TESHUVA ES MÁS QUE ARREPENTIMIENTO (1/2)

Generalmente se define Teshuvá como «arrepentimiento» por los errores transgresiones cometidos. Si bien el arrepentimiento es un paso en el proceso de la Teshuvá, la Teshuvá es más que eso.

«Arrepentimiento» implica abandonar la conducta de uno y cambiar de rumbo hacia un estilo de vida nuevo y mejor. Teshuvá implica volver a lo de que uno es, no en el sentido de retroceder, sino en el sentido de volver al estado natural, esencial y original del cual uno pudo haberse desviado con su conducta.

Esto es un concepto muy importante y revolucionario y nos ayuda a entender algo sobre cómo el judaísmo ve la esencia de uno.

De acuerdo a las enseñanzas jasídicas y místicas judías, desde el momento que recibimos la Torá en el Sinaí, nos fue implantada una esencia Divina, aunque no se perciba por estar envuelto en un envoltorio «terrenal» y «animal». Es por esta razón que los Diez Enunciados fueron tallados – en vez de escritos – en piedra. Una letra escrita es algo agregado, mientras que una letra tallada proviene de la propia piedra. Una letra escrita es algo impuesto, mientras que una letra tallada es algo expuesto. Los Diez Enunciados están tallados en el alma de cada uno de nosotros. Puede ser que no se note por el polvo que se haya acumulado y que circunstancialmente tape las letras; solamente hay que desempolvarlas, sacar las sustancias foráneas adheridas, para revelar las letras del mensaje Divino que estaban siempre ahí, intactas.

Los mandamientos Divinos no son algo «impuesto » que nos reprime. Son herramientas que nos ayudan a acceder y «exponer» a nuestros deseos más profundos, más profundos aún de los que yacen en nuestro subconsciente; nos ayudan a acceder y expresar lo que emana de nuestra esencia Divina misma.

Podríamos decir que trasgredir un mandato Divino no es simplemente una consecuencia de la falta de religiosidad; es el resultado de una disonancia cognitiva, una contradicción entre lo que uno cree que quiere y lo que realmente quiere en su fuero más íntimo.

El proceso de Teshuvá apunta a penetrar las apariencias para llegar a reconectarse con la propia esencia de uno mismo y darle expresión.

En la práctica, el proceso básico de la Teshuvá, tal como lo delinea Maimónides en sus Leyes de Teshuvá, consiste en tres pasos:

1) Arrepentirse de la conducta indebida

2) Admitir los errores

3) Decidir no volver a cometer la transgresión nuevamente.

Quien hace Teshuvá como corresponde es perdonado por D-os y hasta puede lograr estar en un nivel espiritual superior al que nunca transgredió, ya que el efecto de la Teshuvá no es simplemente limpiar la cuenta, sino que tiene el poder de reconfigurar el pasado mismo.

Cuando se hace Teshuvá motivado por temor a D-os, se logra reconfigurar las transgresiones intencionales en meros «errores». Cuando se hace Teshuvá motivados por el amor a D-os, se logra reconfigurarlas, retroactivamente, en méritos.

¿Cómo se transforma una transgresión en mérito?

La explicación para esto es muy sencilla. El que trasgredió y se arrepiente porque se concientiza del distanciamiento de D-os que haya provocado, siente una necesidad imperiosa de volver a acercarse. Su vínculo con D-os es más intenso justamente por el pasado negativo que tiene. Su retorno, motivado por su pasado negativo, hace que las trasgresiones cometidas se transformen en catalizadoras de algo positivo y, consecuentemente, estén consideradas como méritos por ser, en última instancia, agentes del bien.