PARASHAT JAYEI SARÁ 2025: Sará sigue llorando

La parashá que nombra la vida de Sará en su título, comienza con su muerte. Una muerte sólo recordada, pero sin casi detalles de sus últimos días, con quiénes los pasó, si se enfermó, si habló (desde que echó a Hagar de su hogar no la volvimos a escuchar). Lo único que nos queda es ver de qué episodio venimos en el relato bíblico. Y sí. Venimos de la akedá- del fallido intento de Abraham de mostrar su fe en Dios sacrificando a su hijo. Recordemos que la parashá pasada termina diciendo que Abraham, “volvió”- es decir, que regresó solo. Itsjak no volverá a su casa. Por tanto, inferimos que Sará no lo volverá a ver.

Acto seguido, Sará muere. Hay algo que no se está diciendo. La historia contada sólo por lo que atraviesan los varones está plagada de historias de mujeres que no se cuentan. Y ésta es una de ellas. Por suerte la tradición judía cuenta con una “historia no oficial” que cubre las ausencias de los relatos del relato canonizado. Allí en el midrash descubrimos por qué muere Sará, nuestra matriarca.

Leámoslo:

“Cuando Abraham regresó en paz del monte Moriah, la ira de Samael se encendió, pues vio que su deseo de frustrar el sacrificio de nuestro padre Abraham no se había cumplido. ¿Qué hizo? Fue y le dijo a Sará: «¿No te has enterado de lo que ha sucedido en el mundo?». Ella le respondió: «No». Él le dijo: «Tu esposo Abraham ha tomado a tu hijo Isaac, lo ha sacrificado y lo ha ofrecido en holocausto sobre el altar». Sará comenzó a llorar y a gritar tres veces, como las tres notas sostenidas del shofar, y lanzó tres aullidos, como las tres notas cortas y discontinuas del shofar; su alma huyó y murió.” Pirkei deRabi Eliezer 32:8

Algunas explicaciones: Abraham regresa después de haber atado a su hijo a los leños y haber sido detenido por un ángel quien no le permitió que mate a su hijo en nombre de la fe.

Interesante que el midrash dice que “volvió en paz”- y quisiera escuchar eso con tono irónico. ¿cómo puede volver en paz después de semejante episodio?

¿Quién es Samael? En la literatura talmúdica y post-talmudica lo encontramos como personificando a un demonio o un ángel de la muerte. Recordemos que hay un ángel que lo detuvo a Abraham y le pide que levante la voz para tomar un carnero para el sacrificio en lugar de a su hijo. Y en el midrash aparece otro ángel que sabe de lo que vivió Itsjak y- entiendo yo exasperado por la liviandad con la que vuelve Abraham- le cuenta a Sará lo que ella no sabe. Nadie la participó de la prueba a la que fue sometido su marido en detrimento de este hijo que tanto ansió y que con tanto trabajo pudo traer al mundo.

Sará llora, grita y muere de desesperación. No puede soportar la imagen de ese padre, de ese cuchillo, pero tampoco la escena en la que es descartada e ignorada.

Muchas veces hemos dicho que el sonido del shofar en el día del juicio tiene que ver con esos cuernos de carnero que le salvaron la vida a Itjzak. Pero quizás el sonido del shofar tenga más que ver con ese llanto escondido y ocultado por los textos oficiales de esta mujer que grita y aúlla de dolor mientras que el mundo no la escucha. Porque su llanto no es recordado. Y su muerte, sólo mencionada en una corta e insípida frase.

Acá me quedo.

Con cientos de imágenes que recorren los medios de comunicación, que nos facilitan casi morbosamente, los rostros de todas aquellas mujeres, con sus hijos enviados al sacrificio de los dioses del poder, la economía y la salvaje geopolítica, cuyos nombres, voces, sentires y participación nadie toma en cuenta. No son incorporadas a los capítulos de la historia. Sólo sabemos de un dolor que se trasunta en imágenes de horror pero que no mueven ningún amperímetro.

Existe una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, la resolución 1325, aprobada en el año 2000, que marca un hito normativo al reconocer el impacto diferenciado de los conflictos en las mujeres y la necesidad de su participación significativa en todos los aspectos del mantenimiento y negociaciones de la paz.

¿Qué países lo cumplen? Ninguno.

Sará y todas las madres, matriarcas, hermanas, esposas, jefas de familia siguen llorando sin que nadie repare en su llanto. Se siguen muriendo, protegiendo a sus hijos con lo que pueden, evitando que el odio los arrastre a martirizarse, intentando paliar su hambre, inventando realidades vivibles allí donde falta todo. Las fotos no tienen sonido. Se ven sus bocas abiertas, sus rasgos apretados, sus ojos desesperados y sus manos con hijos que cargan para protegerlos de la barbarie.

Sará sigue llorando. Y se muere una y otra vez. Y nadie la rescata. Sólo se las retrata. En su silencio más ensordecedor.

El nombre de esta parashá es sólo una aspiración. ¿Quién puede jactarse de la vida de esta mujer si la muerte la encuentra en la indignidad más absoluta?

No tenemos que estar ni en Sudán, ni en Siria, ni en Ucrania, ni en Israel, ni en Gaza, ni en Darfur, ni en el Congo para sentir ese dolor. Necesitamos permearnos a las voces que la historia oficial sigue intentando callar. Ya no podemos decir que no estábamos enterados.

Rabina Silvina Chemen