¿Porqué los rabinos añadieron títulos a los personajes de la Torá?

Existen incontables páginas que interpretan los nombres que aparecen en la Biblia y sin embargo hay poco material que nos ayude a entender los epítetos que la literatura rabínica adjudica a muchos nombres de la Biblia. Recordemos que un epíteto es simplemente un adjetivo que resalta las características de un sustantivo (el frío en la nieve, la humedad en el agua, etc.) y su uso es frecuente en ciertos nombres de la historia como Alejandro Magno, Luis el Piadoso o Alfonso el Sabio.
La naturaleza del estudio y el aprendizaje en el judaísmo no es simplemente la absorción de información sino desarrollar la capacidad para hacer buenas preguntas, aquellas que no pueden ser respondida con un monosílabo (“si” o “no”). Así cuando uno comienza estudiar, una de las primeras cosas que descubre es que los rabinos nos hablan de Abraham avinu (nuestro padre), Esav ha’rashá (el malvado), Iosef ha’tzadik (el justo) y Moshe Rabeinu (nuestro rabino). Estos adjetivos que no figuran escritos en la Torá se han impregnado tanto en la tradición judía que no es para nada extraño escuchar comentarios como “esto lo aprendemos de Moshe Rabeinu”.
Moshé Rabeinu
Pero si uno se pregunta cuándo y por qué aparecieron por primera vez estos adjetivos o incluso quién ordenó a Moisés como rabino (ya que los rabinos no existían aún en la historia) la respuesta no es tan simple y de hecho generalmente levanta miradas de sospecha. Más allá de las buenas intenciones que uno como estudiante puede tener al explorar estos temas, hacernos estas preguntas nos ayuda a entender mejor por qué los rabinos agregaron esos títulos develando cómo leían ellos la Tora acercándonos así a su propio contexto histórico y lo que les interesaba que se asumiera como interpretación válida.
Comencemos analizando un poco la historia de estos nombres para luego entender los adjetivos que recibieron por los Rabinos.
Abraham
El papel de Abraham como el padre de todas las naciones se enfatiza repetidamente por Dios, sobre todo en Génesis 17, donde Dios elabora de forma inequívoca este papel único declarando:
«Tú serás el padre de una multitud de naciones . Y tú ya no te llamarás Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te hago padre de muchedumbre de gentes (av hamon goyim). Yo te haré muy fértil y haré naciones de ti y reyes saldrán de ti. Mantendré mi pacto entre Mí y tú y tu descendencia por venir, como pacto perpetuo a través de las generaciones» (Génesis 17:4-7) .
El nuevo nombre de Abraham está claramente conectado etimológicamente por Dios a su papel como padre de muchas naciones. Sin embargo en los primeros estratos de textos rabínicos el nombre de Abraham se modifica un poco más a través de la adición de avinu, literalmente «nuestro padre». Mientras que el cambio de nombre de Abraham en Génesis 15 está conectado a su engendrar de muchas naciones, la modificación del nombre de Abraham en la literatura rabínica está conectado a la idea de que en realidad es el padre sólo de los judíos: se convierte en Abraham avinu, es decir Abraham, nuestro padre en donde “nuestro” está refiriéndose a nosotros los judíos.
Esav (Esaú)
El hermano gemelo de Iaacov (Jacob) es llamado a menudo en la literatura rabínica Esav ha’rashá, Esav el malvado. Pero cuando uno lee la Torá nota que Esav fue consistentemente respetuoso con su padre Isaac. Sólo después de que Esav vende su primogenitura a Iaacov, y Iaacov se lleva la bendición de Isaac (que había sido originalmente destinada a Esav), se despierta el odio asesino y malvado de Esav en contra de Iaacov.
Iosef (José)
Los rabinos se refieren a Iosef como Iosef ha’tzadik, José el Justo. Esto parece bastante inocente excepto que los otros patriarcas (aparentemente rectos) nunca merecieron este apodo según la lectura de los rabinos. ¿Acaso Isaac no fue un hombre justo? ¿Qué hay de Abraham, quien cuestiona a Dios en su decisión de destruir Sodoma y Gomorra? ¿No era el también un hombre justo?
Moisés
Moisés es llamado “nuestro rabino” en la literatura rabínica cientos de veces y sin embargo este término no se utiliza nunca para él en toda la Biblia. La palabra rav refiriéndose a un maestro religioso es una palabra post-bíblica. De hecho el uso más antiguo escrito hasta la fecha en la que rav se utiliza como “maestro religioso” se puede encontrar en el Nuevo Testamento en referencia a Jesús.
Así que volvamos ahora a cada nombre y consideremos por qué se modificó o se le agregó un epíteto.
Abraham avinu
Abraham es renombrado Abraham avinu por los rabinos al mismo tiempo que el cristianismo se estaba convirtiendo en una comunidad religiosa en conflicto con la tradición rabínica. Aunque el cristianismo no se convirtió en una religión oficial hasta aproximadamente el siglo III, la mayoría de los miembros de las primeras comunidades eran gentiles-cristianos y judíos-cristianos que se oponían a un estilo de vida halájico, el cual coloca la autoridad rabínica en la parte superior de la orden religiosa y social, tomando decisiones sobre el comportamiento grupal.
Este último punto de vista avanzó con más fuerza por un judío-cristiano (un ex-fariseo) conocido como Pablo quien al final del primer siglo declaró que la halajá era obsoleta, ya que la ley judía había funcionado para mantener a los judíos en fila y obedientes a Dios hasta que Jesús vino a la tierra, ofreciendo una nueva alianza divina (Romanos 02:17-3:31). Al hacer estas afirmaciones, Pablo señaló a Abraham como el más prominente hombre de fe, una persona que no se caracterizaba, según Pablo, por su observancia halájica, sino por su inquebrantable fe en Dios (Romanos 4:1-25). Los rabinos respondieron a esta cooptación de Abraham al darle un nombre que en esencia declaraba: Abraham nos pertenece a nosotros y no a ustedes. Él es nuestro padre. Y por eso él no era solamente un hombre de fe, sino un hombre que actuaba en nombre de esa fe, es decir un hombre de la ley.
Esav ha’rashá
El Génesis (libro de Bereshit) describe a Esav de una manera simpática. De hecho cualquiera que lea el texto bíblico, sin filtrarlo a través de la lectura rabínica, podría llegar a la conclusión de que Esav estaba verdaderamente en su derecho tanto a la bendición de Isaac como la primogenitura. Pero como Esav representaba a Roma y el cristianismo a los ojos de los rabinos (mientras que Iaacov era el padre de Israel y los judíos), no contemplar estos ideales al leer el texto bíblico hubiera sido desastroso. Por lo tanto, los rabinos aclararon que Iaacov era el heredero verdadero y legítimo a las promesas de Dios afirmando que Esav era en realidad un malvado. Es por esto que se lo llama Esav ha’rashá en la literatura rabínica y no es casualidad que una vez que este adjetivo quedo instalado Esav sería considerado lo peor de lo peor.
Iosef ha’tzadik
Iosef (o José) es referido siempre por los rabinos como Iosef ha,tzadik aún cuando los textos bíblicos indican que se asimila a la cultura que lo rodea incluso casándose con la hija de un sacerdote del dios-sol (Génesis 41:45). Por supuesto que este casamiento no podría pasar por alto la lectura atenta de los rabinos, quienes identificaron a Asnat, la esposa de Iosef, como la hija de Dina (hija de Iaacov) luego que había sido violada por Schjem (así las cosas quedaron en familia…de alguna manera). Pero este es precisamente el punto central de todo esto: una lectura directa de Génesis 37-50 indicaría que Iosef, a pesar de que en última instancia perdonó a sus hermanos y se reunió con su padre, de alguna manera “se salió un poco del camino” como algunos suelen decir.
Además de casarse con una mujer egipcia, trabajó en los estratos más altos de la vida real egipcia y permaneció allí hasta su muerte, en la que fue momificado recibiendo un funeral al estilo egipcio. Los rabinos queriendo restarle importancia a esta imagen de Iosef, se centran en cambio en su piedad religiosa, enseñándonos que no debemos pensar que Iosef se asimiló sino que Iosef sintió lo mismo que sentimos nosotros cuando nos encontramos como minoría judía en una comunidad más grande: somos extraños en una tierra extraña y al igual que Iosef cada uno de nosotros también puede ser un tzadik, aunque vivamos saturados por los ideales de una cultura que nos es muchas veces ajena o diferente a la que heredamos. Tal vez tampoco sea una casualidad que Iosef recibió por eso uno de los únicos cuatros shalshelet (símbolo de cantilación bíblico) que hay en toda la Torá en el preciso momento en que se niega a satisfacer los deseos carnales de su ama.
Moshe Rabeinu
La consonancia, y fundamentalmente la disonancia, entre la Ley Oral que predicaban los rabinos y la Ley Escrita que recibió Moisés tal como aparece en la Tora, es palpable. Es esta disonancia la que sirvió como un elemento clave en los movimientos anti-fariseos y anti-rabínicos a lo largo de la historia. Los rabinos también eran conscientes de esta disonancia y lo expresaron en varios Midrashim. Pero al decidir llamar a Moisés «Moshe Rabeinu» los rabinos ordenaron a Moisés como el líder religioso más importante y, al mismo tiempo, subyugaron su posición única como el primer y más grande líder del pueblo judío preocupado por la agenda rabínica. Al considerar a Moisés un rabino, los rabinos mismos estaban autentificándose a sí mismos como descendientes directos del líder más prominente en la historia de Israel.
Puede haber una razón adicional para este epíteto. A pesar de la enorme posición de respeto que Moisés tiene en la Torá, la realidad es que es una de las figuras más asediadas en todo el Tanaj. Durante su mandato como líder de los israelitas fue mal tratado gran parte del tiempo por ellos, quienes a menudo socavaban su autoridad, o lo ignoraban por completo. El tratamiento de los israelitas hacia Moisés pudo haber causado un poco de vergüenza ajena a los judíos más piadosos en el mundo antiguo. Sin embargo llamándolo “nuestro rabino”, los sabios le otorgaron finalmente el respeto que nunca le fue dado por los israelitas en su propia vida. Para los sabios llamar a alguien “rabino”, a pesar de que no existía el título durante la vida de esta persona, es un honor muy alto.
Torá y la interpretación de los sabios
Es bien sabido que el Midrash presenta a menudo una visión que difiere de lo que se afirma de forma explícita en el texto bíblico. Estos cuatro ejemplos, en los que se han añadido títulos especiales a los nombres de personajes bíblicos, es tan sólo una manera más de entender cómo el Midrash y otras fuentes judías tempranas reelaboran la Torá. Observando los títulos que se añadieron a los nombres de los personajes bíblicos y especulando sobre la motivación detrás de la elección de cada uno de ellos, aprendemos a ver la Torá y los sabios, apreciando a cada uno en su propio mérito.
Fuente: thetorah.com/titles-biblical-personalities/