Estamos terminando el libro de Shemot, y con él la historia fundacional del pueblo de Israel. Lo que vendrá luego será el libro de las instrucciones del trabajo de los levitas y sacerdotes y rememoraciones de lo ocurrido entre la esclavitud y la caminata hacia la libertad. Hoy terminan las historias que hicieron, a través de nuestras memorias, quiénes somos. El liderazgo de Moshé, arquetipo de lo que significa la conducción de un grupo de personas hacia un ideal trascendente, estando a la altura de cada vicisitud humana, duda, retroceso, desafío y logro- llega a su fin y como un gran ejemplo, rinde cuentas.
Ele pekudei- estos son los números, los registros formales de todo lo utilizado y erogado para la construcción del Mishkán- palabra que traducimos como Santuario o Tabernáculo.
Hoy quisiera hacer foco en un detalle- a veces considerado menor- de la denominación de este templo móvil. Leamos cómo empieza la última parashá de este libro:
אֵ֣לֶּה פְקוּדֵ֤י הַמִּשְׁכָּן֙ מִשְׁכַּ֣ן הָעֵדֻ֔ת אֲשֶׁ֥ר פֻּקַּ֖ד עַל־פִּ֣י מֹשֶׁ֑ה עֲבֹדַת֙ הַלְוִיִּ֔ם בְּיַד֙ אִֽיתָמָ֔ר בֶּֽן־אַהֲרֹ֖ן הַכֹּהֵֽן׃
“Esta es la suma de las cosas del tabernáculo, el tabernáculo del testimonio, según fueron enumeradas conforme al mandato de Moshé para el servicio de los levitas, bajo la dirección de Itamar, hijo del sacerdote Aarón”. Shemot – Éxodo 38:21
El tabernáculo- tabernáculo del testimonio – mishkán haedut.
¿Testimonio de qué? ¿para quién? En principio es un sintagma que me conmueve: un espacio físico que aloja la palabra de Dios, es un testigo, ofrece un testimonio. Necesito entender un poco más.
Busquemos explicaciones. Rashi (s. XI)
“משכן העדת EL TABERNÁCULO DEL TESTIMONIO — El Tabernáculo era un testimonio para Israel de que Dios se había mostrado indulgente con ellos con respecto al incidente del becerro de oro, porque a través del Templo hizo que Su Shejiná morara entre ellos.”
Por lo que explica el sabio francés, Dios ofrece una señal visible de su perdón. Hace no mucho tiempo el pueblo desesperado construyó un becerro. Hoy se construye un tabernáculo que lo aloja. El mensaje es claro: ¿ven? Con las mismas manos, los mismos materiales, podemos construir ídolos que nos hunden o santuarios que le dan sentido a nuestras vidas. Hay segundas oportunidades. Hay posibilidad de torcer el curso de la historia. Con nuestras propias herramientas. Sólo cambiando el rumbo, repactando un propósito, recuperando lo que creíamos perdido.
El Midrash Tanjuma (Pekudei 6:!) lo explica mejor:
“El Tabernáculo da testimonio al mundo entero de que Él los perdonó por el episodio del becerro de oro. Esto puede compararse con un rey que se casa con una mujer a la que ama profundamente. Después de un tiempo, se enoja con ella y la abandona. Sus vecinos la ridiculizan, diciendo: «Arrepiéntete o tu esposo no volverá contigo». Después de un tiempo, él regresó a su palacio y comió y bebió con ella. Aún así, sus vecinos no estaban convencidos de que el rey se hubiera reconciliado con ella. Sin embargo, después de percibir la fragancia de las especias que ascendía de la casa, todos comprendieron que se había reconciliado con ella. De igual manera, el Santo, bendito sea, amó a Israel y les dio la Torá y los llamó una nación santa: un reino de sacerdotes y una nación santa (Éxodo 19:6). Pero cuando pecaron después de cuarenta días, las naciones exclamaron: «No volverá a ellos». Moshé se levantó entonces y suplicó misericordia por ellos. Y Él respondió: «He perdonado conforme a tu palabra» (Números 14:20). Moshé preguntó: «¿Quién lo hará saber a las naciones?». Y Él le respondió: «Que me hagan un Santuario». Cuando las naciones percibieron la fragancia del humo que ascendía del centro del Santuario, supieron que el Santo, bendito sea, se había reconciliado con ellas.”
Un midrash largo pero hermoso.
Mucho para comprender.
Una módica carpita en el desierto, en medio de un grupo de ex esclavos harapientos en búsqueda de libertad puede ser una señal al mundo. Sí. Los gestos son pequeñas lumbreras en mundos de oscuridad que pueden darnos algo de esperanza en que otros modos son posibles, otros caminos nos pueden estar esperando, porque la confrontación, el odio, la puja por la supremacía, los rencores heredados y la violencia nos llevan indefectiblemente a un callejón que termina en un abismo en el que caeremos todos, sin excepción- aun los que creen “estar ganando”. Y para que esto sucediera- nos explican los maestros del Midrash- hubo una voz, quizás débil, ronca, cansada, anciana, que pide otro modo de resolver el enojo. Esa voz casi imperceptible que se anima a decirle al Señor lo que debe hacer y lo alerta de las consecuencias de lo que sucederá con su rigidez, cambió el curso de la historia de un pueblo entero.
La alegoría del midrash cuenta que los vecinos no creían que el marido volvió a su casa y a su mujer. Y así nos pasa hoy. Todos los que nos animamos a soñar otros escenarios, a trabajar con otros (los que hemos puesto en la vereda de enfrente), aparecemos como inocentes, desprovistos de todo viso de realidad, y fuera del mundo que lo que propone es justamente lo contrario: la guerra, el aniquilamiento, la victoria (por sobre otros). No nos creen y lo que es mucho peor- nos censuran, nos cancelan, nos silencian. Y nos transformamos en otro objetivo más que hay que “combatir”.
El sabio italiano Ovadia Sforno (s. XV) explicará que se llama el Tabernáculo del Testimonio porque allí estaban alojadas las Tablas del Testimonio, la palabra de Dios, que hizo de este grupo de gente, un pueblo que debe vivir alrededor de su Ley.
La historia del mundo ha virado de tal modo que ahora la mayoría de nosotros somos testigos, pero de la peor cara de la humanidad. Sentados frente a las pantallas somos testigos cautivos, silenciosos y absolutamente moldeables (aunque no nos demos cuenta) de la brutalidad más atroz: guerras transmitidas en vivo, destrozos, desplazamientos, líderes vitoreados por la cantidad de muertos que consiguen. Testigos del horror. Nos han atado, sin cables ni sogas, a las sillas de nuestras casas haciéndonos creer que no hay nada más por hacer. Y nos hacen cómplices porque no tenemos otra opción más que consumir lo que ellos eligen que veamos, pensemos, creamos… embotándonos como máquinas un contenido que luego repetimos convencidos de que tenemos opinión propia.
Necesitamos encontrar esos espacios sagrados de testimonio, como aquel tabernáculo. Lugares en los que la palabra vuelva a ser sagrada y las riquezas se usen para propósitos nobles, y el trabajo sea de construcción y nunca de muerte. Tiendas que alojen liderazgos como el de Moshé, que creyó en un pueblo que puede aprender de sus errores, que defiende a los que ama sin usarlos y que da cuenta de lo que gastó de las donaciones de la gente para que nadie crea que lo hizo en beneficio propio.
Ya no serán estructuras físicas, pero necesitamos recuperar espacios y tiempos donde podamos juntarnos todos aquellos que damos testimonio con nuestras vidas, nuestros discursos, trabajos y elecciones, de que creemos en otra humanidad que debe despertar al amor, la concordia, la alegría, la serenidad y el derecho a la dignidad.
Quizás sólo allí recuperaremos la palabra de Dios, perdida, profanada, expropiada en los estruendos del odio y la impiedad.
Así terminamos un libro que empieza con la esclavización y culmina con una tienda que aloja el testimonio del perdón y la nueva oportunidad.
¿Será que alguna vez podremos anunciar que este capítulo siniestro de la historia esté virando a la construcción de Santuarios que testimonien que otra humanidad está surgiendo?
Ojalá.
Shabat Shalom,
Rabina Silvina Chemen.
