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La historia de Kóraj y su rebelión es conocida. Convence a unos cuantos de que la autoridad de Moshé y Aharón deben ser destituidas, quiebran en la gente la confianza en su gobierno, y en lugar de intentar un cambio por medios pacíficos, envalentonan a un grupo a alzarse con violencia contra Moshé y su hermano, quebrando la armonía, y la delicada paz de este pueblo viviendo las vicisitudes de un desierto interminable.
Todo podría haberse hecho de manera diferente.
Todo disenso podría haberse tramitado de un modo civilizado.
Pero cuando no media la palabra, y cuando la agenda de los que lideran la reyerta es oculta y camuflada bajo pretexto de ciertas reivindicaciones, se arenga a la gente “de a pie” a que se sume y multiplique los actos de amedrentamiento y amenaza contra la estabilidad reinante (escribo esto y no sé por qué se me hace que no sólo estoy hablando de Kóraj).
¿Cómo terminará la historia?
Mal. Por supuesto.
El modo que tiene el relato bíblico de contar el castigo a este grupo de insurrectos es más que elocuente:
וַתִּפְתַּ֤ח הָאָ֙רֶץ֙ אֶת־פִּ֔יהָ וַתִּבְלַ֥ע אֹתָ֖ם וְאֶת־בָּתֵּיהֶ֑ם וְאֵ֤ת כׇּל־הָאָדָם֙ אֲשֶׁ֣ר לְקֹ֔רַח וְאֵ֖ת כׇּל־הָרְכֽוּשׁ׃
“y la tierra abrió su boca y los tragó a ellos y a sus familias, a todo el pueblo de Kóraj y a todas sus posesiones.”
וַיֵּ֨רְד֜וּ הֵ֣ם וְכׇל־אֲשֶׁ֥ר לָהֶ֛ם חַיִּ֖ים שְׁאֹ֑לָה וַתְּכַ֤ס עֲלֵיהֶם֙ הָאָ֔רֶץ וַיֹּאבְד֖וּ מִתּ֥וֹךְ הַקָּהָֽל׃
“Y descendieron vivos al Sheol con todo lo que les pertenecía; la tierra los cubrió y desaparecieron de en medio de la congregación.” Bemidbar – Números 16:32-33
Dramático. La tierra abre sus fauces y se traga a todo lo que tiene sobre ella. Y dónde descienden, al Sheol- tema del que nos ocuparemos hoy- con todo lo que les pertenecía.
Y mientras escribo estas palabras, estoy conmocionada por las imágenes de agujeros en la tierra provocados por misiles que caen en las casas, en los hospitales, en las calles de Israel en esta nueva guerra que nos es tan difícil de tramitar mientras del otro lado, ya casi sin mencionarlos, sólo se encuentras cadáveres, los ataque siguen, una humanidad olvidada tras los escombros del terror y la venganza y no sé cuantos aún con vida, olvidados bajo tierra, en un Sheol que no eligieron y que no merecen. Los que están arriba son los que deberían estas asfixiados en los túneles.
Pero volvamos a Kóraj. La tierra se abre y se los traga haciéndolos descender al Sheol. Cuando buscamos traducciones a esa palabra encontramos estas opciones: «sepulcro», «tumba», «infierno» o «hades».
Como los tengo acostumbrados, me voy a buscar dónde más aparece la palabra Sheol en nuestro texto bíblico.
En el libro de Mishlei/Proverbios 30:15-16 menciona que hay “tres cosas que no se sacian nunca”.
“Tres cosas hay que nunca se sacian… el Sheol nunca dice ‘basta’.”
Sheol quizás sea ese lugar oscuro, mortal -físico o espiritual- en el que la avidez y la angurria nos llevan a destruir todo lo que tenemos delante. No hay otro modo de calmar la sed del abismo insaciable de poder sino con más y más y más…
Por su parte en Kohelet, Eclesiastés, el libro que se le atribuye a la sabiduría en la vejez del rey Salomón, está escrito:
“Todo lo que tu mano halle para hacer, hazlo con tu fuerza, porque no hay obra, ni pensamiento, ni conocimiento, ni sabiduría en el Sheol, adonde vas.” Kohelet – Eclesiastés 9:10
Entiendo que el autor de este libro sapiencial intenta decirnos que el Sheol no es un infierno que está apartado de nuestras acciones en la tierra, sino que es ese “no lugar” en el que nada sucede si es que no te has dedicado a hacer algo con sentido en tu vida. Es el espacio del “sin sentido” que es mucho más grave que la muerte física. Es el descenso a la intrascendencia.
Algunos autores contraponen la revelación en Sinaí, en donde la tierra se eleva hacia Dios, la nube, la voz, la ley… Y con Kóraj es la tierra que se abre al abismo, símbolo de ruptura y caos. Sheol es el “anti Sinaí”, un espacio sin ley, sin moral, sin Dios, sin humanidad, sin alianza, sin dignidad.
Y por último una cita de la profesora Aviva Zornberg en Murmuring the Deep:
“Kóraj es el paradigma de la rebelión que no reconoce el diálogo con la alteridad divina, sino que impone su propia voz. El Sheol al que descienden vivos no es una tumba silenciosa, sino un abismo oscuro donde la palabra se ha convertido en silencio, donde no hay respuesta ni eco. Esta caída simboliza la muerte del diálogo espiritual, el hundimiento en un aislamiento existencial donde la comunidad y la alianza se rompen y la palabra se extingue.”
Y yo agregaría: el Sheol es ese espacio en el que la única alternativa es la violencia, la destrucción, el odio y el exterminio. Es la muerte de la posibilidad de un diálogo, un acuerdo, una negociación. Es la sentencia a muerte de todos los que, gobernado bajo este paradigma, son arrastrados por los Kóraj de nuestro tiempo a los agujeros más infames, del no futuro, del miedo, de la desolación, de la pérdida de todo: la familia, lo material y la esperanza.
Kóraj fue responsable por lo que hizo, pero mucho más responsable aún por lo que arrastró con sí, detrás de sus ambiciones más espurias, y sus narrativas vengativas y victoriosas que llevaron a gran parte del pueblo a ese abismo de falta de sentido y de futuro trunco.
Kóraj hoy tiene otros nombres. Salen todos en los medios, casi obscenamente. Lamentablemente no tenemos los nombres de todos aquellos que son arrastrados al Sheol mientras estos nombres quedan protegidos sobre la tierra.
Pero no quisiera quedarme sólo en el abismo, porque sería un modo de haber perdido la contienda, esa en la que estamos todos los que sí creemos que la vida es luminosa, que la paz y la seguridad llegan después de acuerdos y no con guerras, aquellos que seguimos teniendo empatía con las familias que no pueden mandar a sus hijos a la escuela, con los viejos que no pueden bajar al refugio porque no llegan con su limitada movilidad, con aquellos que perdieron todo, con las madres, padres, esposos e hijos de los secuestrados que ya no tienen más cómo pedir que no se los trague el Sheol del olvido y la desidia. Somos muchos los que decimos con valentía que todas las muertes inocentes duelen, que las víctimas no tienen rango, que la muerte golpea por igual y que no se aguanta más esta locura donde se escuchan pocas voces de búsqueda de consenso, de desarme, de tregua…
Por eso les traigo un pasaje de una prédica que diera el rabino norteamericano David Wolpe, sobre una pequeña porción de texto de la Torá encontrado en un lugar muy particular en Israel:
“Como muchos de ustedes saben, la tradición judía no habla mucho sobre la vida después de la muerte, pero sí tenemos una palabra para el infierno, y es Guehinóm. Lo que quizás no sepan es que Guehinóm es un lugar real. Es el Gai Ben Hinnóm- el valle de Hinnóm, fuera de las murallas de Jerusalén, donde en la antigüedad los cananeos sacrificaban niños.
Y eso fue tan horrible para los antiguos israelitas que llamaron a ese lugar Guehinóm —el infierno. Hace unos 50 o 60 años, unos arqueólogos estaban excavando en Guehinóm, y allí encontraron el fragmento más antiguo de la Torá que existe en el mundo. Más de 500 años más antiguo que los Rollos del Mar Muerto. Es del año 586 a.e.c., de la época de la destrucción del Primer Templo: dos amuletos de plata enrollados que aún pueden verse en el Museo de Israel, en Jerusalén.
Cuando finalmente lograron desenrollar los amuletos, encontraron en ellos el fragmento más antiguo de la Torá que aún conservamos. Y decía: Yevarejejá Adonai veishmereja…Que Dios te bendiga y te guarde. Que el rostro de Dios brille sobre ti y tenga de ti misericordia. Que Dios esté contigo y te conceda la paz.
En otras palabras, el fragmento más antiguo de la Torá que poseemos en el mundo es una bendición de paz que fue rescatada del infierno.
Eso es lo que hemos hecho durante miles de años. Que nosotros e Israel sigamos haciéndolo por siempre.” Rabbi David Wolpe, Sinai Temple, Los Ángeles
En el mismísimo infierno, donde sacrificaban niños se encontró el pasaje más antiguo en el que pedimos a Dios que nos bendiga con la paz. “Una bendición de paz rescatada del infierno». Eso es lo que hemos hecho durante miles de años. Y lo seguiremos haciendo hasta que la paz nos rescate del abismo negro en el que estamos sumergidos.
Rabina Silvina Chemen
