PARASHAT VAIGASH: Teshuvá – ponerse en la piel del hermano

Recordemos los hechos de las parashot pasadas que cuentan el derrotero de la vida de Iosef y sus hermanos. Estamos a punto de revelar la verdad, los hermanos se enterarán que es Iosef quien está manejando esta urdimbre de idas y vueltas.

Biniamín, el hermano menor, hijo de su misma madre,  ha sido retenido acusado de haber robado la copa de plata del soberano  (robo orquestado por el mismo Iosef), y es entonces cuando Iehudá se acerca- Vaigash- en hebreo, a Iosef para pedir su liberación y se ofrece él mismo como esclavo a cambio de su hermano menor.  El padre no toleraría una nueva pérdida.

Iosef no puede contenerse. Siente que llegó el momento de revelar su identidad. Yo soy Iosef. ¿Mi padre aún está vivo?

¿Qué es lo que hizo cambiar la estrategia de Iosef de angustiar a sus hermanos y someterlos a experiencias límites?

Nuestros sabios, en general, aprovechan esta parashá para hablar de la Teshuvá. Los hermanos hicieron verdader Teshuva- dicen- cuando muestran que han aprendido del error de haber vendido a su hermano y de haberle hecho creer a su padre que una fiera lo había atacado. Los hermanos aprendieron que sus ganas de “deshacerse del problema”, le había causado la peor de las penas a su padre que mantuvo el luto hasta que volvió a encontrarse con quien en definitiva no estaba muerto.

Me puse a pensar qué se necesita para una verdadera Teshuvá, un retorno, a un lugar desde el que tomamos un camino equivocado.

Entonces volví al comienzo de la parashá y al verbo que lleva su nombre: Vaigash– se acercó. Y no sé por qué pero me lo imagino a Iosef sentado en su trono y su hermano- aun si saber que era- reclinándose para estar más cerca.

Y en ese instante recordé esta poesía de Alfonsina Storni*, que tanto la alertaba a ella en su época y que tanto más se agudiza en la nuestra: Vivimos almas cuadras, enfiladas, que no se cruzan, no se tocan, no se acercan. Cada uno en su casillero. Con sus propósitos, sin importar si estos invaden o anulan la realidad del otro.

La vida vista desde una geometría en ángulos y cuadrados es la que no nos permite desarrollar la empatía, esa que nos hace agacharnos, doblarnos, curvarnos, girarnos, hacia la vida del otro; esa que transforma al otro en hermano, cuando no puedo seguir adelante si él está sufriendo.

Y me di cuenta que eso es lo que necesitamos para hacer Teshuvá: ponernos en la piel del otro, preguntarnos por sus emociones, escuchar otros argumentos, permitir otras opiniones, buscar puntos que nos unan. No vamos a sanar nada ni sanarnos si vivimos con ideas en fila y ángulos en la espalda. No hay Teshuvá posible si conectamos únicamente con lo que nos pasó a nosotros.

No le bastaba a Iosef ver que sus hermanos reflexionaban con el error que le habían infligido a su padre.

Iehudá ofrece en el lugar de su hermano. Lo hace por él mismo, por la culpa que sintieron sus hermanos, por el dolor de su padre, por la protección de su hermano menor… una red de compromisos con el otro, que hablan de la verdadera Teshuvá. Que no es solamente dejar de hacer lo que hicimos, sino que es habitar la piel del que herimos para, desde allí, hacer el verdadero cambio.

Y para eso, ni los cuadrados, ni las filas, ni las paralelas que no se tocan ni se implican jamás, son los formatos que nos salvarán de creer que solos podemos y que indiferentes a los que nos rodean, seremos felices.

“Los que nos rodean”, para que estemos rodeados necesitamos redondeces, círculos, óvalos que nos nucleen, que nos involucren, que nos hagan mirarnos a los ojos, de frente.

Estamos en un tiempo muy sensible del mundo y de la historia de la humanidad. De dolores profundos, de confusión y pérdida de rumbo.

No serán las filas y las cerrazones las que nos devuelvan la tranquilidad. Quizás la redondez del abrazo, la curvatura para escucharnos, la circulación de la palabra sean lo que nos permita comenzar a recuperarnos.

Rabina Silvina Chemen

* Casas enfiladas, casas enfiladas,

casas enfiladas,

cuadrados, cuadrados, cuadrados,

casas enfiladas.

Las gentes ya tienen el alma cuadrada,

ideas en fila

y ángulo en la espalda;

yo misma he vertido

ayer una lágrima,

Dios mío, cuadrada.

Cuadrados y ángulos, Alfonsina Storni (Argentina 1892-1932)

 

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