La primera necesidad del hombre, como hombre es, desarrollar un sentido de reverencia hacia su propia vida y su carácter. Tomarlos en serio, pues ésta es la medida de su relación con Dios; delante del hombre hay una tarea inacabable, la que no puede ni concluir ni rechazar. Tiene que aprender a vivir con esta
“¿En qué difiere una creación humana de la Creación Divina? Cuando el hombre crea, lo hace siguiendo un molde; todas las piezas salen exactamente iguales entre sí. Cuando Dios crea – aún utilizando un mismo molde – cada pieza es diferente de las demás. Paradigma de ello es la Creación del hombre… de los hombres”.
Isaac Bashevis Singer fue un escritor judío, muy vinculado a su origen, que escribió en lengua yiddish. Nació el 14 de julio de 1904 en Radzymin (Polonia), y emigró a Estados Unidos en 1935, donde se nacionalizó en 1943. Al poco tiempo de su llegada se incorporó al periódico neoyorquino en lengua yiddish «Jewish Daily
Los judíos somos una historia que nos contamos sobre quienes pensamos que somos. La historia es el secreto de la continuidad del pueblo. Sin una narrativa coherente, arriesgamos la desintegración. No es casualidad que la práctica en la que más judíos participan en el Seder de Pesaj, donde contamos nuestro origen, el hilo que mantiene
Pésaj es, en particular, una festividad que evoca recuerdos familiares; largas mesas coloridas nos esperan en las casas de nuestras familias y amigos. Es un desafío a la “invitabilidad”, todos nos esmeramos por invitar, alojar, recibir, dar espacio… y buscar sabores familiares y sentidos renovados del mensaje de la festividad. ¡Cuántos sucesos simultáneos ocurren cuando
Mi madre solía tener, desplegado sobre su mesa del comedor principal (sí, la de las visitas y las cenas formales), un enorme rompecabezas «Ravensvurger»; cuanto más grande y complejo, mejor. Allí estaba por semanas, casi en el centro de la casa, para ir armando pieza a pieza, día a día, hasta en algún momento completarlo.