PARASHAT VAIKRÁ: El ritual de la conciencia

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Volvemos a comenzar el libro de Vaikrá y con este comienzo vuelven nuestros interrogantes acerca de la función de los rituales, la definición de pureza e impureza, las implicancias sobre la fe…

El texto aparentemente nos aleja y la interpretación intenta acercarnos a un sentido profundo.

El libro de Vaikrá es un compendio entre lo puro y lo impuro, las relaciones sexuales permitidas y prohibidas, las conductas que nos hacen bien y las que nos degradan, los alimentos aptos y los no aptos. Sin embargo este libro nos habla más nosotros que cualquier otro libro de la Torá.

Nos muestra a partir de rituales, es decir, a partir de actos concretos, cómo se deben traducir en la realidad los modos de vida, los valores. Y nos anuncia que NO podremos hacerlo solos. Porque la fuerza del ritual es que a partir de él nos inscribimos en un grupo, un colectivo, un pueblo. Somos quienes somos como individuos porque estamos inscritos en la práctica de un pueblo, en la tradición y transmisión de esa práctica. Estamos congregados alrededor del ritual, que es el lenguaje colectivo que nos une.

Esta parashá marca, en los korbanot que describe, la agenda de valores que se inscriben en el pueblo de Israel:

Dios llama a Moshe a la Tienda del Encuentro y le comunica las leyes de los Korbanot. Estas incluyen:

  1. La “ofrenda de elevación” (olá) que es totalmente quemada para Dios en el fuego del Altar. Un ritual que nos hace entender que cuando uno da, debe estar dispuesto a entregar con todo.
  2. Cinco variedades de “ofrendas vegetales” (minjá) preparadas con harina fina, aceite de oliva, una ofrenda poco costosa al lado de los que ofrendaban animales, quizás para explicar que la voluntad de dar es tanto más grande que quien da porque tiene mucho o le sobra. Por eso, ofrendas vegetales que se llaman Minja- regalo, porque lo válido del ritual no es el producto que se brinda sino la capacidad generosa y consciente de dar de uno para el otro.
  3. La “ofrenda de paz” (shlamím), una ofrenda en la que se pone de manifiesto el valor del Shalom, de estar en paz, de sentirse en paz, de conseguir la paz, de trabajar por la paz, de hacer las paces.
  4. La ofrenda de pecado (jatat) ofrendas que eran traídas para expiar por transgresiones cometidas erróneamente tanto por el Sumo Sacerdote, la comunidad entera, el rey o un judío ordinario: porque una sociedad, una comunidad, un individuo deben poder transformar en acto concreto su capacidad de dar cuenta de sus errores. A veces uno supone que los errores que comete se diluyen con el tiempo o cuando no son develados… pero el acto concreto de la ofrenda es lo que los hace reales, visibles, tangibles que es la única manera de corregirlos y aprender de ellos…
  5. Y la “ofrenda de culpa” (ashám) originalmente traída por una persona que tiene duda de si transgredió una prohibición divina, o por quien juró en falso, por ejemplo. Es interesante; un acto concreto por si hubo una transgresión abstracta: jurar en falso, traicionar a Dios… porque las conductas erradas, aunque sean verbales, aparentemente invisibles están igualmente inscriptas en las personas y se precisa de un tiempo y un ritual para poder elaborarlas.

La capacidad de dar, el don de compartir, la valoración de la paz, el reconocimiento de un error y la conciencia de querer enmendar una culpa son los valores que conforman el repertorio de valores que sostienen los rituales del pueblo de Israel, a partir de su salida de Egipto hasta nuestros días.

El ritual tiene la función de la inscripción: cuando nace un niño se lo inscribe: brit milá: Hay una ceremonia; Cuando alguien madura, se inscribe su crecimiento: Bar mitzvá y hay una ceremonia; Cuando hay una pareja que se casa, se la inscribe: Hay una ceremonia; Cuando alguien muere, se inscribe su muerte. Hay una ceremonia.

El ritual es el lenguaje con el que se le da significado a las circunstancias de la vida del individuo y del colectivo al que pertenecemos: es ponerles palabra y forma a momentos que se marcan como trascendentes.

Los rituales son modos de darle legalidad a la vida humana. Detenerse en diferentes momentos de la vida y del año para poder tomar conciencia. Y a esta conciencia se accede cuando le otorgamos una forma, tanto individual como colectivamente. No es posible elaborar la conciencia de la libertad si una vez por año no navegamos el lenguaje del Séder de Pésaj, cada uno con su versión, alrededor de la mesa.

Los rituales son altos en el camino para permitirnos volver al libro de Vaikrá, ahora con nuestras propias categorías, y darnos tiempos y espacios para darle forma a los valores que sostenemos y con los que nuestra tradición religiosa nos sostiene a nosotros.

Que tengamos una experiencia profunda con este libro que estamos comenzando.

Shabat shalom,

Rabina Silvina Chemen.