Parashat Vaiejí: Lo que no podemos/debemos hacer por nuestros hijos

Se termina el libro de Bereshit. Una sucesión de relatos tan fundador de nuestro vivir humano, de nuestra creencia como pueblo, de nuestras constituciones familiares, parejas, hijos, padres, hermanos… tan rico, tan hondo… casi que nos cuesta dejarlo para comenzar nuevamente a leer la zaga de este pueblo de Israel que desde la parashá de la semana que viene, hasta las danzas de Simjat Torá, nos mantendrá en vilo.

Vaiejí. La última parashá, que habla del final de la vida, que es tan diferente a decir que nos cuenta acerca de la muerte.

En esta parashá van a morir Iaakov y luego Iosef. Pero aún antes de la partida queda mucho por aprender

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Iaakov ya anciano, cansado después de una vida llena de avatares, luchas, ganancias, pérdidas y engaños, sabe que le queda poco tiempo, y reúne a sus hijos.

Es interesante cómo los jajamim reparan en una característica de Vaiejí: es una parashá stumá, cerrada- es decir que el comienzo está “oculto” en el medio de un párrafo, la primera frase no está al principio de la columna, como suele suceder con la mayoría de las parashot. Esto podría ser sólo una nota de color a no ser que le encontremos un mensaje hasta en el mismo diseño de la columna del pergamino.

Rashi (Francia s.XI) le va a encontrar una explicación citando un midrash. Entre otras respuestas a la pregunta de qué significa que una parashá sea cerrada, explica lo siguiente: “Iaakov deseó revelar a sus hijos el final de los días, pero ello le fue cerrado (nistam) para él.”

¿Qué nos quiere decir esta pequeña frase? Iaakov- Israel, quería revelarles el futuro a sus hijos, lo que irían a vivir, lo que sucedería cuando él no esté. Creía tener la misión del patriarca, aquél que peleó con Dios y le ganó- por lo cual recibió su nuevo nombre Israel; de reunir  como “gran padre” a sus hijos para revelarles los misterios que él portaba, lo que les sucedería en los tiempos por venir. Y el midrash dice que esto le fue “cerrado”, obturado en el momento de llevarlo a cabo.

Rashi sigue diciendo que Vaiejí no sólo es una parashá stumá- cerrada sino que es en sí misma un libro cerrado. Una unidad, y esto lo agrego yo, en la que aprendemos los padres acerca de lo que significa transmitir.

Fíjense que la Torá lo insinúa: “Y Iaakov llamó a sus hijos y les dijo: reúnanse, y les diré lo que pasará en el final de los días.”  Bereshit 49:1

Él mismo les anuncia que les dirá lo que les pasará en el futuro. Y los llama una vez más: “Juntaos y oíd, hijos de Jacob,y escuchad a vuestro padre Israel.” Bereshit 49:2

Me imagino la escena. Todos los hijos alrededor a punto de escuchar la revelación de sus vidas y de pronto dice: “Reubén, tú eres mi primogénito, mi fortaleza, y el principio de mi vigor; Principal en dignidad, principal en poder.” Bereshit 49:3

Lo que iba a ser revelarlo lo que les sucedería en sus vidas, como una película anticipada de sus existencias se transforma en un recitado de las condiciones que tiene y que desarrollará cada hijo de acuerdo con sus actos y su misión… Y a eso lo llamamos bendición.

Y así termina el libro de Bereshit. Enseñándonos a no confundirnos como padres, como maestros, como transmisores de un legado.

Lo que debemos transmitir no es la certeza de lo que nosotros vimos o vivimos. Sino la fortaleza que le damos a cada uno para profundizar sus virtudes, para hacerse cargo de sus decisiones y construcciones. La mejor bendición que le podemos dar a nuestros hijos, no son fórmulas enlatadas del éxito, oráculos o predicciones; sino la confianza de decirles que tienen herramientas y recursos para que, desde sus propias esencias, puedan construir la mejor versión de sí mismos.

Pero para poder hacer eso, tenemos que dedicarnos la vida entera a conocerlos y reconocerlos en todos sus matices y fundamentalmente en todas sus posibilidades.

Se cierra el libro de Bereshit.

Y acá estamos nosotros, como el patriarca a punto de transferir un legado, que no es magia sino es el fruto de nuestro compromiso con una tradición que se regala para que la generación siguiente la disfrute, la interpele y la viva.

Rabb Silvina Chemen

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