En Israel, cálido hogar para adolescentes en riesgo

Al haber sido, alguna vez, una niña de la calle, Mariuma Klein alimentó y rehabilitó a unos 30.000 israelíes fugitivos a través de su Shanti House Association La mayoría de los refugios para adolescentes fugitivos no se parecen a Shanti House en Israel. Tal vez es porque ese “cálido hogar para jóvenes en riesgo” no fue planteada para ser lo que es hoy; dos localidades que rescatan, cada año, a miles de adolescentes de la calle y no fue planeado por profesionales ni representantes de gobierno. Todo comenzó con una adolescente en situación desesperada.
Shanti House
Mariuma Klein nació en Nueva York, en 1964. A los 14, vivía en las calles de Boston. A los 15 fue enviada a un internado israelí y a los 17 fue violada en un ataque sexual. “Era una niña cuando pasé por todas las cosas por las que los chicos que aceptamos en Shanti House atraviesan: descuido y abuso sexual viviendo en las calles”, dice. Sin embargo, continuó en el servicio militar y a los 19 estaba compartiendo su hogar con el hombre que sería el padre de sus tres hijas.
Los viernes por la noche, la pareja comenzó a rescatar a adolescentes de las calles de Tel Aviv para una cena tradicional de Shabat. Tel Aviv es un imán para fugitivos israelíes, una ciudad bulliciosa en la que pueden evadir aquello de lo que estén huyendo.
“De viernes en viernes, había tantos chicos sin lugar donde comer o dormir”, recuerda. “Una chica dijo que fue violada y fui la primera persona en saberlo y le dije que, yo también, fui violada. En ese momento, comprendí que era mi destino”. Klein siguió hasta obtener un diploma en psicodrama, pero eso llegó mucho después.
“Mi título son los 30.000 chicos”, dice Klein, refiriéndose, casi, ala cantidad de adolescentes que atendió durante más de 29 años. En 2000, recibió el Premio Presidente por Voluntariado y en 2007, un Premio al mérito de Ciudadana Honoraria de la Municipalidad de Tel Aviv-Yaffo.
En 1984, luego de un año de cenas sabáticas, Klein y su socio transformaron su casa en un local habilitado para fugitivos. Una de las chicas destacó que se sintió “shanti” allí, usando la palabra en sánscrito que quiere decir “tranquilidad”. De forma espontanea, otra adolescente escribió “Bienvenidos a Shanti House” con pintura en spray en la pared. Y así quedó.
Shanti House inside
En 2001, “Shanti House” se mudó a su sitio actual, alquilado, en el barrio de Neveh Tzedek al sur de Tel Aviv. Ocho años después, la Asociación Shanti House abrió “Desert Shanti House Youth Village” en el Negev, entre Sde Boker y Mitzpeh Ramon, con ayuda del Alcalde del Consejo Regional de Ramat Hanegev, Shmuel Rifman, la Fundacion Rashi y donantes particulares.
Durante años, Klein desarrolló, y perfeccionó, un método único para el tratamiento de jóvenes en riesgo. Las organizaciones que trabajan con fugitivos en las ciudades de Australia, Alemania, México y otras partes la invitan, de manera frecuente, para que enseñe su enfoque, y ahora, está escribiendo un libro sobre el tema.
“Shanti House es única en el mundo”, sostiene. “Primero, es un hogar. Cuando se entra, las paredes te abrazan. Segundo, está la elección personal de permanecer. Si no se opta por quedarse, ya sea derivada por la Corte o se llegue de la calle, tendrá que ir a otra parte. En general, cuando se es enviado a un lugar, no se tiene opción. Pero creo que los chicos victimizados, tienen que detenerse y decir “Yo elijo de manera diferente”.
Shanti House es la única institución en su tipo en Israel, que abarca a chicos entre los 14 y los 21 años, 24 horas los siete días de la semana, sin importar religión, raza o género. Los otros refugios para jóvenes en riesgo no aceptan a ninguno mayor de 18 años.
“Los chicos se dividen en dos grupos”, explica Klein. “El primero son aquellos que no quieren huir – en general, entre 14 y 17 años- y, si no acuden a nosotros, están en peligro en las calles. Los devolvemos a sus casas entre las 24 horas y una semana. Hacemos un puente entre ellos y sus padres, proveyendo de mediación profesional y guía”.
Los adolescentes del segundo grupo, que comprenden el 75 % de la clientela en ambas sedes, permanecen durante un mes o más. Algunos encuentran a Shanti House “ de boca en boca”; otros, son derivados por servicios sociales o juzgados juveniles. “Vienen de todos los niveles de la sociedad: muy ricos o muy pobres, religiosos, no religiosos, rusos, etíopes, beduinos, drusos. Para ellos, somos su última esperanza. Llegan con antecedentes de abuso sexual, violencia o descuido. Son soldados solitarios, huérfanos o chicos cuyos padres no pueden apoyarlos o los expulsaron de sus casas”, cuenta. “Esos son los casos más difíciles. Se sienten rechazados día a día; es una forma de morir”, dice Klein, quien además auspicia, año tras año, programas de prevención de drogas, alcohol y violencia, para miles de jóvenes en riesgo en todo Israel. Su objetivo es que el 90 % de los jóvenes sea capaz de solventarse financieramente a sí mismos antes de dejar Shanti House, para que no retornen a las drogas o la prostitución y se integren a las estructuras académicas o militares, y aprenda a asumir la responsabilidad por sus acciones, hallando lo que llama su centro de control interno.
Un modelo terapéutico único, apodado “Shantherapy”, incluye clases, entrenamiento vocacional, actividades de enriquecimiento, terapias tradicionales y alternativas que comprenden 12 pasos: Reiki, agricultura y terapia animal, tambor, drama y counseling one-on-one, entre otras. El programa es personalizado para cada chico. Shatherapy incluye el voluntariado comunitario. “Dar es parte del proceso terapéutico y los distrae de las dolorosas experiencias que tuvieron que atravesar y los alienta a ver que son capaces de dar a la sociedad como seres iguales”, explica Klein. Muchas de las actividades voluntarias de los jóvenes son iniciativas conjuntas con voluntarios de las comunidades de negocios.
Shanti House grupo
Los eventos culturales, viajes y tareas cotidianas, son parte del programa. Las cenas tradicionales de Shabat- donde todo comenzó- continúan siendo un punto focal crítico del estilo de vida familiar de Shanti House. En la mesa festiva, Klein resume los acontecimientos de la semana transcurrida y luego el CEO y vicepresidente de Shanti House Association, Michael Ben Yosef, comparte una inspiradora parábola con una moraleja.
“Los chicos obtienen todo aquí”, dice Klein. “Van al colegio o al trabajo, comen tres veces al día, se visten, van al médico, tienen dinero para viajar en autobús, útiles escolares- todo lo que un hijo propio puede tener”.
Klein, quien se separó del padre de sus hijos en 2001, alterna semanas entre Tel Aviv y el Negev. Siendo tan difícil como dividir su tiempo, ella sintió que era esencial abrir el Desert Shanti. “En Israel, hay actualmente 330.000 chicos y jóvenes en riesgo, 28.000 en el sur del país”, explica. “Desde Beersheva hasta Eilat, no hay lugares para el bienestar”. A través del consejo regional, obtuvo 133 acres de una localidad aislada a la que los adolescentes pudieran llegar, con facilidad, a través del Negev. “Me abrieron sus corazones. Me dieron tierra. Fue cumplir mi sueño, pero no podía hacerlo sin los demás”, dice Klein.
Construido con estándares “verdes”, el establecimiento rural “Desert Shanti” permite a Klein ofrecer un significado adicional a la terapia o rehabilitación tal como jardinería ecológica, y al mismo tiempo, proveer del tan necesario empleo para los residentes del sur. “Eso algo que nunca se había hecho antes, ni en Israel ni en el mundo”, asevera. “Es completamente “diferente”.
Entre los aspectos únicos de “Desert Shanti” está su gran carpa al estilo beduino donde los residentes de la casa pueden albergar invitados y compartir actividades que incluyen actuaciones musicales, exhibiciones de arte y lectura de poesía.
En 2003, la Asociación Shanti House produjo un libro de poemas escrito por unos 10 adolescentes, “Sorry We Were Born”. El título del poema reza: “Perdón por haber nacido, por respirar, comer, llorar, perdón porque me atreví a amar. Perdón también por ser golpeado, por querer ser abrazado. Perdón por molestarte una vez más. Perdón”.
Shanti House, Pesaj
El gobierno israelí otorga el 20 % del presupuesto anual de la Asociación Shanti House, alrededor de $2.2 millones y ayuda de otros donantes israelíes. Sin embargo, parte de la rutina constante de Klein es viajar al exterior para juntar otro $1.2 millón más cada año. Es posible donar a través del sitio web, y las contribuciones en EEUU son deducibles de impuestos. Ella recibe muchas solicitudes para abrir sucursales de “Shanti House” en Jerusalém y en el norte. En teoría, le gusta esta idea porque las cuatro localidades cubrirían todo el país. Sin embargo, no se fía de poder estirar demasiado el ya modesto presupuesto a expensas de las dos sedes existentes.
Solo el 13 % del presupuesto anual va a la administración. “Estoy muy orgullosa de eso”, dice Klein. “Mantenemos los gastos generales bajos”. Los empleados totalizan 30, unos pocos son ex residentes.
La hija mayor de Klein, que ahora estudia arte escénico en Nueva York, también trabajó en “Shanti House” durante un tiempo. Klein dice que uno de sus mayores logros es haber criado a sus hijas en el inusual ambiente de un refugio para jóvenes – donde muchos de los chicos la llaman “Ima (en hebreo, mamá)”.
“Mis hijas son tan sanas de mente y alma”, dice, “Estoy orgullosa de lo que logré como madre porque podría no haber sucedido de ese modo. Siento que no puedo ser una madre para otros chicos si uno no lo logra con sus propios hijos”.
Y como los padres debemos aprender a permitir que los hijos se vayan, Klein está asegurándose que el programa de bienestar social que concibió, creó e hizo crecer, continuará “más allá de sí misma”.
“Supe que tenía que tomar mi proyecto de vida y enseñarles a otros cómo empoderarse cuando yo ya no esté más aquí”, sostiene. “A veces cuando se hace crecer un proyecto como este, se olvida de dejarlo ir, y permitir que otros también hagan el suyo, y el proyecto muere con uno”.
Autora: Avigayil Kadesh