Una de las preguntas que plantean todos los exegetas de la Torá es: si Hashem mismo le endureció el corazón a Parhó – es decir le quito el libre albedrío-… entonces ¿por qué decimos que Parho pecó?
El Rambám, en Halajot Teshuba, nos da la siguiente explicación: por cuanto que Parhó peco en principio por propia iniciativa y daño al pueblo de Israel, la jurisprudencia determina privarle la teshubá. Por eso Hashem le endureció el corazón. Así también contesta el Rambán y agrega una respuesta: en las primeras plagas, Parhó mismo por propia voluntad endureció su corazón y no quiso dejar salir al pueblo. Como esta escrito:
«Y se fortaleció el corazón de Parho». Pero cuando las plagas se intensificaban y se cansaba de soportarlas, se ablandaba, se arrepentía y quería mandarlos. Esto no ocurría por su voluntad, sino de lo intolerable de las plagas; por miedo y no por libre albedrío. Para que su libertad de elección esté regulada, Hashem endureció su corazón, para que los envíe por su propia voluntad y su libre albedrío.
El Midrash Raba dice: Dijo Ribi Yojanan: «de aquí que los herejes podrán argumentar que Parhó no tuvo posibilidad de volver en Teshuba». Le dijo Resh Lakish «que se cierren las bocas de los perversos». Hashem le advierte al ser humano una, dos y tres veces, y si este no vuelve, le cierra su corazón para castigarlo por lo que peco. Así ocurrió con el perverso Parhó, después de cinco veces que Hashem le advierte del castigo que iba a tener, Parhó fue indiferente y Hashem le dijo: Tu endureciste tu cabeza y tu corazón; he aquí te voy a aumentar mas impureza sobre tu impureza.
Nuestros sabios dicen: por cuanto que un ser humano pecó y reincidió se le hizo como algo permitido; es decir se va hundiendo en el pecado y el mismo se esta privando la teshubá. Así esta escrito en el Talmud: si un individuo se impurifica un poco, lo impurifican mucho; el se impurifica desde abajo, lo impurifican desde arriba.
Sobre el tema del libre albedrío, el Rab Dessler da el siguiente ejemplo: Un fumador dolorido del pecho por la adicción al cigarrillo, se repite varias veces a sí mismo: «No fumare más». Al día siguiente de expresar esa afirmación, este hombre exclama: «Si fumo solo un cigarrillo, no me hará daño». Luego, considera que son dos los cigarrillos que puede fumar, culminando ese día consumiendo todo el atado. Este hombre no hace mas que engañarse a sí mismo. Repite exclamaciones que no puede cumplir. Tiene dos deseos: por un lado, fumar, y por el otro, no sentir dolor. El mismo dolor es mas fuerte que su deseo, entonces, decide no fumar. Cree que podrá superar su adicción, pero luego, se dice a sí mismo que uno o dos cigarrillos no pueden dañarlo. Este fumador empedernido se aparta de la verdad obvia y se aferra a la imaginación, cubierta por la mentira.
Quien provoca nuestras acciones es uno mismo, no el deseo. La lucha de seguir tras el autoengaño o la verdad se llama elección. Una mente sana puede pensar y elegir correctamente, no aferrarse a la mentira, y optar por la verdad.
Si hay dos pueblos en guerra, el objetivo que ambos persiguen es conquistar tierras. Cada lucha lleva detrás ese deseo. El que logra conquistarlas, por esas tierras ya no pelea mas, sino que deberá ahora luchar por las que aun no obtuvo. Las primeras ya son parte de su propiedad.
Nosotros, en la vida también tenemos por que luchar. Si el Shabat es algo que hoy por hoy cumplimos, ya es tierra conquistada. Son otros los lugares a los que debemos llegar. Cada mitsvá que hacemos puede formar parte de nuestras conquistas, solo que todavía hay muchas que no pudimos conquistar…
Por ellas debemos luchar.