AL FINAL DE LA VIDA; UNA PERSPECTIVA JUDÍA

Enfrentarse a la muerte es siempre un momento traumático para los pacientes y su familia. Los avances médicos realizados en los últimos 60 años han creado situaciones inimaginadas, cuando la Torá se convirtió en la base de la ley judía, y por lo que hay algunas situaciones asociadas a los procesos de la muerte y el morir que pueden no tener propósitos claros.

Se sugiere insistentemente que cuando se trata de una enfermedad terminal, de soporte vital, de la donación de órganos, y de la posibilidad de reanimación se busque el consejo de un rabino experto en ética médica judía, para debatirlo con el paciente y la familia tan pronto como sea posible. Sin embargo, también es necesario mostrar una gran sensibilidad en ese momento y respetar los deseos del paciente y su familia.

Los judíos tenemos la responsabilidad de aceptar el tratamiento médico cuando hay una posibilidad de salvar la vida. Sin embargo, esta opinión se divide sobre si el tratamiento para prolongar artificialmente la vida entra en esta categoría terapéutica y, por tanto, si un paciente tiene la obligación de aceptar tal tratamiento.

Antes de la muerte, un paciente puede ser sostenido con vida por medios mecánicos. Durante este estado, no se deben tomar medidas que aceleren o retrasen la muerte. Por eso, médicamente hablando, ningún tratamiento puede ser iniciado para retrasar la muerte y tampoco la ausencia de tratamiento puede ser implantado si ello provocaría acelerar la muerte.

Enfermedad terminal
El diagnóstico de una enfermedad terminal trae consigo algunas complicaciones en cuanto a tratamiento médico. Si con un tratamiento se mantiene la esperanza de una recuperación, o un período prolongado de la vida (es decir, la vida que no sería posible si no se le hubiese dado tratamiento), la mayoría de las autoridades coinciden en que un paciente judío tiene la obligación de aceptar el tratamiento. Sin embargo, si la enfermedad ha avanzado hasta el estado en el que es posible una cura, entonces la opinión se divide sobre si la aceptación de alivio del dolor, el apoyo a la vida, la alimentación nasogástrica y otros tratamientos puede ser obligatorio. El tema de la “calidad de vida” no es tan importante como la necesidad de preservar la vida durante tanto tiempo como sea posible sin esfuerzos heroicos.

Testamento vital
Pueden surgir situaciones en que un paciente ya no tiene control sobre el curso de su propia muerte a causa de la inconsciencia o incapacidad. La creación de un “testamento vital” es un asunto abierto a mucho debate entre los diversos grupos judíos .
Sin embargo, algunos grupos reformistas sugieren que el testamento vital alivia el personal médico y a los familiares de la responsabilidad de tomar decisiones difíciles y permite a un paciente a morir en paz.  Soporte Vital
La utilización de soporte vital se considera de diferentes maneras, no sólo por cada uno de los variados grupos judíos, sino también como un reflejo de los efectos de su uso. Por ejemplo, el uso de soporte vital en el caso de estado de coma temporal provocada por un traumatismo craneal o la recuperación de una cirugía mayor sería visto como algo bueno porque ayuda a preservar la vida, porque habrá un momento en el futuro cuando pueda ser apagado y  se espera que el paciente reanude las funciones de respiración y la circulación por si mismo.

Hablando con la familia
Debido a la exigencia de no acelerar ni retrasar la muerte, algunos grupos de judíos pueden sentir que hablar sobre la muerte inminente de un paciente es una actividad no deseada, propensos a preocuparse de manera prematura en la muerte. Puede valer la pena hablar con un paciente y su familia antes de que se haga el diagnóstico, para saber si se debe revelar la magnitud de esa condición. Este es un campo de minas ético, y se sugiere buscar tanto asesoramiento como sea posible, con médicos y rabinos, para ayudar a tomar una decisión.
Un judío morir próximo a morir podrá requerir la presencia de un rabino en cualquier momento para rezar el Viddui. Hay que asegurarse de que se respete dicha peticiones, y que el paciente y el rabino puedan estar tranquilos para hablar y orar juntos.