PARASHAT VAIKRÁ: Ni demasiado tarde, ni demasiado lejos

Hace horas que estoy leyendo y buscando interpretaciones – sin éxito- de la parashá de esta semana. Tiempos de enfrentarnos a la aridez del libro de Vaikrá- Levítico, a las leyes de la ritualidad sacrificial, de purezas e impurezas. Y la mirada se escapa de los textos, mirando hacia arriba y pensando si tengo espacio para seguir leyendo de sangres y desguaces en tiempos en los que estamos saturados, contaminados por imágenes de muerte en el altar de los poderes insaciables que no reparan en que su accionar profana cualquier supuesta verdad, ideal o religión. Altares de fuego en el texto, y fuegos que destruyen ciudades y vidas por otro, se hace difícil encontrar sentidos.

Entonces decido leer poesías, para calmar el apretujón del alma que no me deja seguir.

La comparto con Uds.

“Ciertos pescadores sacaron del fondo una botella.

Había en la botella un papel, y en el papel estas palabras:

«¡Socorro!, estoy aquí. El océano me arrojó a una isla desierta.

Estoy en la orilla y espero ayuda. ¡Dense prisa! ¡Estoy aquí!»

-No tiene fecha. Seguramente es ya demasiado tarde.

La botella pudo haber flotado mucho tiempo, dijo el pescador primero.

-Y el lugar no está indicado. Ni siquiera se sabe en qué océano,

dijo el pescador segundo.

-Ni demasiado tarde ni demasiado lejos. La isla «Aquí» está en todos lados,

dijo el pescador tercero.

El ambiente se volvió incómodo, cayó el silencio.

Las verdades generales tienen ese problema.”

Wislawa Szymborska

Este poema de una de mis poetas preferidas, la gran Wislawa Szymborska me llega como una botella con un mensaje. Y cuando lo leo quiero agradecerle a ese pescador tercero que me anima a no darme por vencida y a volver a ese “aquí” desde el que tengo que poder sacar algo que me haga volver a escribir (y a respirar), porque la tentación de encerrarse y no mirar nada más, ni decir nada más, o simplemente quedarse con el pequeño mundo más o menos organizado que cada uno tiene, no es el camino.

Tomo ánimo, vuelvo al texto de la Torá para querer encontrar con todas mis fuerzas, un pasaje que me reconecte con la serenidad que tanto necesitamos. Por eso hoy les voy a hablar del Zevaj Hashlamim- la ofrenda de Shelamim-. Muchos la traducen como la ofrenda de paz, otros ofrenda de comunión. En fin, si hubiera comunión entre las personas y los pueblos, la paz podría ser una aspiración real, ¿verdad?

Así está escrito: “Este es el ritual de la ofrenda de shelamim (traducido como ofrenda de paz o de comunión) que se ofrece al Señor.”. Vaikrá- Levítico 7:11-13

La pregunta es ¿cuándo se dan las condiciones para traer esta ofrenda “de paz”?

El midrash Tanjuma (Tzav 4:1) lo explica:

“«Esta es la ley del sacrificio de las ofrendas de paz». ¿Por qué se expresó «el sacrificio de las ofrendas de paz»? Porque trae paz entre el altar, los sacerdotes e Israel. Ven y mira. El holocausto (NT una ofrenda llamada “olá”) pertenecía enteramente a las llamas (NT: porque se consumía toda en el fuego). Asimismo, en el caso de la ofrenda por el pecado, sus mejores partes y sus porciones consagradas pertenecían al altar, su piel y su carne pertenecían a los sacerdotes, pero Israel (es decir, el oferente) no obtenía ningún beneficio de ella. Lo mismo ocurría con la ofrenda por la culpa. Sin embargo, en el caso de la ofrenda de Shelamim, su sangre y sus partes consagradas pertenecían al altar, el pecho y el hombro pertenecían a los sacerdotes, pero la piel y la carne pertenecían a Israel. Esto dio como resultado la reconciliación entre el altar, los sacerdotes e Israel. Por eso se le llama (en Levítico 7:11) «el sacrificio de las ofrendas de paz», porque trajo la paz para todos.”

Lamento agotarlos con estos tecnicismos. Lo explicaré con simpleza: Hay una ofrenda que se consumía toda. Hay otras ofrendas que parte se consumía en el fuego y parte la comían los sacerdotes. Sólo la ofrenda de paz beneficiaba a todos: al altar- la parte que consumía el fuego, a los sacerdotes y a los que traían la ofrenda. Y cuando esto sucede, cuando todos se sienten parte, cuando la división es equitativa, cuando todos disfrutan, cuando es PARA TODOS, el resultado es la reconciliación, y la paz.

Así de sencillo. Así de necesario. Así de difícil de comprender en los términos en los que nos hacen vivir este tiempo de la historia. Hablar de paz nos hace parecer ilusos, románticos y desprestigiados. Es más valiente sostener odios ancestrales, venganzas y reclamos unilaterales. Sin embargo, sinceramente, creo que al haber dejado de hablar de paz les ha dado todo el terreno a quienes a toda costa ponderan el enfrentamiento y la violencia como la única estrategia para defender una posición.

Hablar de paz no es para los tibios. De ningún modo.

Es asumir el coraje de ponerse de pie ante un mundo divido en dos para ofrecer una alternativa que nos permita respirar futuro. Como el altar, los sacerdotes y el pueblo en aquella ofrenda de Shelamim, debe haber algún otro modo en el que todos vuelvan al altar de la santidad de la vida para dejar de quemarse los unos a los otros y recuperar la comunión que les permita pensar otros caminos.

Y hablando de caminos, y en medio de esta guerra, habrá cientos de personas, lideradas por mujeres valiosas, que caminarán la semana próxima en Roma, con los pies descalzos, para pedirle a la tierra que deje de sangrar. Con toda la dificultad y las amenazas, con los aeropuertos cerrados y las advertencias, el colectivo de Women Wage Peace- Nashim Osot Shalom- Mujeres Activan por la Paz, de Israel (mujeres israelíes judías, cristianas, musulmanas y drusas), junto con sus amigas del colectivo de mujeres palestinas Women of the Sun, apoyadas por cientos de organizaciones de mujeres, de paz, de comunidades de fe, de la política, el periodismo y la academia del mundo, caminarán juntas para que el mundo despierte y la voz de las que creen que la paz es un imperativo vuelva a ser escuchada.

Allí marcharé con ellas el próximo martes. Por ellas, por sus hijos. Por mis hijos. Por todos los hijos. Porque por sobre todo reclamo y diferencia ellas, madres, deciden poner el cuerpo, el alma, arriesgar sus presentes por algo que tienen muy en claro: Quieren la paz. Quieren que las mujeres participen en los procesos de paz. No quieren que ningún niño sea criado para matar ni para ser asesinado. Quieren poder hablar de futuro, del sentido de estar vivos, de la belleza de este mundo, de esperanza y de visión.

En un mundo que pretende insensibilizarnos elegir sentir es un acto de resistencia
Estas mujeres se niegan a dejar que la historia se repita como si no hubiera ninguna otra salida. Así lo expresan: “Somos madres que hemos decidido que cuidar de los demás en privado ya no es suficiente. Estamos llevando la paz al ámbito público.”

Hoy comenzamos el libro de Vaikrá- en hebreo significa el libro “Del llamado”.

En tiempos tan turbulentos y ensordecedores como éste necesito tomarme un minuto y preguntarme: ¿a qué estamos siendo llamados? ¿por quiénes debemos responder con nuestras palabras, silencios y acciones?

Volvamos a aquella mesa en la que la paz se conseguía cuando la ofrenda les correspondía a todos.

Y no soy una soñadora. Es que no hay ningún otro camino que garantice que el cielo deje de tronar, que los niños dejen de estar aterrorizados y que las familias vuelvan a sonreír.

Por eso, cuando veas que una botella llega a tu costa con un mensaje, no lo deseches rápidamente. Házte cargo del mensaje que te llega. Nunca es –“Ni demasiado tarde ni demasiado lejos” … si te animas.

Shabat Shalom

Rabina Silvina Chemen