ISRAEL, EL ENEMIGO BUENO

La relación de Israel con los palestinos ha sido siempre enfocada por el mundo, efectuando una estandarizada y fuerte crítica a Israel. Los principales cargos, agitados frente al rostro de Israel, han sido siempre «uso desproporcionado de la fuerza» y «discriminación».

Los críticos de Israel, ya sea voluntariamente o por ignorancia, optan por pasar por alto la forma en que muchos países árabes maltratan a los palestinos. Algunos países árabes, casi nunca, son culpados por lo que han estado haciéndole a los palestinos desde hace décadas. Este reconocimiento selectivo de los hechos, por parte de los críticos de Israel, es estrafalario cuando es comparado con la verdad en lugar de con los mitos.

En diciembre de 2008, Israel lanzó la operación «Plomo Fundido» contra Hamas, que estaba lanzando, diariamente, cohetes contra el sur de Israel. Esta operación dio como resultado la muerte de más de 1.400 palestinos, muchos dijeron que eran civiles; una tragedia absoluta, sin embargo, los que critican a Israel, no reconocen que el número de víctimas es pequeño en comparación con la población de Gaza de 1,5 millones; teniendo en cuenta la alta densidad por kilómetro cuadrado de la población de Gaza, el número indica que las fuerzas israelíes fueron muy cautelosas en llevar a cabo sus ataques, a pesar del hecho que estaban persiguiendo un blanco en movimiento, los militantes de Hamas. Si las fuerzas israelíes hubieran tenido como blancos a civiles palestinos, el número de muertos habría llegado a las decenas de miles.

En comparación, en 1976, los “milicianos” libaneses asesinaron a 2.000 palestinos, casi acabando, en cuestión de días, con toda la población del campamento de refugiados de Tal al-Zaatar.*** Esto fue realizado nuevamente en 1982 en la masacre de Sabra y Shatelah donde, en menos de cuatro días, los milicianos libaneses mataron a miles de mujeres y niños que no representaban una amenaza, ya que, para entonces, la mayoría de los combatientes palestinos se habían ido a Túnez. Hace dos años, la red satelital al-Jazeera transmitió secuencias, poco comunes, de palestinos corriendo hacia soldados israelíes para refugiarse de la masacre.

Además, la mayoría de las atrocidades árabes contra los palestinos han incluido documentados casos de violación, incluso de niños, pero no se ha informado, en contra de las fuerzas israelíes, de ni un solo caso de violación, en más de sesenta años de operaciones.

La opresión de los gobiernos árabes sobre los palestinos no se detiene en el derramamiento de sangre y las carnicerías al por mayor; de hecho, los aspectos más preocupantes de la forma en que tratan a los palestinos son la exclusión sistemática a largo plazo y la discriminación. En los países árabes, donde los palestinos constituyen un buen porcentaje de la población, se les priva de todas las necesidades básicas, comenzando por la educación y llegando hasta la atención médica básica. Incluso en países que han concedido la ciudadanía a palestinos, los palestinos están indefensos y se les prohíbe toda posibilidad de mejorar sus medios de subsistencia.

Israel, por el contrario, siempre ha permitido a los palestinos trabajar allí y ser remunerados según los estándares occidentales, e, incluso, les ha permitido el acceso generoso a la asistencia médica. De hecho, Israel también ha dado la bienvenida a palestinos como visitantes, pacientes e incluso como inversionistas; esta generosidad fue limitada, sólo, cuando Hamas comenzó a bombardear a civiles israelíes, sin señales de un final a la vista.

La complejidad de Israel con los palestinos gira en torno a la seguridad en lugar de a cuestiones ideológicas; Israel no tiene el objetivo de esclavizar a los palestinos de por vida o degradar intencionalmente su humanidad. Mientras que muchos países árabes han diseñado sus sistemas para discriminar y humillar a los palestinos, empujándolos al analfabetismo y a la pobreza, al mismo tiempo que ordeñándoles dinero para impuestos.

Esto se ha hecho más visible recientemente, con el llamado, en algunos países árabes, para revocar allí la ciudadanía de todos los palestinos y, realmente, forzarlos a buscar garantes locales para obtener la residencia, esclavizándolos, de ese modo, de por vida.

Esto resulta ser un shock más profundo para los palestinos cuando observan a los árabes israelíes, muchos de ellos describiéndose a sí mismos como «palestinos en Israel»; ésos son ciudadanos de pleno derecho de Israel, con acceso a todos los privilegios. Los árabes israelíes están plenamente representados dentro de la Knesset, mientras que a los palestinos, en su patria árabe, sólo se les permite una presencia simbólica en los parlamentos, incluso en países donde son mayoría. Y mientras que algunos países árabes retiran selectivamente las ciudadanías de los palestinos, muchos miembros árabes de la Knesset no dudan en hablar en contra de Israel, sin temor de perder su ciudadanía o derechos.

Sin embargo, mientras que el mundo es más elocuente acerca de las operaciones militares israelíes, no logra reconocer que Israel ha estado lidiando con disturbios ininterrumpidos en su territorio, desde el estallido de la Intifada en 1987. Si esa Intifada hubiera tenido lugar en cualquier país árabe, habría terminado en el primer par de semanas con un ejército árabe matando a más de diez mil palestinos, la mayoría civiles. Los ejemplos de esto son innumerables y en todos los países árabes que alojan palestinos; aún así el mundo parece pensar que esta realidad es demasiado exagerada para ser reconocida.

Hoy, con las negociaciones de paz en marcha, algunos gobiernos árabes parecen querer sacrificar de nuevo a los palestinos en el altar de la dictadura, empeorando sus condiciones de vida y haciendo sus vidas más miserables, sólo para asegurar una mejor posición de negociación o simplemente un lugar en la mesa de negociaciones. Por no mencionar que muchos preferirían, en realidad, ver que fracasen las negociaciones con el fin de mantener el flujo de más dinero de ayuda internacional hacia ellos, por «acoger» a los palestinos.

Citando a un comentarista en uno de mis artículos, «los palestinos, obviamente, necesitan un descanso de sus jurados amigos árabes» y, tal vez, puedan reconectarse con ellos cuando hayan aprendido una o dos lecciones de sus «enemigos» israelíes. Mientras las manos de algunos de sus «hermanos» están demasiado ocupadas con Israel.

Autor: Mudar Zahran, jordano de ascendencia palestina, es un académico que reside en el Reino Unido