PARASHAT SHEMINÍ 2024: una gramática inhumana

Parashat Sheminí debería haber sido el corolario festivo, el máximum de una experiencia religiosa: al octavo día se inaugura el santuario y Aharón el sacerdote comienza a realizar ofrendas, delante del pueblo. Parashat Shemini (Vaikrá 9:1-11:47) nos cuenta que:

“Nadav y Avhú, hijos de Aharón, tomaron cada uno su incensario, pusieron fuego en ellos y, tras echar incienso encima, ofrecieron ante Dios un fuego profano, que él no les había mandado. Entonces salió de la presencia de Dios un fuego que los devoró, y murieron delante de Dios…. Y Aharón guardó silencio” (Vaikrá – Levítico 10:1-3).

Es una experiencia traumática que la tradición rabínica deberá darle algún tipo de explicación. Entre ellas encontramos algunas que la muerte de los hijos de Aharón es causa de un pecado.

Rashi (s XI) trae las explicaciones de varias fuentes rabínicas:

ותצא אש Y SALIÓ UN FUEGO — Rabí Eliezer dijo: los hijos de Aharón murieron sólo porque tomaron decisiones sobre asuntos religiosos en presencia de su maestro, Moisés (Sifra, Shemini, Mejilta d’Miluim 2 32; Eruvin 63a). Rabí Ishmael dijo: murieron porque entraron al Santuario intoxicados por vino. Quizás sepas que esto es así, porque después de su muerte amonestó a los que sobrevivieron que no entraran en estado de ebriedad con vino (vv. 8—9) … (Vaikra Rabá 12:1, 4 )“

Es interesante cómo naturalizamos la culpabilización de la víctima. Crecí en mi juventud con la sospecha del “halgo habrán hecho” … y así fundamentar situaciones de horror. En principio me hubiera agradado que Rashi manifestara cierta piedad ante la muerte de dos de los hijos del Sumo Sacerdote que son consumidos dentro del Santuario. Sin embargo, entra directamente en los argumentos de diversas fuentes que los tildan de insurrectos o borrachos; ambas causas justificativas de la muerte más voraz.

Naphtali Zevi Yehudah Berlin (Haamek Davar s. XIX) profundiza la culpabilización de la víctima:

“Los hijos de Aharon, Nadav y Avihu”. No dice, “Nadav y Avihu, hijos de Aharon”, y de esto Jazal (nuestros sabios de bendita memoria) comprendieron que no mostraron el respeto apropiado hacia Aharon, y se comportaron como si no fueran sus hijos.”

No respetar la investidura de un padre, según este maestro evocando a sus propios maestros, merece la muerte directa sin que medie ningún tipo de intercambio…

Permítanme avanzar en la reacción del padre. Su silencio. También, lamentablemente desde mi punto de vista, ponderado por muchos exégetas que entienden la fe como un acto de sujeción despersonalizada a la llamada “voluntad divina”. Lo comprenden en su aceptación de la “decisión del cielo” … sin embargo, no es ésta la fe a la cual adhiero. Uds. ya lo saben.

Abarbanel (s.XV) manifiesta otra posición ante su silencio: “Su corazón se volvió como una roca inanimada (domem), y no alzó la voz para llorar ni elogiar, como lo haría un padre para [sus] hijos; Tampoco aceptó el pésame de Moisés. Porque no le quedaba aliento ni palabra…”

Y sí… Aharón, quien ha sido elegido por Dios ante todo el pueblo en una misión de suma responsabilidad y sensibilidad; quien ha tenido, también por designio divino, que incorporar a sus hijos a estos menesteres; dedicado a intermediar ese vínculo del creyente con su Dios, observando minuciosamente cada ínfimo detalle de esta fragilidad que supone la ritualidad a un Dios invisible en situaciones hostiles… se queda sin palabras, sin aliento. Asume una misión ante el pueblo y es esa misma misión la que le quita a dos de sus hijos. Se paraliza. Porque quizás no tiene a dónde escapar, ni con quién desahogarse… Ofreció su vida y sus hijos al servicio de lo sublime y un fuego los consume… y encima los culpabilizan de su muerte…

Hoy, sin Santuarios, ni sacerdotes, hemos sido testigos de la muerte de nuestros Nadav y Avihú y del silencio del mundo cómplice.

Desde el 7 de octubre que vivimos entre las voces que dicen que las víctimas se merecieron las vejaciones, las violaciones, la quema de los cuerpos vivos, los secuestros y el desguace. “Algo habrán hecho”, vuelve a resonar desde los tiempos más remotos de un antisemitismo cada vez más vivo y que cada vez me asusta más.

Desde el 7 de octubre que somos testigos del silencio de los países civilizados, de las organizaciones feministas, de los movimientos de derechos humanos ante el horror más repugnante que hayamos visto gracias a la morbosidad de quienes lo registraron y publicaron por las redes.

Desde el 7 de octubre, no tuvimos el derecho, como quizás lo tuvo Aharón de quedarnos en el silencio del duelo porque tenemos que salir a gritar, a explicar, a reclamar, a marchar, a llorar… siete meses de una agonía que no tiene precedentes en un mundo que, en lugar de solidarizarse y repudiar los actos del terrorismo, han puesto el foco en el germen más infame de un odio a nuestro pueblo judío que no tiene explicación alguna y que por tanto no tiene antídoto posible.

Joan-Carles Mèlich escribió que “La “gramática de lo inhumano” permanece en silencio ante el Holocausto. Una gramática es “inhumana” si se encuentra incapacitada para desmantelar los discursos del poder constituyente, para desenmascarar las formas totalitarias. La gramática es “inhumana” si es incapaz de sorprenderse ante el horror. Familiarizarse con el horror, convertir el horror en algo habitual, es una radical derrota humana. El silencio de las naciones durante la Shoá fue, definitivamente, una derrota humana.”

Aquí estamos, hace seis meses presenciando una nueva derrota humana porque ha vencido la gramática de lo inhumano, el fundamentalismo del odio que se justifica impunemente.

Seis meses y un tiempo que se está acabando.

En primer lugar, para los desvalidos secuestrados a la sazón de un grupo de psicóticos que juegan y someten con lascivia a quienes no pueden defenderse.

Para sus familias que ya no encuentran recursos para poder levantarse cada día, porque la esperanza se agota, porque las consecuencias serán irremontables.

Y para la humanidad que se dejó llevar por las operaciones de un discurso maníaco, que moldea la opinión pública, que naturaliza la inhumanidad como recurso posible para tramitar conflictos.

Una parte permanece en silencio mientras que los que no callan decidieron salir a gritar consignas de muerte y exterminio. Eso también es una gran derrota.

Abrazo a Aharón en su dolor, como a cada madre, padre, esposa y esposo, hijos y nietos de quienes han muerto en esta guerra infame y eterna.

Abrazo a Itamar y a Eleazar, como a todos los hermanos que quedaron vivos, impávidos por haberse salvado, tratando de entender el porqué.

Abrazo a la madre de Nadav y Avihú, que como tantas madres sin nombre viven desesperadas por una tierra que chorrea fuegos extraños que consumen la dignidad de sus vidas.

Abrazo a todos los otros hijos, hijas, madres, padres en este planeta que, sin prensa ni operaciones políticas, en tantos lugares del mundo, están siendo secuestrados, violados, torturados por los mismos fundamentalismos que imponen el terror en esta tierra.

Estamos en peligro.

Que no nos consuma la desidia, la comodidad, la cerrazón y el odio.

Nos merecemos una gramática humana que nos permita volver a creer que la paz es posible.

Rabina Silvina Chemen