שֹׁפְטִ֣ים וְשֹֽׁטְרִ֗ים תִּֽתֶּן־לְךָ֙ בְּכׇל־שְׁעָרֶ֔יךָ אֲשֶׁ֨ר יְהֹוָ֧ה אֱלֹהֶ֛יךָ נֹתֵ֥ן לְךָ֖ לִשְׁבָטֶ֑יךָ וְשָׁפְט֥וּ אֶת־הָעָ֖ם מִשְׁפַּט־צֶֽדֶק׃
“Y nombrarás magistrados y oficiales para tus tribus en todos los lugares que tu Dios El Señor te da, los cuales gobernarán al pueblo con justicia.” Devarím- Deuteronomio 16:18
Así comienza la parashá que lleva el nombre de Shoftím – Jueces, con un mandato simple, lógico e imprescindible. Al llegar a la tierra deberán asegurarse de instalar un sistema de justicia en todos los lugares en donde vayan a habitar, magistrados que hagan valer la ley y oficiales para ser los guardianes de su cumplimiento. El objetivo es fundamental: gobernar al pueblo con justicia.
Así de claro.
Así de complejo en su aplicación en un mundo en el que pareciera que el binomio poder y justicia está quebrado, ensuciado, vilipendiado y hoy en día naturalizado.
Maquiavelo lo sentenciaba ya en el siglo XV, denunciando desde entonces hipocresía de la clase política del Renacimiento. Algunas de sus frases podrían resonar en nuestros días:
“Un príncipe nunca carece de razones legítimas para romper sus promesas.” O “La política no tiene relación con la moral.”
Y damos casi por sentado de que llegar al poder no significa velar por la justicia, y que todo sistema de justicia es fácilmente corrompible, y que sus funcionarios pueden libremente torcer la sacralidad del juicio.
Sigamos leyendo cómo el texto bíblico ya se anticipa a estas realidades que se convirtieron, lamentablemente, en moneda corriente:
“No juzgarás injustamente, no harás acepción de personas, ni aceptarás soborno, porque el soborno ciega los ojos de los entendidos y perturba el derecho de los justos.” Devarím-Deuteronomio 16: 19
“No pondrás poste sagrado (NT: para la diosa Asherá), ni ninguna clase de poste junto al altar de tu Dios que hagas, o erigirás una estatua, porque eso aborrece tu Dios.” Devarím- Deuteronomio 16:21-22
“No ofrecerás en sacrificio al Señor tu Dios buey ni cordero que tenga algún defecto grave, porque es abominación para el Señor tu Dios”. Devarím- Deuteronomio 17:1
Y ¿por qué cito estos versículos? Porque el midrash Devarím Rabá (5:6) los va a tomar para ofrecernos una bella y contundente
“Otra interpretación (NT: a la literalidad del texto), “jueces y oficiales” – Rav Aḥa dijo: Vengan y vean que el trono de Salomón tenía seis escalones. ¿De dónde se deriva esto? Es como se afirma: “Había seis escalones hasta el trono” (1 Reyes 10:19). Y en este pasaje, seis asuntos están escritos como mandamientos negativos, y son: “No distorsionarás el juicio, no darás preferencia y no aceptarás soborno” (Deuteronomio 16:19); “No plantarás para ti ningún tipo de árbol sagrado” (Deuteronomio 16:21); “No te erigirás un monumento” (Deuteronomio 16:22); “No sacrificarás para el Señor tu Dios un buey o un cordero, [en el cual haya un defecto]” (Deuteronomio 17:1). Ahí tienes seis. El heraldo se paraba ante el trono de Salomón, y cuando él [Salomón] subía el primer escalón, proclamaba: “No distorsionarás el juicio”; para el segundo escalón proclamaba: “No mostrarás preferencia”; para el tercero, proclamaba: “Y no aceptarás soborno”; para el cuarto: “No plantarás para ti ningún tipo de árbol sagrado”; para el quinto: “No te erigirás un monumento”; para el sexto: “No matarás para el Señor tu Dios […en lo que haya una mancha]”.
Cada escalón del palacio real de Salomón tenía un recordatorio. Cumplir cada uno de los “no” dispuestos en esta parashá para asegurarse de que su gobierno cumpliría con la justicia justa y la guarda ética de la ley.
Escalones que no sólo lo hacen subir a la cima del poder, sino que elevan el rol del que fue elegido para tamaña responsabilidad; velar por las normas que protejan a todos sin excepción y también que castiguen a quienes se abusan de ellas en pos de sus propios intereses.
Escalones que aplican al rey, a los gobernantes en general y a nuestras vidas; una escarpada experiencia a la que tenemos que volver una y otra vez para no caer en la tentación de creer que es el poder el que nos engrandece y que cuanto más alto lleguemos, más invencibles seremos. Porque no es así. No debería ser así. Y quienes lo viven de ese modo, hacen mucho daño. A niveles más íntimos, laborales y de responsabilidad pública.
Cuando quienes manejan los destinos de una sociedad ven vulnerada la sacralidad de la justicia apañada por el poder quedan (quedamos) indefensos, confundidos, desesperanzados y arrojados a tomar otros caminos que llaman a extremos, a radicalizaciones, a descrédito y por tanto al desconocimiento de cualquier borde ético. Se pierde el norte cuando nos quitan las garantías de la justicia. Y así vamos perdidos, algunos sumándose a los más violentos, otros sumándose a los que aún no perdieron la cabeza y que siguen denunciando a pesar de sentir de que sus voces y acciones caen en el abismo de la desidia. Hay otros, y son muchos, los que- sin fuerzas- se meten para adentro a jugar al “sálvese quien pueda”, porque sienten que ya no queda nada por hacer para revertir el caos.
Y ¿qué hacemos?
¿Es acaso hipotecable nuestro derecho a aspirar a vivir en justicia?
La parashá insiste:
צֶ֥דֶק צֶ֖דֶק תִּרְדֹּ֑ף לְמַ֤עַן תִּֽחְיֶה֙ וְיָרַשְׁתָּ֣ אֶת־הָאָ֔רֶץ אֲשֶׁר־ה’ אֱלֹקֶ֖יךָ נֹתֵ֥ן לָֽךְ׃
“Justicia, justicia perseguirás, para que prosperes y poseas la tierra que el Señor tu Dios te da.” Devarím-Deuteronomio 16:20
No claudicar ante lo que es un derecho. Y perseguir con nuestras acciones, nuestras convicciones, con la elección de nuestras compañías y nuestros propósitos la justicia como valor supremo, y la confianza en ella como garantía de nuestra tranquilidad social.
El mundo está enfermo de poderosos que burlan la justicia, habiéndose construido palacios en cuyas escaleras sólo figuran sus espurios intereses y no hay moral ni credo que los frene en su escalada con todo y contra todos- aun de sus propios gobernados.
Ellos merecen todo nuestro repudio.
Pero no podemos regalarles nuestro silencio ni nuestra resignación.
Justicia que es equidad.
Justicia que es lugar a la pluralidad.
Justicia que es ternura.
Justicia que es paz.
Justicia que es paz. Para todos. Sin excepción.
Rabina Silvina Chemen
