PARASHAT TZAV: Limpiar las cenizas y Bedikat Jametz

Parashat Tzav es casi en su totalidad un compendio de instrucciones acerca de las ofrendas que los sacerdotes debían dar en el Santuario.

El fuego en el altar debía estar siempre encendido. En el mismo eran quemadas completamente las ofrendas de Elevación (Olá); grasas de las ofrendas de Paz (Shlamim), Pecado (Jatat) y Culpa (Asma); y el “puñado” separado de las Ofrendas Vegetales.

Ante toda la magnificencia que se desprende de estas escenas, hay un pequeño detalle sobre el que me quiero detener: la mitzvá de trumat hadeshen, recoger las cenizas de las ofrendas diarias consumidas. Es decir, el día ritual comenzaba con la limpieza del altar, la tarea de recoger la ceniza y sacarla fuera del campamento. Es parte del sacerdocio ocuparse de esta tarea, todas las mañanas.

Podríamos desarrollar algunas teorías respecto de lo que significa un liderazgo que se ocupe también de las tareas menos visibles, los que se dedican a lo estridente como a lo pequeño, los que se “ensucian las manos” para luego vestirse de oro, con la misma importancia…

Hoy prefiero quedarme con la mitzvá de quitar de nuestros altares lo que no sirve, los vestigios de lo que se quemó, lo que contamina, lo que ocupa lugar sin ninguna utilidad. Y pensaba qué cerca que estamos en este Shabat Hagadol, el Shabat antes de Pesaj, de la limpieza de nuestras casas, bedikat jametz, la búsqueda del jametz, y el biur, la quema del jametz, la desaparición de todo alimento no permitido en Pesaj. Jametz que espiritualmente nos vuelve a aquel altar. Deberemos limpiar nuestros santuarios de todas las cenizas que quedaron de historias pasadas para festejar Jag Hapesaj, para salir libres a una nueva vida.

 

Nuestros sabios encontraron una hermosa explicación entre el Jametz y la Matzá:

La palabra Jametz se escribe חמץ Jet, Mem, Tzadi.

La palabra Matzá es מַצָה Mem, Tzadi, Hei.

Jametz y Matzá comparten dos letras: mem y tzadi y la única diferencia que hay entre las dos es la Jet y la Hei.

En el modo en que se escriben la Jet y la Hei, se dan cuenta que la diferencia entre la Jet y la Hei es mínima. No es un palito entero, es medio palito, ה-ח. La diferencia entre Jametz y Matzá es mínima. Un pequeño espacio que deja la Hei, que la Jet cierra. La libertad, quizás están sugiriendo las letras, es la capacidad de dar y darnos espacio para entrar y salir, probar, buscar, equivocarse, y tener siempre una porción inconclusa, que, lejos de ser inseguridad, es oportunidad de aprendizajes y procesos de cambio.

Cuando mezclamos un kilo de harina con agua, y lo dejamos fermentar, se consiguen dos kilos de pan.

Cuando mezclamos el mismo kilo de harina con agua, lo trabajamos con nuestras manos, y lo ponemos al fuego antes de que pasen 18 minutos, obtenemos un kilo de matzá.

Ésa es la diferencia.

Quitar el Jametz de nuestras casas, al igual que los cohanim en el Mishkan, cuando limpiaban las cenizas, es tomar conciencia de que para las grandes fiestas, como Pesaj, deberemos limpiarnos de todo lo que nos ciega, de lo que nos hace soberbios, de lo que nos “infla” a tal punto que perdemos nuestra identidad para disfrazarnos de lo que no somos. Y esta tarea, a diferencia del lujo del Seder y la opulencia de los manjares, es tediosa, silenciosa y hasta poco valorada, me atrevería a decir. Pero es allí donde empieza Pesaj, como cada mañana en el altar, en la que las ofrendas comienzan con la limpieza del lugar.

Limpieza que es sanación, conciencia, oportunidad de mirarse en la soledad silenciosa y recuperar, con cada objeto que encontramos en nuestras “alacenas”, qué tipo de vida tuvimos y preguntarnos si eso es lo que queremos, si esto es lo que elegimos o si para salir de Egipto deberemos despojarnos de lo encontramos.

Nos deshacemos de todo lo que mancha la dignidad humana, lo que nos avergüenza y esclaviza como personas y como humanidad.

Y ponemos nuestras esperanzas en que el Seder de Pesaj de este año podamos no sólo recordar nuestra historia de opresión sino hacer presente la memoria de todos aquellos que hoy sufren el dolor de la guerra, la opresión, la tiranía y los prejuicios, aun cuando nadie los ve, aun cuando sus voces no pueden ser percibidas.

Les dejo un texto para meditar esta semana para nuestra bediká:

BIUR JAMETZ (Adaptado de Maayan Hagaddah)

¿De qué nos limpiamos esta noche?

De estar exhaustos.

Del eco del lenguaje de exclusión.

Del peso de la historia.

Del silencio elegido.

Del silencio impuesto.

De la presión de cumplir con imágenes sociales.

Del empeño de quedarnos fuera de nuestra tradición.

Permitámonos juntar todo esto como lo hacemos con las migas de pan. Como el Jametz que estamos preparados para quemar. Permitámonos entrar al Seder como si no tuviéramos ningún tipo de Jametz sobre nosotros.

Como si la libertad hubiera sido siempre nuestro patrimonio; amplia, extensa, intensa, como un mar abierto.

Kal Jamira Vajamira – Todo tipo de Jametz – libtel velehevei hefker keafra deara – queda anulado, inexistente y sin dueño, como el polvo de la tierra-.

¡Shabat Shalom Umevoraj y Jag Sameaj!

Autora: Rabb Silvina Chemen

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