Bendiciones al rayo y al trueno

El Talmud lo declara con claridad: “Los truenos sólo fueron creados para encaminar a los de corazón desviado” (Brajot 59a). Hay muy pocos fenómenos naturales tan potentes como los truenos para lograr despertarnos y recordarnos que tenemos un Dios vivo y todopoderoso. Por supuesto, siempre hay explicaciones científicas para estos eventos naturales. Pero, ¿por qué los creó Dios? Para darnos ese ocasional «llamado de atención».

Los Sabios instituyeron bendiciones que debemos recitar tanto cuando escuchamos el rugido de un trueno como cuando vemos la luz de un relámpago.

La persona que ve un rayo debe pronunciar la siguiente bendición: Baruj Ata A-donay Elohenu Melej Haolám Osé Maase Bereshit («Bendito eres Tú, Dios, Rey del universo, Quien hace las obras de la creación»). Quien escucha un trueno debe pronunciar la siguiente bendición: Baru Ata A-donay Elohenu Melej Haolám Shekohó Ugburató Malé Olám (Bendito eres Tú, Dios, Rey del universo, porque Tu fortaleza y poder llenan el mundo)». Si prestas atención, verás que la bendición por el trueno es más «fuerte» que la bendición por el relámpago, esto es porque un trueno es una manifestación mucho mayor del poder de Dios en el mundo (Mishná Brurá 227:5).

En todo caso, estas bendiciones deben pronunciarse en forma inmediata de haber oído el trueno o visto el rayo. Se entiende por inmediato que no pasó el tiempo en que puede pronunciarse el saludo al maestro, o sea “Shalom aleja rabí”, si ya transcurrió este lapso deberá esperar al próximo trueno o rayo para pronunciar la bendición en forma inmediata al mismo.

Estas bendiciones sólo se recitan una vez al día. La excepción es si el cielo se limpia por completo después de una tormenta, y luego comienza otra tormenta diferente (Shulján Aruj 227:2; Mishná Brurá 8)

El Raaba”d, una de las grandes autoridades de los primeros tiempos, escribe que estas bendiciones no se pronuncian con el nombre de D-os como regularmente se hace en las bendiciones, sólo se dice Baruj Ose Maasé Bereshit o Baruj Shekohó Ugburató Malé Olám. Sin embargo, la gran mayoría de las autoridades de los primeros tiempos sostienen que se deben pronunciar como cualquier otra bendición, pues según el Talmud (Berajot 40) las bendiciones que no incluyen el nombre de D-os no se consideran como tales. Y así lo dictamina Maran (Shuljan Aruj cap. 229).

Rabi Jayim Pontrimoli z”l autor de la obra Petaj Hadebir, escribe que escuchó de personas que no pronuncian estas bendiciones con el nombre de D-os, y en principio lo consideró como un error, ya que, como vimos si no se incluye en la bendición el nombre de D-os la misma no es válida. Sin embargo, posteriormente analizó la situación y consideró que la costumbre no está errada, pues si la bendición sobre los rayos y truenos no se pronuncia en forma inmediata a los mismos no puede pronunciarse, y así mismo existen otros detalles halájicos a tener en cuenta sobre esta bendición que justifican en general que no se pronuncie la misma con el nombre de D-os para evitar pronunciarlo en vano. De todas formas, agrega en la citada obra, que la persona experta en la halajá y conocedor de las condiciones para pronunciar esta bendición, debe pronunciarla con el nombre de D-os, es decir Barj Ata A-donay Elohenu Melej Haolam….

Sin embargo, nuestro maestro Rabí Ovadia Yosef, z”l disiente de esta opinión pues en este caso las condiciones son simples y se hallan escritas en todas las obras halájicas desde el Shulján Aruj, por lo tanto, se debe pronunciar la bendición según la establecieron nuestros sabios incluyendo el nombre de D-os en la misma como cualquier otra bendición, así como lo dictaminan la mayoría de las autoridades y el mismo Shulján Aruj.

Fuentes: Halajá diaria y Aish