PARASHOT AJAREI MOT- KEDOSHIM: un pecado imperdonable

Ajarei Mot, la primera de las dos parashot de esta semana comienza con estas dos palabras: “Después de la muerte”. ¿Qué muerte evoca esta primera parte de nuestra porción semanal? La de los hijos de Aharón, Nadáv y Avihu.

“El Señor habló a Moshé después de la muerte de los dos hijos de Aarón…” Vaikrá- Levítico 16:1

Me voy a buscar el sentido de este encabezado. ¿Por qué? Porque el episodio de la muerte de estos dos hijos- inexplicable, injustificada- fue relatada hace 3 semanas. ¿Qué sentido tendrá entonces recordar esto ahora y hacia dónde nos lleva? Deberíamos pensar que el texto desarrollará luego algún contenido relacionado con esta muerte. Pero no. ¿Qué es lo que el Señor le dijo a Moshé?

Tras la muerte de Nadav y Avihú, Dios le ordena que informe a Aarón que solo puede entrar al Lugar Santísimo una vez al año, el décimo día del séptimo mes (Yom Kipur) porque en día se expiarán todos los pecados de los israelitas. No se deberá realizar ningún trabajo; y deberán afligir sus almas.

El ritual es conocido. El Sumo Sacerdote traerá dos machos cabríos como ofrenda: uno será sorteado «para Dios» que se ofrendará en el Templo y su sangre se usará como expiación; el otro será «para Azazel» (palabra enigmática con múltiples significados). Aharón confesará todos los pecados de los israelitas sobre este macho cabrío, que es enviado a vagar por el desierto.

Aparentemente no hay conexión alguna entre la referencia de la muerte de los hijos de Aharón y el ritual de expiación colectiva de Yom Kipur.

Rashi (S. XI) intenta explicarlo con una parábola del Midrash:

“EL SEÑOR HABLÓ A MOSHÉ DESPUÉS DE LA MUERTE DE LOS DOS HIJOS DE AHARÓN, etc. —¿Qué se pretende decir con esta declaración? (es decir, ¿por qué se afirma cuando Dios le dijo esto a Moshé?) El rabino Elazar ben Azariah lo ilustró con una parábola: Puede compararse con el caso de una persona enferma a la que visitó el médico. Él (el médico) le dijo: «¡No comas cosas frías ni duermas en un lugar húmedo!» Otro médico vino y le dijo: «¡No comas cosas frías ni duermas en un lugar húmedo para que no mueras como murió el Sr. Fulano!» Ciertamente esto (lo último) lo puso en guardia más que lo primero; Por eso la Escritura dice “después de la muerte de los dos hijos de Aarón” (Sifra, Ajarei Mot).

No voy a mentirles. No puedo adherir a esta visión punitiva que infunde miedo, como método pedagógico “-Si haces esto, vas a morir, te lo advierto”. Así como les sucedió a los hijos de Aharón, que “transgredieron” así les va a acontecer a Uds.”

Ibn Ezra (s. XII) se anima a otra perspectiva: “DESPUÉS DE LA MUERTE. Después de que Dios advirtió a Israel que no incurriera en la pena de muerte, también le ordenó a Moshé que advirtiera a Aharón que no muriera como murieron sus hijos…”

Creo entender que Ibn Ezra toma la muerte de los hijos de Aharón como una advertencia contra la pena de muerte como castigo ante un pecado grave. O quizás quiero entenderlo yo así.

Recordemos cómo parashat Shemini relata esta muerte:

Nadav y Avihú, hijos de Aharón, tomaron sus respectivos incensarios, y después de poner fuego en ellos y echar incienso sobre él, ofrecieron delante del SEÑOR fuego extraño, que Él no les había ordenado.” Vaikrá- Levítico 10:1-2

Un fuego extraño, que provocará su muerte. Y un padre que queda en silencio. ¿lo recuerdan? Fuegos que se encienden, a causa del fragor, el convencimiento de la verdad absoluta y el fanatismo. Consecuencias trágicas como la muerte sin explicación alguna. Y el silencio del derredor.

Y después de esta evocación, el servicio de Yom Hakipurim para sanar colectivamente al pueblo de sus errores. Un macho cabrío ofrendado a Dios y otro tirado al peñasco, cargado de todas las equivocaciones que eran depositados simbólicamente tras la confesión del Sumo Sacerdote. Como lo explica Rashi:

עזאזל AZAZEL — (La palabra se interpreta como una combinación de עזז «ser fuerte» y אל «poderoso»). Era una roca escarpada y pedregosa, un pico imponente…”

En definitiva, un animal que se terminaba desangrado, lastimado o quebrado producto de la necesidad de poner en él- (el chivo expiatorio propiamente) todas las miserias humanas.

Juntemos todos estos retazos de texto y pensamiento. Y permítanme como vengo haciendo ya hace tanto tiempo, tener un análisis políticamente incorrecto, insistentemente denunciador de la inhumanidad atroz que estamos presenciando.

Cuando son los hijos los que se mueren, cuando los sistemas de poder, venganza, extremismos, los llevan al frente con las manos llenas de fuegos extraños para alabar a vaya a saber qué dios del sacrificio, lo único que queda es pedir perdón. Expiar, es una palabra que resuena como deshacerse de la culpa y ponerla en el cuerpo del otro, como aquel pobre chivo. Mientras que el 10 del mes séptimo (hoy el mes primero de nuestros calendarios) nosotros nos sentamos a pedir perdón.

No vamos a parar esta escalada de violencia si no reparamos en que cada hijo muerto es el propio chivo que se arroja al peñasco de los intereses internacionales, las argucias políticas, la sed de impunidad y la ceguera de poder. Y a esta altura, sólo nos queda confesar nuestros errores. Y pedir perdón. Aharón quedó en silencio. Hoy los padres y las madres de las víctimas se quedaron sin voz de gritar, de rogar, de exigir que este fuego extraño de la guerra pare. Que los secuestrados vuelvan a casa. Que los combatientes recuperen sus vidas. Que las personas comunes retornen a sus casas, sus trabajos y sus calendarios. El tiempo está detenido en el horror de ese fuego extraño del cual ya no podemos distinguir quién sufre más, quién duela más…

No vamos a conseguir la paz con las manos llenas de fuego.

Somos muchos los que apelamos a la cordura. A liderazgos que se animen a hacerle frente a la virulencia y los intereses inconfesables de muchos, para sentarse a una mesa de negociación, con las manos chamuscadas por el odio y el enfrentamiento, pero con la voluntad de sanar, de volver a empezar, de lograr un mínimo espacio de humanidad.

No habrá ningún día del año que pueda expiar tamaño pecado. Ni Dios que pueda perdonarlo.

Rabina Silvina Chemen.