“Reflexiones sobre el mes de Elul”, por Adi Cangado

Durante el mes de Elul es precepto que hagamos balance sobre cómo han sido nuestras acciones a lo largo del año que está a punto de pasar y así prepararnos para el año que pronto va a comenzar.

 

Elul (אלול) es también el acróstico del famoso versículo del Cantar de Cantares (Shir Hashirim) que dice, אני לדודי ודודי לי aní le-dodí ve-dodí li “yo soy de mi amado y mi amado es para mí”, que simboliza la relación que el pueblo de Israel tiene con el Eterno su Dios. Sin embargo, aunque aspiremos cada año nuevo a mejorar y a pesar de las metas elevadas que nos habría gustado alcanzar, muchas veces el resultado de nuestras obras no llega tan alto como habíamos apuntado. El pecado es el obstáculo, el error en el rumbo, del barco de la vida. Cuando pecamos nos apartamos de la dirección que la flecha debe llevar si desea alcanzar la diana.

Ante el desafío de sentir que nos hemos equivocado, el judaísmo nos ofrece las herramientas adecuadas para retomar la dirección correcta: reparar el daño causado si es aún posible, pedir perdón al agraviado, mejorar la conducta y pedir al Eterno que nos guíe para mejorar a través del arrepentimiento sincero. Este proceso se llama teshubá en hebreo y significa “retorno”.

En el día del perdón, Yom Kipur, día de expiación, repetimos en nuestras oraciones la frase jatati, aviti, pashati, o en plural jatanu, avinu, pashanu.
חטאתי עויתי פשעתי וכזאת וכזאת עשיתי מיום היותי על האדמה עד היום הזה.
He pecado, he pecado, he pecado, e hice así y así, desde el día que vine a este mundo hasta este mismo día.
En hebreo tenemos al menos cuatro formas distintas para decir “pecado”, pero cada una de ellas es más o menos específica. Si bien en las fuentes tradicionales se usan a veces indistintamente, en su etimología podemos ver qué significa cada una de ellas en concreto.
La primera es חטא [jet], que se refiere a un obstáculo que se encuentra el hombre en su travesía y que lo confunde y desorienta, haciéndole perder la dirección y el rumbo que llevaba; se trata de los errores, de las equivocaciones cometidas sin querer, de menor relevancia, que sin embargo, sumadas, acaban apartándonos de la Torá y de sus enseñanzas.
La segunda es פשע [pesha]. Se trata de una actitud del carácter completamente distinta. Aquí el ser humano carece de reglas que orienten su conducta: no conoce el bien ni el mal, esto es, que “su” bien y “su” mal, según ellos, es cómo obran, sin atender a estándares éticos. Es sin duda más grave que el anterior y de más terribles consecuencias para la persona.
La tercera es עון [avón], que significa la continua inclinación de una persona a obrar de manera incorrecta, como si pesase más en él o ella la mala inclinación en ciertas facetas de su vida.
Finalmente es común también el término עבירה [aberá], si bien es más propio de la literatura rabínica. Significa “traspaso”, es decir, “transgresión” en general de un precepto; cruzar e ignorar el límite que simboliza el precepto.
ועתה נשאני לבי ונדבה אותי רוחי לשוב אליך באמת ובלב טוב ושלם.
Pero ahora quiere mi corazón y desea por dentro mi alma regresar a Ti de verdad y con un corazón bueno y completo.”
Sin embargo, el Eterno no desea condenar a quien yerra, sino que acepta a quienes regresan a Él. Como vemos en la cita, el alma desea לשוב “regresar”, retomar su rumbo, su dirección hacia טוּב ושלמוּת “la bondad y la plenitud”.
¿Cómo puede el ser humano regresar? ¿Cómo podemos reencontrar la travesía para mejorar y no caer de nuevo en nuestros errores pasados? Dice el profeta Ezequiel (v. 18:30),
שובו והשיבו מכל פשעיכם ולא יהיה לכם למכשול

Cambiad de dirección y convertíos de todos vuestros pecados, y [así] no toparéis obstáculo o tropiezo;

 

השליכו מעליכם את כל פשעיכם אשר פשעתם בם
Soltad de sobre vosotros todos vuestros pecados que cometisteis.
ועשו לכם לב חדש ורוח חדשה.
Y (entonces) os haré un corazón nuevo y un alma nueva.”
Debe llamarnos la atención este versículo por diversas razones. La primera es que, al empezarlo, el profeta repite la misma raíz verbal con dos significados diferentes, שובו והשיבו [shubu ve-heshibu]. Tenemos aquí dos conjugaciones distintas del mismo verbo: la primera es una forma pa’al, que significa “regresar”, en concreto cuando se cambia de dirección; la segunda en cambio es una forma intensiva o hif’il, en concreto intransitiva, que sería traducida como “convertirse”. El proceso de teshubá debe tener ambas fases: no es suficiente volver a cumplir los preceptos. Es necesaria también la correspondiente transformación interior: debe acontecer, por dentro, un acto de conversión. Como solía decir Martin Buber, es fundamental que el judío se convierta cada día; en cada segundo debería acontecer en él, en su encontrarse con el Tú Eterno, un acto de auténtica y sincera conversión.
En segundo lugar, solamente así puede la persona soltar el peso que cae sobre su cabeza, liberarse de la campana de cristal fino que componen los errores y equivocaciones de nuestros pasados lejanos y recientes, amenazando siempre con romper sobre nosotros causándonos un daño irreparable. El regreso nos libera de esta carga.
Debemos asumir que son nuestros errores, por eso el texto reitera que se trata de “todos vuestros pecados que cometisteis”. Pues ninguna excusa vale aquí ni tampoco ninguna culpa ajena que alivie nuestra responsabilidad. Finalmente el acto de conversión acontece, y ya no somos los que fuimos sino plenamente los que somos, “con un corazón nuevo y un alma nueva”.
A diferencia de otras culturas en las que se cree que el ser humano nace predestinado (y añadiría “precondenado” pues nadie es perfecto) o que sus acciones dejan una mácula imborrable, el judaísmo enseña que el Eterno perdona siempre, y por lo tanto, ידו פשוטה לקבל שבים “Su mano está siempre dispuesta a recibir a quienes retornan”.
אדם אשר פשע וחטא ובא לחסות תחת כנפי השכינה ולהכנס בדרכי התשובה.
“El hombre que peca y yerra, pero viene a cobijarse bajo la protección de la Presencia divina, y se envuelve en los caminos de la teshubá.”
והסירותי לב האבן מקרבי ונתת לי בשר.
Y removeré mi corazón de piedra, y me darás un corazón de carne.
Pues el corazón, como le ocurría al Faraón con las diez plagas, se endurece cada vez que perdemos nuestra dirección, cada vez que nos equivocamos, sobre todo cuando no queremos asumirlo y preferimos excusarnos.

Durante el mes de Elul debemos incrementar la oración pues es una herramienta válida para aprender a reflexionar. La palabra hitpalel, “rezar”, es en hebreo reflexiva: implica un acto de (juicio) reflexión personal. En la oración podemos encontrar el espejo de nuestra propia y personal tragedia, canalizar esos sentimientos y preocupaciones, y ayudarnos en ella para afrontar el balance del año, y aprender así a ser mejores y más plenos; recordando siempre que la oración verdadera empieza cuando damos el primer paso fuera del lugar de oración.

Saber que nos hemos apartado de la dirección correcta y tener la humildad suficiente para asumirlo es algo que el judaísmo valora y desea. Dicen nuestros sabios en el Talmud,

שוב יום אחד לפני מיתתך.
Regresa [al Eterno] al menos un día antes de tu muerte.
Pero como no sabemos cuándo llegará ese instante, ¿acaso no deberíamos comenzar a “regresar” en este mismo instante?
גדולה מעלתם של בעלי תשובה מצדיקים גמורים.
Es más grande el mérito de los hombres que se arrepienten que el de los sabios perfectos.
במקום שבעלי תשובה עומדים אין צדיקים גמורים עומדים.

En el lugar que ocupan los retornados, no hay lugar para los sabios perfectos.”

He pecado y me he equivocado. Deja que vuelva a Ti, Dios Eterno, con temor y humildad. Perdona mis errores y ayúdame para comenzar este año nuevo con un corazón nuevo y un alma nueva. Amén.

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