Shminí (Levítico 9-11)

Vida con Autocontrol

La comida juega un rol primordial en la vida judía. Imagina un casamiento o unbar mitzvá sin comida; sería como un pub sin alcohol. ¿Acaso alguien haría semejante cosa? Para una cultura que está tan enfocada en la comida, tiene sentido que existan reglas para controlar nuestros hábitos alimenticios. Sin duda la razón fundamental de la ley de comer casher es la salud espiritual. Somos lo que comemos, y ¿a quién le gustaría ser un cerdo?

Sin embargo existe otra importante razón de por qué debemos comer casher: el autocontrol.

Una vez asistí a un curso de una semana de duración acerca de la comida macrobiótica. Ésta sugiere una dieta muy sana y altamente restrictiva. Entre las diez parejas que participaron, mi esposa y yo éramos los únicos judíos. Descubrimos que era mucho más fácil para nosotros adaptarnos a esta nueva dieta gracias a las leyes de la comida casher. Ya estábamos acostumbrados a limitar las opciones de comida y esta dieta macrobiótica era tan sólo una extensión de ello. Para el resto de los participantes, quienes no tenían experiencia alguna en controles a largo plazo sobre sus hábitos de comida, fue mucho más difícil adaptarse.

Según la filosofía judía gran parte de la vida consiste en el autocontrol. Cuanto más control tenemos sobre nosotros mismos, más encaminados estaremos hacia alcanzar logros sustanciales. Y por el contrario, si permitimos que nuestros deseos y pasiones dicten nuestro accionar, nuestros logros serán mucho menores. El comer es un gran área de deseo, y requiere un serio control. Porque dado que todo ser vivo, incluyendo a los humanos, necesita alimentos para sobrevivir, estos pueden volver locos a nuestros deseos. Toda mujer sabe que mantener a su marido bien alimentado hará su vida mucho más fácil. El comer es un área que requiere mucho autocontrol para asegurarnos que no nos dejaremos llevar por nuestro instinto.

Por eso la Torá nos brinda leyes que nos ayudan a crear límites y a obtener autocontrol. Pero cierta parte aún depende de nosotros. La comida más sana no sabe tan bien, mientras que la comida chatarra se ve más atractiva; nosotros también debemos poner nuestros propios límites.

Sin embargo, la verdad es que la comida es uno de los desafíos más simples de la vida. Si no logramos superar nuestros deseos en esta área, entonces estaremos ante un gran desafío en áreas más significativas. Cuidar las leyes de cashrut nos ayuda a auto controlarnos no sólo en los aspectos espirituales de la comida, sino también en aspectos más prácticos y relacionados con la salud, lo cual luego se extenderá hacia las demás áreas de la vida.

(Escrito por Rab Shaul Rosenblatt)

 

Primer festival de comida vegetariana y vegana 

Por primera vez en Israel, tiene lugar el festival llamado "Festi-Vegan” dedicado a la comida vegetariana. Se llevará a cabo en más de 40 restaurantes que ofrecen un menú completo de comida vegetariana y vegana (aperitivo, plato principal y postre) a un precio que oscilará entre 60 y 90 shékels por persona. El festival se realizará en todo el país hasta el 20 de marzo.
La necesidad de este Festival único surge porque muchos israelíes son vegetarianos. Hay una asociación Vegan Friendly, que se dedica a actividades amistosas y "de protección" que tienen como objetivo hacer que la vida vegetariana en Israel sea más accesible. 
La revolución en el tema de la salud que surgió en Israel en los últimos años ha llevado a aumentar la demanda de menús creativos y saludables no sólo para los naturalistas sino que también para todos. 
Debido a la gran demanda de alimentos saludables, que no son baratos en general, se decidió bajar los costos de la comida a través con este Festival de salud.
El fundador de la sociedad Vegan Friendly, Omri Paz dice que el estilo de vida vegetariano es saludable y “amigable”. Intentamos promover el “veganismo” en Israel que sea accesible a todos y ahora por primera vez también apoyamos este festival de comida vegana.
El Festival está organizado por el mismo equipo del Chef Tochal, en conjunto con el sitio 2eat, y se une a esos festivales de comida que en sus 15 ediciones han tenido tanto éxito. El responsable también esta vez es Tal Nachmias, que explica la idea detrás de la iniciativa surgió por comprender la necesidad de la gente de comer sanamente. En Israel hay cientos de restaurantes vegetarianos y miles de comensales. Entre los restaurantes que participan están: Tavola, Nanuchka, Vicky Cristina, Mexicana, Baba Yaga, Café Ruiz y muchos más.
El restaurante Tavola fue la sede de la cena de apertura del festival. Es un local muy conocido fundado en 1995, con un menú que ofrece exquisitos sabores y platos mediterráneos. Está situado en el corazón de Herzlía Pituaj y su interior dividido en cómodas secciones con mesas cubiertas de manteles, todo muy colorido.

“Sin Punto y Aparte” llega a Casa Sefarad de Madrid 

El 24 de marzo, coincidiendo con el día de la toma del poder por los militares en la Argentina, ocurrido en 1976, tendrá lugar la exhibición del filme del periodista Shlomo Slutzky "Sin Punto y Aparte”,co-producción documental argentina-israelí (60'), en el Centro Sefarad de Madrid. 
El director del filme, afirmó que la exhibición está dedicada “para quienes el 24 de marzo de 1976 es una fecha que los marcó, expulsándolos de la Argentina en que nacieron para encontrar refugio en la "Madre Patria", España. 
Añade: “Para los españoles que acompañaron desde lejos y con dolor la masacre en Argentina, donde también muchos descendientes de españoles fueron muertos o "desaparecidos". Para quienes en España presenciaron olas de inmigración forzada de Argentina buscando integrarse en medio de sus propias tragedias personales.
Para aquellos que saben mirar al pasado con la experiencia del presente pero sin resignar de los ideales de su juventud”. Después de la proyección habrá un intercambio de ideas entre el público presente y el realizador Slutzky.■

 

Seguir viviendo en Auswichtz 

Eugenia Unger no sólo sobrevivió el Holocausto y decidió compartirlo con el mundo, si no que dedicó su vida a ayudar para que nadie tenga que pasar por lo mismo que ella jamás.

Jóvenes desangrándose fuera de sus barracas, niños rotos en pedazos, humo pestilente emergiendo de las chimeneas de los crematorios, hacinamiento, infantes desnutridos rogando por un pedazo de pan para comer; todas estas imágenes y más fueron contempladas por los aceitunados ojos de Eugenia Unger -sobreviviente de la Shoá -. 
Genia Rotsztein - nombre que cambió al casarse- nació en Polonia en el seno de una hermosa familia de clase acomodada. A diferencia de la mayoría de los judíos polacos, no practicaban la religión ni sabían ídish. Eran “progresistas”. Sin embargo, el exterminio nazi arrasó también con ellos, dejando a Eugenia sola, desnutrida y sin alguien a quien acudir por ayuda. “Todavía lloro a las 60 personas de mi familia que mataron. Me quedé sola. Ni una foto o carta de ellos tengo. Nada”, recuerda. 
Todavía sus preciosos ojos se llenan de lágrimas y su voz se resquebraja cuando relata su paso por los campos de exterminio. Es que a Eugenia parece atormentarle el no comprender el por qué del padecimiento de su pueblo: “Era un pueblo con una cultura, con mejores artistas ¿Podés imaginar 6 millones de gente judía? ¿Cuántas canchas de fútbol son? Me sale de adentro tanto dolor al hablar de esto”, explica con una mano en el pecho. 
“No creí mucho que existe Dios después de estar 2 años en Auschwitz y estar en marcha de la muerte, y en el gueto de Varsovia”, confiesa Eugenia con su acento polaco tan enraizado que aún no le permite una conjugación clara del castellano. “Yo hubiera dejado mi religión, pero tuve mucha persecución, tengo muy arraigado el judaísmo, adentro. No soy practicante pero creo en Dios, ahora”, aclara para luego agregar que “es más fácil vivir cuando se piensa que existe algo más fuerte, que el sufrimiento es en nombre de Dios”. 
La vocal del Museo del Holocausto argentino, que ha viajado alrededor de todo el globo, siente que tiene un mensaje que transmitir, y eso la lleva a seguir -a sus 87 años- dando conferencias alrededor de todo el mundo. “Ya me falta poquito, pero traté de hacer lo mejor posible. Porque poco a poco se mueren los sobrevivientes ¿y qué pasa? No hay nadie”, manifiesta y luego –tras darle un pequeño golpe a la mesa- exclama: “Quiero darle un mensaje a la gente joven ¡Que no se dejen pisotear! Cada uno tiene su derecho a vivir ¿Qué querés que te diga? Me hace feliz ayudar a la gente”. 
Luego de un breve llamado que le realiza su nieto Adrián, “Genia” vuelve a la mesa con una sonrisa que trata de escapar entre sus labios pintados de colorado. “Mis nietos son mi cable a tierra ¡y ni hablar de mis bisnietos!”, comenta mientras selecciona una tacita de su aparador en la que aparecen las caras de los niños. Para ésta bobe, como para cualquiera, la familia es la cosa más importante de la vida, sobre todo cuando la misma es tan “chiquita”. “Mi hijo está en Estados Unidos y hace 5 años que no lo vi. Mis nietos de allá no me llaman, no me escriben, es que la distancia es un olvido”, lamenta. “Pero Dios me dio un poco de alegría con mis nietos y mis tres bisnietos, cuando vienen a mi casa tengo miedo que rompan todo pero me hacen feliz”, cuenta -entre risas- Eugenia, cuya fisonomía cambia totalmente al hablar de su familia. 
Por último, después de dialogar sobre su cuarto libro (“Eugenia Coraje: Una historia de vida, memoria y militancia”), Unger vuelve a angustiarse: “Siempre se me regresa un recuerdo y si pienso quizás empiezo a escribir el quinto. Es un dolor tan grande el que tengo por lo que le hicieron a nuestro pueblo ¡no tienen perdón de Dios! Ahora Alemania es una potencia”, observa apenada. Sobre el plan de Marcha por la Vida, que lleva a los jóvenes a conocer los campos polacos, tampoco tiene una buena opinión ya que era un pueblo muy antisemita y ahora “se llena los bolsillos” con los judíos; sin embargo acepta que así los escépticos que niegan el holocausto podrán comprobarlo con sus propios ojos: “No solo fue Auswichtz; también Buchenwald, Theresienstandt, Sachsenhausen, todos funcionaban. Dublin, Majdanek, todos tenían hornos”, esclarece. 
Tras una hora de emocionante charla, Eugenia Unger, ya no puede continuar recordando: “Muy bien, nena. Ya no puedo hablar más. No estoy en condiciones”, resuelve secando sus lágrimas y acomodándose en la silla. “Todo lo que veo es hermoso. Y doy gracias a Dios cientos de veces que estuve cientos de veces para quemarme en el horno y a último momento me sacaron para trabajo. Es algo mágico que yo de Auswichtz haya podido salir con éste tremendo paquete que tengo”, concluye mirando a su alrededor, como si realmente en ese momento estuviera agradeciendo, nuevamente, por haber sobrevivido.

(Escrito por Camila Barreiro. La autora es egresada en Producción en Medios de la Comunicación de la ORT y estudió periodismo en TEA. Su dirección en Twitter es @CamiBarreiro2)

 

Grupo Joven en la Kehilá

La havdalá comunitaria de la noche de ayer puso fin a una semana repleta de trabajo y actividad para la Kehilá Beit Emunáh del Principado de Asturias.

La fiesta de Purim, como era de esperar, ocupó un lugar central en nuestras agendas, pues había mucho –y variado— por hacer. Esta semana, Los Del Ático teníamos una doble misión: por un lado, preparar la Casina de cara a la celebración; por otro, organizar nuestro primer Oneg temático para Shabat. El tema elegido, dadas las fechas, fue el propio Purim. El tiempo apremiaba, pero como nuestro entusiasmo predominaba por encima de todo, nos pusimos manos a la obra con alegría. Elaboramos programas, decoramos techos y mesas del local, y acordamos repartir entre nosotros el trabajo restante.

El viernes, antes de la reunión Comunitaria para celebrar la entrada del Shabat, algunos miembros volvieron a la Casina para terminar los preparativos y asegurarse de que todo estuviese en orden. Los nervios no eran pocos. En primer lugar, recibimos a nuestros amigos de la Comunidad con collares tipo guirnalda, y cada cual fue asignado una máscara para portar durante la noche. Antes de comenzar la lectura de la Parashá semanal, se me asignó leer el Salmo 107; y tras la lectura de Tzav, las chicas dimos comienzo al Shabat realizando el "encendido de velas y la brajá a tres voces". También nos tocaba a nosotros encargarnos del Kidush, el cual fue recitado por Benjamín. Al final, todo salió bien y fue una velada comunitaria de lo más agradable.

La tarde del sábado, día en el que celebramos Purim en la Kehilá, "Los Del Ático" nos reunimos un par de horas antes del comienzo de la fiesta para despachar los últimos preparativos. La noche en cuestión fue un auténtico despliegue de disfraces pintorescos y de lo más trabajados.

Mariquitas, pollitos, arlequines, una pareja cíngara, personajes que parecían sacados de un casino en plena época de la Ley Seca, y un par de asiáticos con trajes tradicionales compartimos una noche de lectura, risas, canciones, deliciosos manjares y algún que otro bailoteo improvisado. Incluso la mismísima reina Esther –cuyas azañas conmemoramos en estas importantes fechas— quiso estar presente para el evento.

Esperamos, Beesrat HaShem, poder repetir el año que viene. Gracias a todos los que participaron y/o ayudaron de alguna forma, contribuyendo, cada cual a su manera, a hacer de la velada algo tan especial y memorable. Por vosotros, ¡le´jaim!■ Ver galería de fotos

(Escrito por Catalina Ruth)

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-Para Pensar-