PARASHOT AJAREI MOT- KEDOSHÍM 2026: el pecado por la oposición

Parashat Ajarei Mot nos trae una semblanza de aquel tiempo bíblico en que se conmemoraba ese Yom Kipur. Todo el pueblo reunido y un ritual descrito de tal modo que podemos “ver las palabras” e imaginar esa situación.

El pueblo convocado para que aparezca la autoridad máxima, Aharón- el Sumo Sacerdote- con dos machos cabríos.

Y así procedía:

וְנָתַ֧ן אַהֲרֹ֛ן עַל־שְׁנֵ֥י הַשְּׂעִירִ֖ם גֹּרָל֑וֹת גּוֹרָ֤ל אֶחָד֙ לַיהֹוָ֔ה וְגוֹרָ֥ל  אֶחָ֖ד לַעֲזָאזֵֽל׃

“y echará suertes sobre los dos machos cabríos, uno para Dios y el otro para Azazel.” Vaikrá- Levítico 16:8

¿Se imaginan a la autoridad religiosa, en el día más sagrado del año, dirimiendo el destino de su pueblo, haciendo un sorteo?

Fui a buscar cómo se hacía esa “tirada de suerte” y encontré que se colocaban dos machos cabríos idénticos en apariencia, tamaño y valor, uno a la derecha y otro a la izquierda del sacerdote. Se utilizaba una urna (o caja) que contenía dos tablillas o piedras pequeñas, (algunos dicen de oro, otros de “boj” una especie de arbusto). En una tablilla estaba escrito «Para Adonai» y en la otra «Para Azazel». El Sumo Sacerdote introducía ambas manos en la urna y extraía una suerte en cada mano al mismo tiempo. Y así se designaba qué animal estaba destina para Dios (es decir para ser ofrendado al Señor por los pecados del pueblo) y cuál iría a Azazel, que será quien cargue en su cuerpo, simbólicamente, todas las transgresiones del pueblo y será tirado por un barranco, o enviado al desierto, de acuerdo con las diversas interpretaciones.

Tan extraño es creer que la santidad del día se resuelve con una tómbola… a punto tal que ya el libro de Mishlei- Proverbios 16:33 va a decir: «Las suertes se echan en el regazo, pero el veredicto proviene del Señor». Este versículo es un intento de decir que la tradición de Israel poco tendría que ver con los oráculos y las supersticiones, pero… permítanme dejar acá un signo de pregunta. Sigamos porque estoy intentando llevarlos a otro análisis.

Un animalito. Un pueblo entero intentando enmendar sus errores. ¿Cómo es esto? ¿Qué mensaje hay detrás de esta puesta en escena?

El sabio Najmánides (s. XIII) comenta sobre este versículo:

“Así han dicho en Bereshit Rabá: “Y el ‘sair’ (cabrito) llevará sobre él, esto es una referencia a Esav, como está dicho en Bereshit- Génesis 27:11: “He aquí, Esav mi hermano es un hombre que es ‘sair’ -velludo”. (NT: en hebreo cabrito y velludo se escriben del mismo modo: שָּׂעִ֥יר).”

Y luego comenta acerca del versículo 21 del mismo capítulo:

וְנָשָׂ֨א הַשָּׂעִ֥יר עָלָ֛יו אֶת־כׇּל־עֲוֺנֹתָ֖ם אֶל־אֶ֣רֶץ גְּזֵרָ֑ה וְשִׁלַּ֥ח אֶת־הַשָּׂעִ֖יר בַּמִּדְבָּֽר׃

“Así, el macho cabrío llevará consigo todas sus iniquidades (avonotam, en hebreo) a una región inaccesible; y el macho cabrío será liberado en el desierto.”

Y miren la genialidad de la interpretación que les compartiré ahora. Dice Najmánides:

“Todas las ‘avonotam’ (sus iniquidades), [léase]: ‘avonot -tam’ (Avonot-los pecados, de aquel que ha sido llamado ‘tam’, ‘un hombre íntegro’), como está dicho, y Yaakov era un hombre ‘tam’ (íntegro).”

Les explico todo: Cuando se habla del “sair”, el macho cabrío, se lo asocia al “sair”, o sea a Esav, el que quedó en la memoria colectiva como el “malvado, el perverso entre los hermanos”. Y con eso nos quedaríamos tranquilos. Este chivo expiatorio no es para nosotros sino para todos aquellos en quienes depositamos todo lo oscuro, lo criticable, lo equivocado. Se va al peñasco y se despedaza mientras nosotros quedamos libres de cualquier responsabilidad. Porque nos han enseñado y nosotros hemos decidido aprender que, del otro lado, en la otra punta, en el polo opuesto siempre hay alguien que no soy yo, que no comparte mi vida, que tiene un modo diverso de pensar y creer, a quien tengo que mandar al peñasco de la acusación y la sin salida.

Pero ¿qué hace este sabio medieval español? Algo extraordinario. Nos enseña, sutilmente, el error de vivir amarrados a un solo lado de la moneda. Y por eso nos lleva de a mano a una nueva lectura de este versículo: cuando dice “sus iniquidades” que en hebreo se dice “avonotam”, él no lee una sola palabra sino dos: “avonot”- iniquidades y “tam”- íntegro que es el modo que tiene el libro de Bereshit- Génesis de hablar de Yaakov. ¿Y cómo se lo recuerda a Yaakov? Como el modelo de la pureza y la buena conducta en contraposición a su hermano Esav- todo lo feo, todo lo inmoral.

Y el mundo no funciona así. O al menos, desde el medioevo, están intentando hacernos entender que comprender a la humanidad, a los pueblos, a mis relaciones familiares en polos antitéticos, rivalizados, apartados, alejados, demonizados…nos lleva a más dolor, más rivalidad y a cada vez más distancia de quien en algún momento fue mi hermano.

La Torá, desde esta perspectiva nos dice que todos estamos “manchados” de errores: los Esav y los Yaakov. Y ese chivo, simbólicamente necesita cargarnos a todos en su lomo, no para que él sufra por nosotros, sino para que nosotros mismos nos demos un golpe en la cabeza para intentar pensar de otro modo, para tener la humildad y el coraje a la vez de visualizar cuánto daño nos hacemos llenándonos de odio, de argumentos que refuerzan la enemistad, de ganas de seguir mascullando heridas del pasado que justifican no animarnos a dar un paso hacia el otro en el presente.

Estamos todos con magullones por vivir de ese modo. Llenos de tristeza, de ceño fruncido, de mirada turbia, porque hemos perdido la esperanza. Así es. La decisión de habitar un polo de la historia que de ninguna manera pueda ni siquiera acercarse un paso hacia el polo supuestamente opuesto, nos deja sin herramientas para respirar.

Allí el pueblo se reunía y el Sumo Sacerdote tiraba suertes. Dos chivos: uno aparentemente bueno y otro aparentemente malo. Y los sacerdotes sabían que salga la tablilla que salga, ambos animales terminarían muertos porque si uno se considera totalmente bueno para que el otro sea el totalmente malo, ninguno se salva.

Nos salvamos, y esto no es cuestión de suerte ni de la decisión de ningún otro, cuando nos animamos a quitarnos las mordazas de la rivalidad y nos animamos a buscar modos de llegar a ese otro, convertido en categoría y exiliado de su humanidad, para recuperar su rostro, su historia, sus miedos y sus deseos.

Yaakov y Esav se abrazaron al final de la historia.

Y eso no quedó registrado en la memoria colectiva como lo quedó la oposición férrea y la contienda entre hermanos.

Dejemos de justificarnos y elijamos las narrativas que hagas de una vez por todas, que nuestros errores puedan ser sinceramente expiados.

Todos fuimos alguno de los chivos.

Y hoy no tenemos necesidad de seguir repitiendo esta historia.

Shabat shalóm,

Rabina Silvina Chemen.