Esta parashá lleva el nombre de un gesto que hizo cambiar toda la historia de Yosef y sus hermanos. Historia llena de trucos y dolores. Con pocas posibilidades de llegar a buen destino. Y sin embargo Yehudá “vaigash” se acerca a quien él cree que es el vice-faraón, cuando en realidad es su hermano, y le pide compasión por su padre ya anciano, para no causarle el disgusto de no volver con su hijo menos Biniamín. Le ruega que le permita a él quedarse en su lugar. Yosef se dio cuenta de lo que habían aprendido sus hermanos. Que quitarle a un padre la posibilidad de ver a un hijo- como lo hicieron con él cuando lo vendieron y le mintieron a su padre de que lo había devorado una fiera- es inhumano y causa un dolor insoportable.
Lo que ha provocado infinidad de interpretaciones es la palabra “vaigash”, se acercó. Porque en realidad cuando dos personas hablan en la Torá no se menciona el movimiento físico que realizan antes de hablar. Acá hay una intención.
Permítanme compartir un breve midrash que me despertó algunas ideas:
“Otro asunto, “Yehudá se acercó [ vayigash ] a él” – Rabí Yehuda, Rabí Neḥemya y los rabinos. Rabí Yehuda dice: Un acercamiento para la guerra, tal como dice: “Yoav y la gente que estaba con él avanzaron [ vayigash ] a la batalla” (II Samuel 10:13). Rabí Neḥemya dice: Un acercamiento para la conciliación, tal como dice: “Los hijos de Yehudá se acercaron a Josué” (Josué 14:6) – para aplacarlo. Los rabinos dicen: Un acercamiento para la oración – “Elías el profeta se acercó, y dijo: Señor, Dios de…” (I Reyes 18:36). Rabí Elazar lo resolvió de acuerdo con todos ellos: Si [debo participar en] la guerra, voy; si [debo participar en] la conciliación, voy; si [debo participar en] la oración, voy.” Bereshit Rabá 93:6
En principio comprendamos la riqueza del midrash que sale a buscar otros textos en los que aparece la misma expresión para llegar a ciertas conclusiones a partir de un paralelismo.
Vaigash aparece en el libro de Shmuel II anticipando una guerra. Pero en el libro de Yehoshúa es un gesto de conciliación. Mientras que en el libro de Melajim I es un acercamiento a la oración. Por lo que no encontramos realmente un solo significante para esta palabra o quizás sea éste verdaderamente el mensaje:
Los hermanos estaban en conflicto, enfrentados.
Como tantos hermanos, tantos pueblos vecinos, tantas cercanías heridas, están hoy en conflicto. La confrontación de los hermanos con Yosef, no se solucionó ni tirándolo a un pozo, ni vendiéndolo, ni intentando vivir como si él ya no existiese. Comienza a sanarse con la elección de una cercanía que concilie y ponga de manifiesto los aprendizajes de haber optado anteriormente por la mentira y la venganza.
Los pueblos pueden estar cerca para matarse, o cerca para intentar allanar un camino de distancia y dolor. Pueden elegir la batalla o la fe como inspiración para un nuevo capítulo en sus historias. Pueden poner al frente quien sea lo suficientemente sensible para elegir responsablemente no seguir causando más tragedia o lo contrario.
Necesitamos más gestos de cercanía que nos reconcilien con un mundo que aprenda a dirimir sus conflictos sin optar por borrar del mapa a quien podría ser su hermano.
No se necesita demasiada sofisticación. Sino saber leer este tiempo con otros ojos. La batalla, la guerra, la carrera armamentística, los discursos totalitarios y revanchistas no son las únicas maneras de acercarse a quien tenemos “por ahora en la vereda de enfrente”. Debe haber otros modos, otros caminos para acercarnos a construir aún en los disensos y las heridas.
“Yo soy Yosef su hermano”- lloró desesperadamente Yosef cuando no pudo sostener más el ocultarles a sus hermanos quién era.
Cuánto necesitamos volver a escuchar esta frase. Y ver que quien tenemos delante necesita volver a decirnos: soy tu hermano. A pesar de toda la historia que nos separa y las narrativas con las que crecimos que nos hicieron odiarnos.
¿Que soy una ilusa? ¿Qué no sé de política ni de economía?
Puede ser. Pero creo que la gente común, la que sufre día a día con su cuerpo, sus bienes y sus familias los estragos de los conflictos necesitaría que aparezca algún Yehudá que se acerque al otro y algún Yosef que se atreva a decir nuevamente: Yo soy su hermano. De eso no tengo ninguna duda.
Rabina Silvina Chemen
