PARASHAT NASÓ: Aprender a cuidar/nos

Leemos esta semana parashat Nasó. Entre tantos temas que trata como las funciones que algunas familias cumplirían respecto del Mishkan – Tabernáculo, las leyes referidas a la purificación del campamento ante la presencia de enfermedades determinadas, las normas del nazir- el nazareno, los castigos por adulterio y las ofrendas de cada tribu el día de la inauguración del Mishkán; quisiera hoy focalizar en la bendición sacerdotal – birkat cohanim, y más precisamente en su primera parte.

Veamos:

וַיְדַבֵּר יְהוָה, אֶלמֹשֶׁה לֵּאמֹרדַּבֵּר אֶלאַהֲרֹן וְאֶלבָּנָיו לֵאמֹר, כֹּה תְבָרְכוּ אֶתבְּנֵי יִשְׂרָאֵלאָמוֹר, לָהֶם.  {ס}

יְבָרֶכְךָ יְהוָה, וְיִשְׁמְרֶךָ.

יָאֵר יְהוָה פָּנָיו אֵלֶיךָ, וִיחֻנֶּךָּ.

יִשָּׂא יְהוָה פָּנָיו אֵלֶיךָ, וְיָשֵׂם לְךָ שָׁלוֹם.

וְשָׂמוּ אֶתשְׁמִי, עַלבְּנֵי יִשְׂרָאֵל; וַאֲנִי, אֲבָרְכֵם.

 

Y habló Adonai a Moshé diciendo: Habla a Aharón y a sus hijos y diles: Así bendeciréis a los hijos de Israel, diciéndoles 

Adonai te bendiga y te guarde. 

Haga Adonai resplandecer su rostro sobre ti, y te dé gracia. 

Alce Adonai su rostro hacia ti y ponga en ti paz.

Así ellos pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y Yo les bendeciré.” 

Bemidbar- Números 6:22-17

Aharón y sus hijos, y luego su descendencia debían instituir un ritual de bendición sobre el pueblo de Israel. Muchas son las discusiones acerca del error de creer que el rango de cohen-sacerdote, los ponía en una jerarquía superior, algo así como una conexión más directa con Dios, por lo cual ellos tenían la facultad de bendecir. Sin embargo, muchos concluyen que los cohanim serían los que invocarían a través de su plegaria la bendición del cielo sobre el pueblo de Israel.

Y acá me quisiera detener. Porque hablamos a veces livianamente sobre lo que significa “bendición”, sobre el derecho a pedir o a creer merecer la bendición, cuando en realidad no me queda tan claro a qué nos estamos refiriendo. ¿Qué es lo que esperamos cuando pedimos bendición? ¿Acaso en este tiempo en lo que todo debe ser demostrado, objetivado y “matematizado” quedará alguno que crea que la bendición opera como un milagro? ¿Por qué hay tantos midrashim que se enojan con los cohanim, reclamándoles que ellos no tienen más autoridad que cualquiera como para “bendecir” al pueblo? Y si no son los cohanim, ¿cómo creemos que Dios debería hacer para que se manifieste la bendición que esperamos sobre nosotros?

No quisiera mostrarme con una posición escéptica, de falta de fe, o poca esperanzadora. Todo lo contrario, quiero entrar en lo más profundo del texto, para encontrarnos en lo más profundo de nosotros mismos, y para ello no puedo contentarme con respuestas prefabricadas, tengo que darme permiso para preguntar y buscar.

Quizás debamos sincerarnos. Cuando pensamos en bendición, cuando pedimos bendición, estamos esperando una situación confortable, una posición económica tranquila, salud, un buen matrimonio… ¿no? Entonces nuevamente me pregunto: ¿Es función del cielo otorgarnos lo que nosotros podemos forjar para nosotros mismos? ¿Dependerá de un milagro el respeto por nuestras parejas, la armonía en la relación con nuestros hijos, el esfuerzo por mejorar en nuestro trabajo?

Y es aquí donde creo que este versículo de la parashá nos ayuda:

יְבָרֶכְךָ יְהוָה, וְיִשְׁמְרֶךָ.

Adonai te bendiga y te guarde.

Bien podríamos preguntarnos si no es una redundancia. Si Dios nos bendice es porque nos cuida, nos guarda…

Rashi (s.XI, Francia) nos explica sobre «te bendiga»: Que se bendigan tus propiedades. Y sobre «Y te guarde”: Que no caigan sobre ti asaltantes a quitar tu dinero…

Y el Rav Naftali Zvi Yehuda Berlin, (fin s,XIX, Polonia) en su comentario a la Torá Haamek Davar explica sobre «te bendiga»: Se incluye aquí a toda persona que será bendecida de acuerdo a lo que le es apropiado. Al estudioso de la Torá – en su estudio, al que se dedica a los negocios – en sus negocios, a cada uno un acrecentamiento de lo que posee. Y sobre «Y te guarde»: Ya que la bendición necesita de la vigilancia, para que no se vuelva contraproducente, líbrenos Dios. El estudioso necesita cuidado del orgullo, y de la profanación del Sacro Nombre, etc., y en el concepto llano, del olvido. El propietario debe estar cuidado, no sea que las riquezas se vuelvan contra él, como el caso de Koraj y el de Navot, y en el concepto llano de pérdidas y robo.

Esto último me parece muy interesante. La bendición no se completa con la obtención de lo deseado, sino con la capacidad de cuidarlo. La bendición no es llegar a la meta sino trabajar para sostenerla. Y así como hace el cielo, así se pretende de nosotros, aquí en la tierra. Que vivamos la bendición como una responsabilidad, que, una vez conseguida, queda en nuestras manos. Es más, me atrevería a decir que así como respecto de la Teshuvá, la Mishna cita que aquél que dice “Transgrediré y me arrepentiré, transgrediré y me arrepentiré” no será perdonado, acá también, aquél que le pide a Dios bendición y luego no lo protege, perdió el derecho de seguir pidiendo.

Dios nos bendice y nos cuida, de acuerdo a nuestra Torá, para que aprendamos nosotros a guardar las bendiciones que tenemos.

Miremos a nuestros hijos – son bendición.

Miremos a nuestros viejos – son bendición.

Miremos nuestras dedicaciones laborales – son bendición.

Miremos a nuestros amigos – son bendición.

Miremos nuestra salud – es bendición.

Miremos nuestro planeta – es bendición.

La pregunta que nos está haciendo hoy la Torá es: ¿Cuánto cuidas de todas las bendiciones que ya recibiste del cielo?

Hoy más que nunca, la pandemia nos pone ante esta pregunta:

¿Cuánto nos cuidamos? ¿Cómo nos cuidamos? ¿Qué significa cuidar de lo que tenemos? ¿Cuántos aspectos de nuestra vida se nos manifestaron como descuidados en este tiempo? ¿Cuántas dimensiones hemos descuidado como humanidad para haber llegado hasta esta situación?

Cuando los cohanim impartían su bendición al pueblo de Israel, levantaban sus manos, y en ese gesto ponían a todo el pueblo, sin distinción debajo de sus alas. Sin distinción la posibilidad cae del cielo, pero luego depende de nosotros, como decidimos o no respetar y hacer respetar que el bienestar le corresponda a todos.

Recibimos el bien y debemos cuidarnos. Y al mismo tiempo debemos cuidar de que no nos llegue sólo a nosotros; debemos ampliar la mirada, abrir los brazos- hoy que todos somos como dice la Torá, un reinado de sacerdotes, para que lo bueno, lo necesario le llegue a los que no pueden hacerlo por sí mismos.

Más pasan los días de nuestro aislamiento y cada vez se me hace más presente aquel cuento que escuchábamos de niños que hizo famoso al escritor danés Hans Christian Andersen: “El traje nuevo del emperador”.

Muchos creímos estar vestidos con los mejores trajes, quizás sin importarnos los harapos de otros.

Y este virus, que lamentablemente nos unió a todos en el horror, nos hizo ver cuán desnudos estábamos.

Desnudos de atención y de cuidado. De responsabilidad y compromiso por nosotros y por los demás. Quedaron desenmascaradas las mentiras, las hipocresías y los cinismos.

El cuento relata:

Llegado el día de la fiesta, el rey se vistió con el supuesto vestido y montado en su caballo salió en procesión por las calles de la villa, la gente también conocedora de la rara cualidad que tenía el vestido callaba y veía pasar a su rey, hasta que un pobre niño de corta edad, inocente donde los haya, dijo en voz alta y clara «el rey va desnudo».

Deberemos volver a cubrirnos con ropajes de honestidad y sensatez.

Celebrar la bendición que nos llega, cuidarla mucho y hacer de ella nuestra guía para cubrir a quienes más lo necesitan.

Shabat Shalom,

Rabina Silvina Chemen.