PARASHAT DEVARIM: Hablar de redención no es un acto de fe sino de profunda resistencia

Éstas son las palabras que habló Moshé…” Devarím- Deuteronomio 1:1

Palabras-devarím, en hebreo, término que le da nombre al nuevo y último libro de la Torá. Deuteronomio se lo titula en la versión griega de los LXX: déuteros nómos o “Segunda Ley”, por oposición a la “Primera Ley” recibida por Moshé en el monte Sinaí. Por lo tanto, el Deuteronomio no es una ley completamente nueva, sino una segunda presentación de la ley, en las palabras propias de Moshé, adaptada a la nueva generación de israelitas que está a punto de entrar a la tierra de la promesa.

Éstas son las palabras que habló Moshé…” marca un nuevo comienzo. Una generación que tiene la oportunidad de escribir un renovado capítulo de la historia. Con los aprendizajes de lo vivido anteriormente, los errores, los tropiezos, los sinsabores.

Moshé habla por sí mismo, por primera vez en toda su vida. Siempre repitió lo que Dios le dijo que dijera o lo que el pueblo quería que Dios escuchara.

Ya no hay más intermediarios. Quiere hablar. Necesita hablar. Dejar una impronta que los libere de las narrativas de conflictos, confrontaciones, ataques sufridos en la travesía. Hay que volver a escuchar la historia, con ojos de futuro y de promesa. Hacia allí estaban yendo. Se necesitan otras palabras para que esa nueva realidad suceda.

Comparto con Uds. un midrash de difícil lectura. Me encargaré de explicarlo paso a paso. Hagamos el intento.

(Deuteronomio 1:1) “Estas son las palabras que habló Moshé…” Israel dijo, “Ayer dijiste (en Éxodo 4:10), «No soy un hombre de palabras». ¿Y ahora estás hablando tanto?

El midrash presenta el problema. Moshé, en su juventud, al recibir la misión que Dios le encomienda reacciona diciendo que él no es hombre de palabras, que tiene la lengua y la boca “pesadas”. ¿Cómo es posible que esta misma persona ahora decida hablar por sí mismo?

“Rabí Itzjak dijo, «Si estás impedido en tu habla, recita la Torá y serás sanado, [como] Moshé ya estudió toda la Torá.» (Deuteronomio 1:1, cont. ) «A través del desierto, en el Arabá cerca de Suf.»”

Rabí Itzjak comprende que en Moshé se ha producido una transformación: Dedicó su vida entera al estudio de la Torá, y ha podido superar su impedimento se supera.

«Este texto está relacionado (con Yeshayahu 35:6), “Entonces el cojo saltará como un ciervo, y la lengua del mudo gritará de alegría.”

El midrash conecta la historia de Moshé con una profecía mesiánica del profeta Yeshayahu. “Entonces el cojo saltará como un ciervo y la lengua del mudo cantará con alegría…” Moshé es visto como un ejemplo de esta transformación: él, que no podía hablar se convierte en el que proclama con claridad la Torá ante todo el pueblo.

«Ven y mira. Cuando el Santo, bendito sea Él, le dijo a Moshé (en Éxodo 3:10): “Te enviaré ante el Faraón”, Moshé le respondió: “Me estás haciendo una injusticia.” (Éxodo 4:10): “No soy hombre de palabras”. Él le respondió: “Setenta idiomas se hablan en el palacio del Faraón. Así, si un hombre viene de otro lugar, le hablan en su propio idioma.” Cuando vaya en Tu misión, me examinarán, preguntándome si soy un representante del Omnipresente. Entonces se les revelará que no sé cómo conversar con ellos. ¿No se reirán de mí, diciendo: “¡Miren al agente de Aquel que creó el mundo y todos sus idiomas! ¿Acaso no sabe escuchar y responder?” Mira aquí, ¡algo está mal! (Éxodo 4:10) “No soy hombre de palabras” (Éxodo 6:12): “Porque tengo labios incircuncisos (es decir, un impedimento del habla).”»

El midrash agrega contenido al relato del libro de Shemot-Éxodo. Moshé teme que se den cuenta de su incapacidad. Son poderosos. No van a creer que vengo de parte de Dios. Verán que no tengo capacidad suficiente. La misión que me encomiendan va a fracasar.

Y después de toda una disquisición sobre el comienzo de la historia de Moshé, el midrash concluye diciendo:

“Al final de los cuarenta años [desde] cuando Israel salió de Egipto, [Moshé] comenzó a elucidar la Torá en setenta idiomas, como se afirma (en Deuteronomio 1:5): «él elucidó esta Torá». La boca que dijo (en Éxodo 4:10): «No soy hombre de palabras», [entonces] dijo (en Deuteronomio 1:1): «Estas son las palabras». El profeta, por lo tanto, clama y dice (en Yeshayahu 35:6): «Entonces el cojo saltará como un ciervo, y la lengua del mudo cantará de alegría». ¿Por qué? (Ibid., cont.): «Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en la soledad». Por lo tanto, se afirma (en Deuteronomio 1:1): «Estas son las palabras». Midrash Tanjuma, Devarim 2:1

Hay una parte del midrash que es “bonita”. Moshé no puede en el principio de su vida y al final adquiere esas capacidades que no tenía. De “no soy hombre de palabras” a “éstas son las palabras” hay una vida en medio con todos sus aprendizajes. Y esto conlleva un mensaje personal de nunca dejar de creer que podremos aún con todas nuestras dificultades y barreras.

Pero el midrash trae algo mucho más fuerte, o al menos es lo que quiero leer en estos tiempos en los que de verdad necesitamos “otras palabras”. Los sabios realizan un paralelo entre el cambio de vida de Moshé y la visión mesiánica de Yeshayahu. Si una persona puede hacer un giro total en su vida, y de saberse imposibilitado deviene en el líder de una gesta memorable, es posible que también en otros órdenes, aunque las condiciones hoy no parezcan favorecer ningún cambio ni nadie se presente con otras palabras que nos permitan sacarnos de este abismo de oscuridad, hay esperanzas en la redención.

Leamos cómo el profeta imagina ese tiempo de salvación:

“Saltará el cojo como un ciervo, y gritará de alegría la lengua del mudo. Porque brotarán aguas en el desierto y torrentes en el sequedal. La arena ardiente se convertirá en estanque, la tierra sedienta en manantiales burbujeantes. Las guaridas donde se tendían los chacales serán moradas de juncos y papiros.” Yeshahiahu 35:6-7

He agregado un versículo más al citado por el midrash, porque me viene una bocanada de aire fresco con estas palabras:

Aquellos que hoy creen que no podrán caminar más, saltarán con la agilidad de los ciervos. Y quienes se quedaron ya sin palabras (de tanto gritar, de miedo, de estupor) volverán a oír sus voces expresando alegría. Y el desierto, seco por el sol y por la devastación espiritual y moral que estamos viviendo volverá a beber aguas que hace ya tanto tiempo no corrían sobre él. Y la tierra que está sedienta, yerma, impermeable y devastada, recuperará la posibilidad de alojar manantiales de aguas corrientes, fluir de vida. Y en los pozos donde se escondían los chacales para atacar a las presas sin ser vistos, volverán a crecer juncos y papiros… (y sigo yo) los cuales devendrán en hojas sobre las que se escribirá una nueva historia con nuevas palabras.

Sí. Me dirán que las profecías coquetean con la locura porque los cojos no podrán correr jamás, ni los mudos hablar ni los desiertos tener ríos, ni la arena ardiente manantiales…

Puede ser. Es probable que la física, la biología, la botánica o la geología puedan explicarme por qué estos fenómenos son imposibles. Sin embargo, no podemos vivir sin imaginar un futuro en el que la locura que sí estamos viviendo en este tiempo se termine. Esto es locura: la guerra sin fin, los rehenes secuestrados, la compulsa por un plato de comida sin mediar compasión por los hambrientos, la política sucia, el ataque feroz e indiscriminado… eso es locura. Necesitamos nuevas palabras. De aquellos que creen que no tienen la potestad para hacerlo. De quienes se mantienen al margen porque asumen no tener herramientas ante semejante maquinaria de odio y muerte. Necesitamos creer en que otras narrativas van a emerger. Que no estamos condenados a vivir bajo el sojuzgamiento de faraones que determinan a quien le corresponde la plaga esta vez. Tenemos que aprender como Moshé a hablar en otras lenguas, aun las no exploradas, para llegar a otros interlocutores que están mudos no porque no tengan voz sino porque creen que ya no hay más nada que decir.

Ele hadevarim-Éstas son las palabras. Hago un llamamiento a esas palabras. Que se posen en la boca de todos los que estamos atónitos ante una realidad que nos atropella la calma y la dignidad.

Aunque nos tilden de locos, de profetas o de poetas, creemos que la redención es posible. Sólo tenemos que animarnos a decirlo.

Rabina Silvina Chemen.