asciende como jefe de la servidumbre. Es acusado falsamente por la mujer de su amo que lo envía al pozo de la prisión nuevamente. Allí se hace conocer por su capacidad de interpretar sueños. Y con el correr del tiempo llegamos a esta parashá en la que se presentará ante el Faraón para ayudarlo a resolver el enigma de sus sueños de vacas flacas tragándose a su ganado engordado y las espigas ralas comiéndose a las espigas saludables. Habrá abundancia, y luego vendrá el hambre. Y así sale nuevamente de la oscuridad de la prisión y sube al poder máximo para administrar la riqueza y afrontar los años de carestía. Con su administración transforma a Egipto en un imperio. En medio de este relato tenemos un padre de duelo permanente por creer que está muerto y hermanos que se encontrarán con él sin saber que el poderoso vice-faraón es quien han vendido como esclavo muchos años atrás. La zaga de idas y vueltas hasta que él devela su identidad es otra parte de la historia.

Como viene sucediendo desde hace más de dos meses, no puedo leer las parashot de la Torá sin encontrar paralelismos con las imágenes que no pueden correrse de mi retina y de mi alma. Veo a Yosef en el pozo al que lo tiraron sus hermanos o en la prisión de Egipto rodeado de delincuentes y asesinos y no puedo dejar de ponerle los rostros de las imágenes de los secuestrados en Gaza. Yosef tiene el rostro de cada uno de ellos. Tiene el miedo de cada uno de ellos. Y quizás aún, la esperanza de cada uno de ellos. La pregunta es ¿cómo se sale de ese pozo?

En el caso de la prisión de Yosef, dos personas sueñan y él acierta con su vaticinio: el jefe de panaderos morirá y el jefe de coperos se salvará. Al salir en libertad, Yosef le pide que no se olvide de él. Sin embargo, lo hizo.

Y esto es quizás el miedo que tenemos en estos momentos. Que el tiempo pase. Que el horror se licúe. Que deje de ser noticia en los medios de comunicación. Y que el olvido termine de hacer la tarea: dejarlos en ese pozo sin sostén ni futuro. El jefe de los coperos, o los jefes de los estados democráticos, o las organizaciones internacionales de derecho humano deberían tener la dignidad de acordarse que allí, bajo los túneles, en cuevas pútridas, en condiciones inhumanas hay personas temblando de miedo, abandonadas, mentidas, drogadas, subalimentadas, abusadas, heridas, que están esperando que alguien se acuerde de ellas.

En la historia de esta semana, Yosef tendrá la suerte de poder salir gracias al fracaso de los magos de turno al interpretar sus propios sueños. Cuántos poderosos hoy están rodeados de magos y farsantes que adecuan la lectura de la realidad a sus propias apetencias…

Yosef saldrá del pozo e interpretará los sueños del Faraón desde una perspectiva económica: de la abundancia a la escasez y la oportunidad de, como potencia, usar sus recursos no para repartir sino para aumentar poder hasta sojuzgar poblaciones enteras como esclavos. (Una lectura interesante de hacer, cuando podamos salir del horror que estamos viviendo)

Sin embargo, y con cierta irreverencia, me animo a pensar que estos sueños tendrían otra lectura: La grosura de las vacas y las espigas hablan no sólo de bienestar económico. Quizás estamos hoy en presencia de ese sueño del Faraón hecho realidad- y no por la pobreza y el hambre del mundo, sino porque las ideas de estas vacas flacas, o estas espigas inmundas se están comiendo al mundo de la prosperidad, de la justicia y de la paz. El terror fagocitó nuestra tranquilidad, la violencia y el odio le ganaron a cualquier intento de armonía y convivencia, los discursos antisemitas prevalecen y convencen a quienes ni siquiera saben por qué odian o se manifiestan en contra del pueblo judío. La inmundicia se comió a la fraternidad. La enfermedad le ganó a la salud. La locura engulló toda estabilidad.

El Faraón salió favorecido. Consiguió el poderío de su imperio sobre toda la región. Se llenó del dinero de la gente. De los bienes de la gente. Y de los cuerpos de la gente que ya no pudo vender nada más para comer.

Y si se me permite, ése es el resultado de los sueños del Faraón. Agrandar el imperio hasta sojuzgar a todos sin distinción. Las vacas de la inmoralidad y el terror socavaron todo fundamento de humanidad y se quedaron con todo.

La historia de la humanidad, de las guerras y conquistas han demostrado que somos siempre las personas sin poder ni beneficios las que quedamos atrapadas en las lógicas bélicas de pugnas de poder y dinero. Jamás la llegada de otro imperio por sobre el saliente garantizó el bienestar de quienes estaban bajo su mandato. No es poder sobre poder que agrava la inhumanidad y nos deja siempre con saldos irreparables.

¿Entonces, qué es?

Volvamos a Yosef y a un bello midrash -exégesis rabínica- que ilustra cómo él consiguió el respeto por su autoridad siendo simplemente un esclavo recién salido de la cárcel.

En en Talmud, tratado de Sotá 36b del Talmud leemos:

Rabí Hiya bar Abba declaró en nombre de Rabí Yohanan: Cuando Faraón le dijo a Yosef (al nombrarlo vice-faraón de Egipto): “-Sin ti ninguna persona alzará su mano ni su pie en toda la tierra de Egipto” (Bereshit – Génesis 41:44), sus astrólogos le dijeron: – Vas a poner sobre nosotros un esclavo. ¿De quién es el amo que lo compró por veinte monedas de plata? Él respondió: – Veo rasgos de realeza en él. Dijeron: – Si es así, debería conocer los 70 idiomas del mundo. – Muy bien, dijo Faraón, mañana lo pondré a prueba.

Durante la noche, vino el ángel Gabriel y le enseñó a Yosef los 70 idiomas, de modo que por la mañana todo lo que hablaba el Faraón, Yosef respondía en el mismo idioma. Pero cuando Yosef comenzó a hablar con el Faraón en la lengua santa, y el Faraón no entendía lo que Yosef decía, el Faraón le dijo: – Enséñame este idioma. Yosef trató de enseñárselo, pero el Faraón no pudo aprenderlo. El Faraón dijo: – Júrame que no revelarás esto. Entonces Yosef le juró”.

¿Qué necesidad tendrían nuestros sabios de dejar asentado este relato? Podríamos en una lectura simple decir que la divinidad acompañó a Yosef en su tarea, que fue elegido por Dios y que el ángel Gabriel, como su emisario, lo dotó de sus capacidades para ejercer su rol.

Pero vayamos un paso más adelante.

¿Cómo va a imponer su autoridad un ex esclavo? Entendiendo el idioma de cada uno. Pudiendo abrir su mente a las realidades de los otros. Encontrando modos de comunicación y de mutua comprensión. Mostrando la voluntad de ponerse en el lugar del otro al hablar su idioma. Comprendiendo su cultura, sus visiones, sus mandatos, sus necesidades.

Los faraones de todos los tiempos son monolingües. E imponen su lenguaje a la fuerza con la pretensión de una homogeneidad que acalla la diversidad y el derecho a vivirla. Y como nadie debe saber de su estrechez mental, adiestran a sus propios sirvientes en el silencio y la obsecuencia. Los monolingües tienen un solo modo de mirar, un solo modo de analizar la realidad. El único camino que les queda para imponerse ante la pluralidad es la fuerza, el único idioma que conocen para sentirse fuertes. El dinero, los armamentos, los ejércitos, las milicias, no te hacen entender la realidad ni leerla políticamente con sabiduría. Se necesita inteligencia, saberes que te permitan comprender otros contextos, humildad para gobernar por el bien común. Hay que aprender otros idiomas para dejar de hablar en el propio como si fuera el único significante posible.

Aún con la oscuridad en el alma por el dolor que sentimos, necesito seguir creyendo que otro orden es posible. Que la luz vendrá a través del compromiso de muchos que hoy juegan al olvido y la indiferencia, de conversaciones que acepten múltiples lenguajes, de pozos que se vacíen para que nuestros hermanos y hermanas vuelvan a casa, de tiempos de sanación y consuelo. La luz vendrá cuando cada pueblo, cada fe pueda volver a vivir en paz sus elecciones y sus anhelos. Que las vacas y las espigas inmundas dejen de comerse nuestros sueños de fraternidad y armonía. Y que no sea un simple sueño. Sino la vida que nos espera…

Rabina Silvina Chemen.