Toldot (Génesis 25:19-28:9)
Grandes Personas, Grandes Errores

Es interesante notar que cada uno de los grandes líderes del pueblo judío cometió algún error. Y no estamos hablando de pequeños errores, sino que cometieron grandes errores. En la parashá de esta semana por ejemplo, vemos que Itzjak creyó que Esav, un asesino, adúltero y ladrón, debía ser quien liderase el incipiente pueblo judío en lugar de Yaakov, su hijo más recto.
A mi suegro le gusta recordarles constantemente a sus hijos que "sólo Dios es perfecto". Cometer errores es parte del ser humano; las personas pequeñas cometen errores pequeños, mientras que los errores de las grandes personas son igualmente grandes.
La razón es obvia. Una persona puede encerrarse en su pequeña torre de marfil. Y al evitar los desafíos inherentes, también evitará los riesgos asociados a ellos. No cometerá muchos errores, pero tampoco logrará muchas cosas. La mediocridad se encuentra fácilmente disponible para todos nosotros.
Las grandes personas, sin embargo, se arriesgan. Toman riesgos personales con tal de marcar la diferencia. No temen desafiar las circunstancias ni participar activamente en el mundo. Pero mientras más grande es la apuesta, más significativos son los errores. Uno de los signos de una gran persona es que sus errores son grandes también. Pero sus logros son igualmente impresionantes.
El camino de tomar menos riesgos dará lugar a menos faltas, pero también reducirá la oportunidad de dejar impresiones duraderas en el mundo. Puede que Abraham, Itzjak y Iaacov hayan cometido grandes errores, pero sus logros cambiaron el mundo para siempre.
(Escrito por Rab Shaul Rosenblatt)

 

Dos hermanos ultra ortodoxos estrellas de un concurso musical


Dos hermanos ultra ortodoxos judíos -ataviados con sus características levitas negras, kipá y patillas tirabuzones- van camino de convertirse en grandes estrellas en el país, donde figuran primeros en un popular programa televisivo de talentos musicales.

Arie y Guil Gat, de 48 y 37 años, vecinos de Jerusalén, parecen estar rompiendo todos los estereotipos sobre la comunidad, la ultra ortodoxa judía o "haredí", que la mayor parte del público identifica con el estudio exclusivo de la Torá, conservadoras normas sociales y rechazo a todo lo que supone modernidad.

El programa televisivo "Estrella ascendente" ha sido la plataforma elegida por los dos hermanos para dar el salto.

Ambos, guitarra en mano, se han hecho con una audiencia mayormente integrada por seculares, cuyos votos les han situado en el primer puesto gracias a una interpretación brillante de "Hotel California" de los Eagles, después de que la semana pasada se atrevieran con "The Sound of Silence" de Simon y Garfunkel, que dejó boquiabiertos tanto al público como al jurado.

El formato del programa incluye una votación en tiempo real por parte de los espectadores, que pueden bajarse una aplicación a un teléfono inteligente, a la que se suma el veredicto del jurado compuesto por artistas locales.
Cuando los concursantes superan la barrera del 70 por ciento del voto entonces se levanta una especie de telón y se clasifican para la siguiente ronda del programa.

En sus dos actuaciones cosecharon un gran entusiasmo por parte de centenares de personas que vieron su actuación en vivo en el plató.

La comunidad ultra ortodoxa representa el 10 por ciento de la población de 8 millones del país y se rige por estrictas normas que han conservado durante siglos.

Muchos de los miembros son hostiles a los avances tecnológicos y cualquier forma de entretenimiento que alejen al individuo del estudio de los textos sagrados para los hombres o el cuidado de la familia para las mujeres.

Sin embargo, los hermanos Gat, que cantan con un refinado acento norteamericano, no han tenido problemas desde el punto de vista de la ley judía para interpretar ante un público fuera de su comunidad y donde, por ejemplo, están presentes las mujeres.

Sólo los más allegados en su entorno saben de su participación en el programa, que tratan que en todo momento que cumpla con las leyes religiosas judías.

No obstante, gran parte del público ultra ortodoxo no podrá votarles, porque no suelen disponer de televisión o no cuentan con teléfonos inteligentes para apoyarles, debido a las prohibiciones en ese sentido hechas por los rabinos. EFE

Cientos de caricaturas muestran el antisemitismo en Polonia entre 1919 y 1939

 

Una exposición en Varsovia con trescientas caricaturas publicadas en la prensa polaca entre 1919 y 1939 muestra el creciente antisemitismo que vivía el país en el periodo de entreguerras, cuando el número de ciudadanos judíos llegó a suponer alrededor del 10 % de la población total.

La muestra, organizada por el Instituto Histórico Judío de Varsovia, gira en torno a la imagen deformada del judío que se popularizó en Polonia en el periodo de entreguerras, con grabados y dibujos que los representan como seres avaros, malignos y traicioneros.

Las caricaturas proyectan rasgos estereotipos del judío tal como pretendían verlo los antisemitas de Europa: nariz grande y aguileña, orejas de soplillo, barba y ropas negras.

El antisemitismo fue haciéndose cada vez más frecuente en la Polonia de los años veinte y especialmente de los treinta, cuando parte de la población polaca gentil llegaba a señalar a los judíos como encarnaciones del mismo demonio.

En los años previos a la II Guerra Mundial el judío, que ya supone en Polonia alrededor del 10 % de la población con más de tres millones de ciudadanos, se convierte en diana de críticas y acusaciones: se le tacha de bolchevique, de comunista o de capitalista explotador, y se le culpa de desangrar al país y de ser un mal patriota, como muestran los dibujos.

La situación se radicalizó y nada tenía que ver con las décadas previas, cuando los matrimonios mixtos entre polacos judíos y católicos no era algo extraño.

Fue sobre todo tras la muerte en 1935 del mariscal Pilsudski, jefe del Estado y padre de la independencia polaca en 1919, cuando el antisemitismo se dispara en un país donde comienza a decirse a modo de coplilla popular que "la calle es de los polacos y las casas de los judíos", representación de la imagen de potentados que tenían.

Tras la muerte de Pilsudski el antisemitismo fue promovido constantemente por su principal adversario, Roman Dmowski, político nacionalista y cofundador del partido Democracia Nacional.
En aquellos años previos a la invasión nazi (1939) miles de judíos habían emigrado a Polonia desde la Unión Soviética y, sobre todo, Alemania, lo que incrementó el rechazo de parte de la población católica hacia el "yidish", que en ciudades como Varsovia representaba un tercio de la población total.

Las autoridades introdujeron restricciones al número de alumnos judíos en muchas universidades de Polonia a partir de 1935, y las figuras públicas con antecedentes judíos, incluyendo artistas y escritores, fueron estigmatizados por la prensa más radical.

En agosto de 1936 se introdujo una ley que obligaba a los propietarios de negocios a poner sus apellidos en los carteles de sus comercios, una medida que condujo a un aumento de los ataques contra las propiedades judías.

Con la invasión nazi los judíos polacos se enfrentaron al drama del Holocausto y se estima que unos tres millones fueron asesinados en la llamada solución final.

Algunos autores, como el historiador Jan T. Gross, han analizado la actitud de los polacos gentiles ante la masacre de sus vecinos judíos, un pasaje oscuro de la historia de Polonia del que todavía hoy se evita hablar.

Según este autor, en la Polonia ocupada se dieron masivos casos de gentiles que colaboraron en el asesinato de compatriotas judíos, o que simplemente se apropiaron de sus bienes tras su muerte.

Tras la II Guerra Mundial y la llegada del comunismo se vivieron años de relativa paz para el pueblo judío, hasta que a finales de los años 60 el creciente descontento popular llevó al Gobierno comunista a recurrir al antisemitismo para desviar la atención.

Una campaña estatal antisionista se desató en la prensa polaca, lo que desembocó en la expulsión de los judíos del Partido Polaco de los Trabajadores (el partido único) y en la salida del país 25 mil de ellos, que se vieron forzados a emigrar entre 1968 y 1970.

Actualmente se estima que en Polonia residen unos 12 mil judíos, una cifra muy alejada de los 3,4 millones que habitaban el país centroeuropeo en los años 30. EFE y Aurora

 

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