EL SECRETO DE LA MATZÁ

¿Cuál es la razón por la cual comemos matzá en Pesaj? La respuesta perece ser sencilla: comemos matzá en recuerdo de la masa que no alcanzó a leudar cuando salimos de Egipto. De hecho, así lo relata la Torá en el libro de Shmot: “Y los egipcios apremiaban al pueblo, dándose prisa a echarlos de la tierra……y llevó el pueblo su masa antes que se leudase, sus masas envueltas en sus ropas sobre sus hombros” (12: 33-34).

Sin embargo esta razón no es tan obvia como parece. La Torá nos relata que dos semanas antes del éxodo Dios le dijo a Moshe que debía preparar al pueblo para una comida especial que ocurriría la noche del 14 de Nisan: “Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura, con hierbas amargas lo comerán” (Shmot 12: 8). Podríamos decir entonces que la instrucción de comer matzá la noche del éxodo ya era conocida por el pueblo antes de salir de Egipto y no tiene necesariamente que ver con la premura de la salida y la falta de tiempo para su leudado.

¿Por qué entonces comemos matzá durante Pesaj? La Hagadá da dos respuestas posibles: la primera de ellas al comienzo del seder y la segunda antes del comienzo del Halel (salmos de agradecimiento). Al comienzo de la Hagadá, en el Ha’lajma aniya, decimos que comemos matzá ya que es el pan de la pobreza que comían nuestros antepasados en Egipto. Luego, antes del Halel, decimos que el motivo por el cual comemos matzá es porque la masa de nuestros padres no alcanzó a leudar antes de la salida de Egipto.

¿Cómo pueden ser entendidas estas dos explicaciones? Acaso hay relación entre ellas? Creo que en este punto reside uno de los significados y uno de los secretos de la matzá. Dios instruye a Moshe para decirle al pueblo que a pesar de ser libres, deben siempre recordar su origen. Lo lógico hubiera sido que al momento de salir, el pueblo hubiera comido un pan leudado, distinto al que comieron durante tantos años de esclavitud. Pero Dios les ordena que este pan no debía ser leudado, y que este debía recordarles su origen. Y cuando llega el momento del éxodo, el pueblo lleva este pan sin leudar sobre sus hombros. Seguramente existían cosas mucho más importantes para llevar sobre sus hombros: sus bienes personales o incluso sus hijos. Pero el pueblo llevaba sobre sus hombros su origen, el alimento que los vio nacer.

Recuerdo que en cierta oportunidad un maestro nos contó sobre como se festejaban los sedarim en las distintas comunidades judías del mundo. En aquella oportunidad nos contó que algunos judíos acostumbran levantarse de sus sillas durante la narración del éxodo, ponerse sacos de sábanas o ropas con matzot sobre sus hombros y de esta forma recrear el éxodo. La matzá nos invita a retornar a nuestro origen, a sentir que cada uno de nosotros lleva en sus propios hombros el pasado y el futuro del judaísmo.

La matzá es entonces por un lado el pan de la pobreza que comían nuestros antepasados, pero es, a la vez, el pan que no alcanzó a leudar y que cada uno de nosotros lleva sobre sus hombros. Es conocida la interpretación de los sabios acerca de que cuando buscamos el jametz antes de Pesaj a la luz de la vela, no solo buscamos el jametz en nuestras casas, sino también en nuestro interior. Quizás la matzá nos recuerde que no solo debemos rememorar nuestro pasado, sino que debemos sentir que sobre nuestros hombros recae la responsabilidad del futuro de nuestro pueblo, y que si nosotros no la asumimos, nadie mas lo hará.

«Veigadta lebinjáh bayom hahú» «Y le contarás a tu hijo ese día»

Hoy en día los padres tienen poco tiempo para dedicarle a los hijos. Ya sea por el trabajo, o porque dedican mucho tiempo otros menesteres, son pocos los momentos en los que los padres pueden dedicarse a disfrutar se sus hijos y de su crecimiento.

Muchas veces son los abuelos, los tienen más tiempo para compartir y disfrutar con sus nietos que los mismos padres. Por la jubilación, por tener menos trabajo, y por tener más experiencia tras educar a sus hijos, los abuelos son los que tienen la posibilidad real de transmitir a sus nietos los valores de nuestra tradición. Hoy en día, muchos padres optan por relegar a los abuelos al territorio de lo gastronómico. Es en la casa de los abuelos, que son los que saben hacer las comidas típicas, donde la familia se reúne para las fiestas.

Propongo renovar el espacio de los abuelos en la mesa tradicional de nuestras familias. Propongo que el lugar de los abuelos deje de ser el de hacer solamente las comidas típicas. Propongo que los abuelos cobren los sabores tradicionales de la tradición judía. Ya no solo los de la comida, sino del alimento principal: los de los relatos tradicionales de nuestro pueblo.

En el seder, cuando todas las generaciones se sientan al rededor de la mesa, ¿por qué los padres no agregan un nuevo condimento a la mesa al darle la posibilidad a los abuelos que compartan las historias y los valores de nuestro pueblo?

«Ureé banim lebaneja, shalom al Israel» «Y cuando vieras a los hijos de tus hijos, habrá paz en (el pueblo) de Israel». Cuando los abuelos y los nietos se encuentren en el relato de nuestra tradición, habrá paz para el pueblo de Israel, porque se garantiza la continuidad de nuestro legado.

Basado en «The Holistic Haggada»